Como la Covid 19 y otras enfermedades han provocado la muerte a millones de personas en todo el mundo, me voy a referir a la causa y consecuencias eternas de la muerte.
En primer lugar, sabemos que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, por lo que era de suponer que sería inmortal.
Sin embargo, su inmortalidad dependía de que obedeciera la norma que Dios le había trazado y era que podía comer de todos los árboles que había en el Huerto de Edén, menos del fruto del “Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal”, porque si comía iba a morir.
¿Qué ocurrió? Que Eva y Adam creyeron las mentiras que la serpiente antigua o Satanás les hizo y comieron del fruto del árbol que Dios les había prohibido, acto de desobediencia que les ocasionó graves consecuencias.
En primer lugar, se dieron cuenta que estaban desnudos, cubrieron sus cuerpos con hojas de higüera y se escondieron detrás de un árbol.
En segundo lugar, oyeron la voz de Dios sintieron miedo, porque recordaron que Dios les había advertido que iban a morir si comían el fruto prohibido, el pecado entró en el mundo, los seres humanos heredaron y experimentaran la muerte (Génesis 2:17 y Romanos 5:12)
Y en tercer lugar, Dios estableció la muerte como medio de pago por el pecado y posteriormente volvió a referirse al pecado en términos individuales, advirtiendo que el alma que peque morirá (Romanos 6:23 y Ezequiel 18:20)
Es necesario aclarar que el alma abarca nuestros pensamientos, sentimientos, voluntad y espíritu. Con estos elementos espirituales podemos mostrar hacia Dios y el prójimo, amor, simpatía, agrado y amistad, por un lado y por el otro, odio, disgusto, rechazo y desaprobación.
La otra aclaración es, que ninguno de nosotros siente con el cuerpo. Se siente con el alma y por esa razón, cuando alguien nos ofende de alguna manera solemos decir: “lo que me hiciste me dolió en el alma”. ¿Se dan cuenta?
Veamos ahora algunas opiniones que han emitido diferentes pensadores en torno a la realidad inevitable de la muerte. Seneca, por ejemplo, pensaba que la muerte es un “nacimiento y adelanto a la eternidad”, mientras Longfellow la consideró “una simple transición”. Indiscutiblemente, que ambos creyeron en la promesa de resurrección y la Vida Eterna.
Sin embargo, Franklin se refirió a la actitud que asumen algunos frente a la muerte y señaló: “el hombre débil teme a la muerte; el desgraciado la llama; el valiente la provoca y el hombre sensato la espera”.
En cambio, Cervantes la enfocó en términos personales cuando dijo: “busco en la muerte la vida, salud en la enfermedad, en la prisión libertad, en lo cerrado salida y en el traidor lealtad”.
Por último, les cito las opiniones que tuvieron Horacio y Martin Luther King sobre la muerte. El primero sostuvo que “la pálida muerte llama igualmente en las chozas de los pobres y en los castillos de los reyes” y el segundo la definió en términos matemáticos, afirmando que “es nuestro común denominador”.
Por otra parte, la muerte pone fin a nuestra edad, a nuestra condición económica, a las deudas y al prestigio o desprestigio social, político y religioso.
Sin embargo, los que vivimos como creyentes y seguidores de Jesucristo seremos liberarnos de las realidad de la muerte, “porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios descenderá del cielo y los muertos en Cristo resucitarán primero”(1 Tesalonicenses 4:16)
“Los muertos en Cristo” abarcan única y exclusivamente, a las personas que durante su vida terrenal mostraron interés y disposición y en dar los siguientes pasos:
1. Entendieron que el pecado conduce a la muerte terrenal del cuerpo y la del alma en el infierno.
2. Reconocieron sus pecados y sintieron vergüenza y dolor ante Dios y la sociedad por haberlos cometido.
3. Los confesaron a nuestro Señor Jesucristo de corazón, sin ocultar nada.
4. Recibieron su perdón.
5. Creyeron que solo Jesucristo garantiza la salvación del alma y la Vida Eterna.
6. Establecieron y mantuvieron relación personal con Jesucristo durante el resto de su vida, mediante el estudio diario de su Palabra, la oración en el Espíritu y la alabanza sincera y verdadera.
Amigo lector o lectora, si todavía no has dado esos trascendentales pasos, te invito a mostrar interés y disposición en darlos, antes de morir, para que Jesucristo te traslade de las tinieblas del pecado a la luz y de la muerte del cuerpo a la Vida Eterna, pues, solo así podrá vivir tu alma en un cuerpo incorruptible, inmortal y de gloria en el reino de los cielos (1 Corintios 15:53-55)
JPM