Definitivamente, no andan muy bien las cosas en esta isla, de este lado ni del otro.
De este lado, seis meses después, el gobierno sigue inaugurando pequeñas obras (casi siempre insignificantes) que no ha construido, y prometiendo otras aun cuando tampoco sabe de dónde sacará los recursos para ejecutarlas.
Hasta el momento es un decir eso que tanto propaga Abinader de que tenemos una justicia independiente que no recibe órdenes del Poder Ejecutivo. Pero aún no ha habido oportunidad para que esto se demuestre y nos convenza. Yo sigo con mis viejas dudas y creo que no me faltan razones.
Desde los Altos de Arroyo Hondo, Naco, Serrallés, Piantini, Evaristo Morales hasta Juan Dolio y Punta Cana -pasando por Villa Consuelo, Guachupita y Villa Mella- se oye el grito: el costo de la llamada canasta familiar se infla más cada día, pero nos amenazan con una reforma fiscal sin tomar en cuenta a los pobres, que somos más.
Con esos propósitos parecen ignorar las consecuencias de esas llamadas reformas fiscales, que no son más que subterfugios para favorecer a una minoría que cotizó con la campaña del candidato y que ahora reclama al presidente multiplicar los pesos invertidos.
Todos sabemos que desde que el licenciado Abinader asumió el poder se ofrecen al país estadísticas falsas de muertos y contagios de la pandemia. Esto puede crear una falsa percepción, pero no cambia la realidad de unas autoridades de salud pública indudablemente deficientes y de políticas erradas. Por eso han comprado tanto el silencio cómplice que muchas de las bocinas de ayer son las bocinas de ahora que nos despiertan en las mañanas o interrumpes la siesta de los millones de humildes e incautos que los escuchan. Particularmente, quisiera respetar la facilidad con la que comentaristas y comunicadores cambian de trajes.
Mientras los países desarrollados están cerrando sus actividades, aquí las autoridades complacen a un sector irresponsable del empresariado y siguen dando palos a ciegas, abriendo la economía y cediendo con sus desaciertos. La gente se aglomera en las esquinas y en los barrios bebiendo romo y bailando bachatas en la inhibición que el alcohol provoca cuando no en los billares y galleras.
Las vacunas no llegan y no se explica todavía si existe un plan para el proceso de vacunar a los dominicanos y mucho menos dar fechas ni determinaciones. El año escolar desnuda falencias y desaciertos y ha sido el negocio del siglo para grupos importantes. Lo mismo para las instituciones educativas privadas.
Santo Domingo Este sigue rebosado de basuras víctima de la incapacidad demostrada de un alcalde de ocasión que se ha envuelto en una vanidad y una prepotencia que, a mí, personalmente, no me han sorprendido. En el Distrito Nacional la alcaldesa acude a una empresa quemándose, sin ser cuerpo de bomberos, y promete a los propietarios ayuda económica como si sobrara el dinero a el organismo que dirige.
Pero la alcaldesa tiene su gran logro: haber cambiado la dirección vial de muchas de las calles de distinguidos sectores citadinos creando a los conductores confusiones mayúsculas en el tránsito. Si uno de los principales logros de Jorge Blanco fue lograr doblar en rojo a la derecha, el de esta señora será haber creado esas incomodidades cambiando rutas sin ningún fundamento racional ni señalización práctica.
En lo referente al año escolar es tan terrible y fuerte la barbaridad que, a pesar de que los estudiantes reciben clases de forma virtual, se les obliga a comprar los uniformes. Nada extraño en este país, pues así son los negocios de los que se enganchan a políticos y por esos golpes del azar llegan a detentar una porción de poder.
Parece que en este gobierno nada ha sido planificado o que todo ha sido mal pensado y peor diseñado y ejecutado, cuando ha sido. Se improvisa, se anuncian medidas que al día siguiente son negadas, una cosa dice un alto ministro y, horas o días después, otro alto dice lo contrario.
La incoherencia es indudable y ya para nada sorprende el amplio repertorio de desaciertos de un presidente anda por ahí leyendo todo, sin decir nada, como envuelto en papel celofán. Su retórica es el instrumento que define lo que será su estadía en el poder y la de su Partido: cuatro años, solo cuatro años. Nada más.
n el turismo que desarrolla a diario, continuamente anuncia, como si se actuara bajo los efectos de la emoción no fría, la formación de nuevos gabinetes y de consejos, y ya es deporte el cierre de entidades gubernamentales. Comprendo el interés del presidente de la república, pero de buenas intenciones -dice el sabio refranero- están llenos los caminos del infierno.
Son varios los ministros que ya tienen en carpeta y actúan para proyectarse políticamente a destiempo. Más de cinco proyectos presidenciales están gravitando con fuerza al interior del Partido de gobierno, pero eso no es malo porque es parte de la democracia.
Lo que sí es verdaderamente negativo es que estos aspirantes proceden, desde ministerios y alcaldías, solo de acuerdo a sus intereses individuales, disponiendo del presupuesto a su antojo y procediendo como si fueran eternos y nadie nunca va a revisar sus actuaciones de ahora por más que dobleguen contabilidades y disfracen testaferros.
Ahora, como para entretener a este pobre pueblo ignorante, son requeridos los de ayer, pero mañana serán éstos, los de ahora, engreídos y borrachos de poder como los del PLD en sus años.
Hay fortunas mágicas y relámpagos que deben ser investigadas, pero no sólo de las recién pasadas autoridades sino las de ahora también (incluso la de periodistas y comentaristas de radio y televisión) que todavía siguen dando lecciones de moral y buenas costumbres rascándose las espaldas y metiéndose los dedos en las narices ante la misma cámara que no miente porque solo reproduce la realidad de ese momento.
No hay riquezas, trajes, corbatas que con sus elegancias, automóviles ni apartamentos de lujo que puedan disimular lo que no aprendieron, pero que tampoco puedan disfrazar esos cuestionables éxitos.
Para este gobierno la pandemia ha sido una bendición que le ha permitido manejar a su antojo sumas multimillonarias cuando vamos para un año en estado de emergencia. Cuando Danilo Medina pedía al Congreso Nacional treinta días le aprobaban quince con alegatos que aun no convencen. Ahora el Ejecutivo solicita cuarenta o cincuenta días y son aprobados más rápido de lo que un gago dice berenjena. No lo digo defendiendo a Medina ni a su gobierno, sino poniéndolo de ejemplo. Lo que antes era un abuso ahora es una bendición.
La llamada persecución de la corrupción, siempre enfocada en las anteriores autoridades y no en las actuales, aunque casos hay- sigue como esa bachata molestosa y falsa que despierta al barrio, pero que todos la tararean o la bailan aunque para poder comer algo por la mañana manden a la compra-venta aun lo que es ajeno.
Mientras todo esto sucede, el presidente Abinader sigue leyendo todo, lo que dice, aunque regularmente nada dice, y no se dedica a gobernar. Para gobernar cuatro años -no más- fue que la guerra de egos Danilo-Leonel lo llevó al poder. No fue el pueblo, sino el descrédito del partido morado y-repito- esa guerra de egos y traiciones que de alguna manera tiene y tendrá su ración de culpabilidad en el desacierto de la democracia dominicana que estamos viviendo (o padeciendo, ¿quién sabe?) los dominicanos.
Ahora que estamos en los festejos del llamado mes de la patria, cuando carnaval y cuaresma se aproximan, aunque entiendo que ya el carnaval ha sido suspendido, esperemos el discurso que el licenciado Luis Abinader leerá ante la Asamblea Nacional el próximo día 27. Apuesto peso a morisqueta que con sus palabras seguirá anunciando logros que solo existen en su cabeza, prometiendo obras sin saber de dónde sacarán los recursos y repitiendo eso de que la justicia es independiente.
Pero las bocinas que fueron suyas ahora están en embajadas y en consejos de organismos que pagan muy bien el honor de ser miembro de su consejo directivo.
¡Ah! Y, como disco de bachata rayado, seguirá jactándose de una justicia en cuya independencia ni él puede creer.
De aquel lado, Haití, nos duele la falta de institucionalidad y la poca tradición democrática de un pueblo que desconoce lo que realmente es, pero duele y preocupa el no disimulado rencor histórico contra de la nación dominicana.
Ya el excepcional poeta español Luis Cernuda, grande entre los muy grandes, nos dejó saber el espacio que hay entre la realidad y el deseo. Y como si fuera poco dijo: El hombre es una pregunta / cuya respuesta no existe.
reyesvasquez23@hotmail.com
JPM