Sin caer en teoría de conspiración, podemos desde los primeros capítulos del génesis, entender que al conjunto de los continentes, se le llamaba Edén. Las investigaciones geológicas antes de la fragmentación: Pangea — toda la tierra— Y que el Jardín Edén era un lugar especial.
Muchos creen que fuera del Jardín de Edén, vivía gente, eso lo explicaré en un artículo o quizás ensayo teológico.
Pero según el relato bíblico; allí mismo apareció una criatura llamada: Serpiente, pudo ser un lagarto, un pollo, —el nombre no importa— su naturaleza sí.
Cada civilización la ha representado de diferentes formas y en este brevísimo recorrido histórico veremos que desde la antigüedad; enrocada o no ha estado presente en cada estadio del tiempo.
En el Jardín Edén, la serpiente representó oposición directa a Dios. No fue una figura mitológica ni simbólica, sino una criatura real usada por el adversario para introducir el pecado en la creación. Apareció con la sutileza de una voz que siembra duda, ofreciendo revelación alternativa para convence a la mujer y al hombre de que pueden vivir separados de su Creador.
Su estrategia no fue violencia, fue seducción, y funcionó.
Desde entonces, esa figura no desaparece, solo se transforma para seguir engañando. Ejemplo: En Egipto, la serpiente fue exaltada como símbolo de realeza y protección divina. Wadjet: la antigua diosa serpiente del Bajo Egipto, era representada como una cobra erguida que simbolizaba el poder, la vigilancia y la protección divina. Se decía que su fuego y su veneno defendían al faraón de toda amenaza, razón por la cual su imagen adornaba la frente real como emblema de soberanía.
Sin embargo, más allá del mito, Wadjet encarna también una fuerza interior y despierta, la energía que surge desde lo profundo para preservar “el orden frente al caos”. Como la serpiente que se eleva, representa la conciencia protectora y ardiente que custodia lo sagrado —ya sea el reino, el cuerpo o el espíritu— y mantiene viva la armonía entre lo humano y lo divino.
Me gustaría el discernimiento del lector y que recuerden lo escrito del profeta Isaías: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte”. Indudablemente que la Serpiente ha querido desde la creación subir al monte de Dios y ser “semejante”
El mismo símbolo de rebelión contra Dios en el Jardín de Edén; ahora es presentado como autoridad divina. Lo que Dios maldijo, el hombre lo puso como corona.
Desde entonces, la serpiente comenzó a gobernar imperios en la mente y en los símbolos. La cultura mesopotámica, especialmente en textos como el Poema de Gilgamesh, la serpiente vuelve a aparecer como enemiga del hombre, pero también como portadora de un misterio. Se le atribuye la capacidad de robar la planta de la inmortalidad. Así, la serpiente no solo tienta, también impide que el hombre acceda a la vida eterna, como un vigilante de un conocimiento reservado.
Es la misma narrativa del Edén, camuflada en mitología antigua.
En la India, los nagas son deidades serpentinas asociadas a sabiduría, fertilidad y poder espiritual. Son reverenciados como guardianes de reinos ocultos y secretos divinos. Aquí, la serpiente no es enemiga, sino guía espiritual.
El mismo espíritu que habló en el huerto ahora es adorado como fuente de iluminación.
La humanidad ya no le teme, la invoca. Y ese es el mayor éxito del engañador: convencer al mundo de que su figura es digna de veneración.
No tenemos que ser teólogos ni religiosos para saber que al mismo Dios — Jesucristo— que lo creó le pidió que lo adorara (Mateo 4:8-10).
En la cosmovisión griega, la serpiente es parte del símbolo del bastón de Asclepio, dios de la medicina.
Este emblema, aún hoy usado en sistemas de salud, representa sanidad por medio de la serpiente. Una inversión total del relato bíblico: lo que en Génesis trajo muerte, aquí es presentado como canal de vida. De nuevo, se le da poder a la serpiente, no como enemiga, sino como sanadora. Y el mundo moderno lo adoptó sin cuestionar su raíz espiritual.
En la América precolombina, culturas como la azteca y la maya adoraron a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, como dios de sabiduría, creación y fertilidad. Aquí la serpiente no solo está en el panteón, es uno de los dioses principales. Representa “orden, conocimiento y conexión con lo divino”. La misma figura caída de Edén ahora es presentada como dios bueno. Y lo más grave: sus templos y sacrificios fueron reales, y su adoración masiva.
En China y otras culturas orientales, el dragón —una forma de serpiente alada— representa longevidad, equilibrio, poder y prosperidad. A diferencia del dragón bíblico, estas culturas lo consideran una criatura benévola. La imagen es otra vez tergiversada: lo que Apocalipsis llama enemigo y destructor, el mundo lo celebra como símbolo de fortuna. El mismo espíritu continúa en nuevas formas, apropiado por religiones y culturas sin discernimiento espiritual.
El símbolo del ouroboros, una serpiente que se muerde la cola, aparece en tradiciones ocultistas, alquimia, gnosticismo y movimientos de la Nueva Era. Representa la eternidad, el ciclo de la vida, el infinito.
La serpiente ya no está afuera tentando, ahora es interior, espiritual, parte del “yo divino”. Esto refleja la mentira original: “seréis como dioses”. En lugar de redención, el hombre busca iluminación desde dentro, guiado por el mismo símbolo del engaño.
En movimientos como el yoga kundalini, la serpiente es la energía dormida en la base de la columna que debe ser despertada para alcanzar conciencia divina. Otra vez, la figura del Edén es usada como vehículo de conexión espiritual, supuestamente hacia lo alto, pero lejos de Dios. Lo que en la Biblia es el descenso a la desobediencia, aquí es llamado ascenso espiritual.
Es el mismo mensaje envenenado con una envoltura religiosa.
El símbolo del bastón con serpiente fue adoptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), organismo de la ONU. Aunque se asocie con medicina, su origen sigue siendo pagano, no bíblico.
En nombre de la ciencia y la salud, el mundo entero lleva como emblema a la serpiente, sin saber qué representa en realidad. Una imagen que une a la humanidad bajo la figura antigua del engaño, ahora con autoridad médica y aceptación global.
La ONU, aunque no utiliza una serpiente en su logotipo, representa un sistema de gobierno humano que busca la unidad y la paz sin necesidad de Dios. Es, en muchos sentidos, una Babel moderna. La serpiente, aunque invisible, está presente en el fundamento: independencia espiritual, orden sin revelación, paz sin arrepentimiento. El mismo espíritu que tentó en Edén ahora diseña acuerdos internacionales y visiones globales de “bien común”.
En la cultura actual, la serpiente ha sido normalizada en películas, arte, joyería, moda, tatuajes y símbolos corporativos. Ya no se la ve como una amenaza espiritual, sino como símbolo de fuerza, misterio, sensualidad o poder femenino.
El mundo no la teme ni la respeta; la promueve. Pero los ojos que tienen discernimiento bíblico ven que su naturaleza no ha cambiado. Solo cambió su envoltura.
Lo más peligroso de la serpiente hoy no es que aparezca en templos antiguos o monumentos. Es que aparece en los lugares más comunes, respetados y cotidianos. En logos médicos, en agendas educativas, en sistemas financieros y en discursos de “despertar espiritual”. Todo disfrazado de avance, pero conectado a una figura que desde el principio fue enemiga del Creador. Y la mayoría no lo ve.
La serpiente que habló en Edén hoy habla con símbolos, estructuras, discursos y sistemas. Ya no necesita jardín para engañar, ahora tiene acceso a plataformas de redes, complejos industriales, gobiernos, y mentes sin filtro espiritual.
Por eso, donde la veas, sal corriendo.
No porque sea superstición, sino porque representa al mismo que vino a robar, matar y destruir. Y si Dios la maldijo desde el principio, no es para que tú la lleves como bandera.
“Despiertas, estás vendido”
jpm-am