Es necesario que el gobierno dominicano establezca una clara política de convivencia con Haití. No se trata solo de impedir la llegada por la agreste zona fronteriza de ilegales hambrientos y desesperados. Todo lo referente a las relaciones bilaterales debe estar consensuado, aprobado y ejecutado.
Es indetenible que una gran cantidad de haitianos penetre a diario de forma ilegal a la República Dominicana. La frontera puede estar acordonada de militares, pero es imposible que esté segura cada pulgada de esa franja.
Es una frontera irregular, con montes, ríos, terreno agreste y ello hace imposible que los militares puedan asegurar que estará totalmente cerrada. Siempre van a entrar los ilegales. Pero es una situación que a toda costa tiene que ser corregida.
Los haitianos están acorralados, pasando hambre y necesidades y ven a República Dominicana como su tabla de salvación. Mientras aquí haya trabajo, techo y comida, los haitianos seguirán viniendo.
Estos haitianos son una gran carga social. Viven en condiciones infrahumanas y ganan salarios de miseria. Pero están mejor que en su país de origen. Mientras la agro-industria y el sector de construcción ofrezcan trabajo a los ilegales, estos seguirán llegando al país.
Con Haití hay relaciones sobre la marcha. Se carece de una clara línea en cuanto a la actividad comercial. Es millonaria la actividad de los empresarios dominicanos hacia el vecino país. Pero el intercambio carece de la necesaria reglamentación.
No es un mercado binacional hecho a intención de comerciantes de ventas rápidas, sino que el Estado cumpla con una parte normativa, que cobre los impuestos, que haya cuotas de los productos que se pueden suministrar, y hasta vigilar su calidad.
En el caso de la salud, hay que investigar como ingresan al país miles de parturientas todos los años. A simple vista se puede pensar que hay un tráfico con mujeres que quieren dar a luz en el país, lo cual, por asistencia humanitaria, debe ser regulado por las autoridades.
Es un tema trascendental de defensa de nuestro territorio y soberanía que queden bien claras las relaciones bilaterales entre la República Dominicana y Haití. Hoy no existen reglas de juego y el Masacre se sigue pasando a pie y el área divisoria es una mina de oro.

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