Hay datos que, cuando uno los lee, no deberían servir para inflar el pecho: deberían servir para despertarnos. Uno de esos datos está en la Maddison Project Database (MPD 2023), una de las bases más citadas para comparar PIB per cápita histórico entre países. Y sí: en 1950, República Dominicana aparece por encima de Corea del Sur en “riqueza” medida como PIB per cápita.
Según esa serie histórica, en 1950 el PIB per cápita estimado (en dólares internacionales comparables) coloca a República Dominicana en ~1,637, mientras que la República de Corea (Corea del Sur) ronda los ~998. Dicho simple: en ese corte, el dominicano promedio “producía” más que el coreano promedio.
Ahora bien, cuidado con el autoengaño: ese número no significa que aquí hubiera prosperidad justa, instituciones sanas o oportunidades para todos. Significa, estrictamente, que en esa métrica y en ese año, la economía dominicana luce por encima. En 1950, el país estaba bajo el mando de Rafael Leónidas Trujillo, quien gobernó con control total del Estado y con las sombras que conocemos , aunque con capacidad para imponer orden administrativo y dirigir recursos a su manera.
¿Y por qué Corea del Sur estaba tan abajo en 1950? Porque 1950 no fue “un año más” para Corea: fue el inicio de una tragedia nacional. Ese mismo año estalla la Guerra de Corea (1950–1953), una guerra que partió al país y lo dejó con cicatrices humanas y económicas profundas.
Y aquí viene la parte incómoda: la historia no premia al que “estaba mejor” una vez; premia al que construye mejor durante décadas.
Hoy, más de 70 años después, Corea del Sur es una potencia tecnológica e industrial, y República Dominicana —con avances reales— sigue lejos de ese nivel. Míralo en un número frío, actual y directo: PIB per cápita 2024 (Banco Mundial): Corea del Sur ~US$36,238.6 vs República Dominicana ~US$10,875.7.
Corea no llegó ahí por magia, ni por “destino asiático”, ni porque un día amanecieron genios. Llegaron por una combinación feroz de educación disciplinada, industrialización orientada a exportación, ciencia y tecnología como religión de Estado, y una cultura nacional que convirtió la productividad en orgullo. Mientras tanto, nosotros muchas veces hemos convertido la “viveza” en filosofía, el corto plazo en estrategia y la improvisación en identidad.
Entonces, el dato de 1950 no es para decir “¡ves! nosotros éramos más ricos”. Es para preguntarnos, sin maquillaje: ¿qué hicimos con el tiempo? ¿En qué momento dejamos que el futuro se nos fuera volando mientras otros lo planificaban con obsesión?
La comparación no es para humillarnos; es para empujarnos. Porque si una nación devastada por guerra pudo reinventarse hasta convertirse en referencia mundial, nosotros también podemos —pero solo si tomamos decisiones que duelen: elevar calidad educativa de verdad, blindar instituciones, premiar productividad, apoyar innovación, y dejar de vivir “resolviendo” para empezar a construir.
La historia ya habló. Ahora falta que hablemos los dominicanos … con hechos.
SANTO DOMINGO.- El cantautor Enrique Feliz, ganador del Premio Soberano y autor de clásicos de la música popular dominicana, realizó un emotivo y lúcido recorrido por sus inicios artísticos durante su participación en la tertulia Crónicas Musicales, espacio conducido por el periodista Máximo Jiménez, celebrado en el bar del Teatro Nacional.
Durante el encuentro, Feliz evocó su despertar creativo en la década de 1970, una etapa marcada por la canción de protesta y el contexto social y político del país durante los gobiernos de Joaquín Balaguer. Aquellas circunstancias, explicó, influyeron decisivamente en su manera de escribir y de entender la música como vehículo de conciencia y expresión social.
«Yo vengo de una generación donde la canción era una forma de decir lo que no se podía decir abiertamente. La música fue refugio, denuncia y esperanza al mismo tiempo», expresó el cantautor ante un público integrado por compositores, artistas, comunicadores y gestores culturales.
Aunque admitió no tener plena certeza sobre cuál fue su primera composición, Enrique Feliz recordó con especial énfasis algunos de los temas de su autoría que lograron ser grabados por orquestas profesionales, entre ellos «No hay esa que me lo quite», popularizado por Las Chicas del País; «Oasis», que grabó Cuco Valoy, y «Mía», interpretado por Aníbal Bravo y su orquesta.
Reconocido por éxitos emblemáticos como «El melao de Mireya» y «Creencias», Feliz también aprovechó el espacio para contrastar la realidad que vivían los compositores en décadas pasadas con el escenario actual de la industria musical, gracias a la valiosa labor de la Sociedad General de Autores, Compositores y Editores Dominicanos de Música (Sgacedom).
«En aquella época, el compositor apenas recibía un adelanto de la disquera. Los derechos de autor no eran una garantía real; Sgacedom prácticamente no existía de manera funcional», recordó. «Hoy es distinto: los autores reciben lo justo por sus obras, tanto en la radio como en las plataformas de streaming. Estamos viviendo una etapa de mayor respeto y reconocimiento gracias al trabajo del Consejo Directivo que encabeza Valerio de León», subrayó.
En ese sentido, el cantautor reafirmó el papel fundamental que desempeña Sgacedom en lo que definió como una «nueva etapa de oro» para los compositores dominicanos, al fortalecer la gestión colectiva, la defensa de los derechos de autor y la dignificación del oficio creativo.
La tertulia Crónicas Musicales, que cuenta con el respaldo de la Dirección del Teatro Nacional y el impulso de Sgacedom, se ha consolidado como un espacio de reflexión, memoria y diálogo en torno a la música dominicana, reuniendo a protagonistas de distintas generaciones para preservar y debatir su legado cultural.
Con su testimonio, Enrique Feliz no sólo repasó su historia personal, sino que también puso en perspectiva el camino recorrido por los compositores: de la precariedad y el anonimato, a una etapa de mayor justicia, visibilidad y valoración de la creación musical.
Invertir en la niñez y juventud no es un gasto: es la base de un país más justo, resiliente y próspero.
La República Dominicana ha experimentado avances significativos en materia de desarrollo social en los últimos años, especialmente en lo que respecta a la niñez y juventud. Sin embargo, persisten brechas estructurales que limitan el pleno ejercicio de los derechos de millones de niños, niñas y adolescentes. Estas notas analizan los principales logros y desafíos en el periodo 2023–2025.
La inversión pública en niñez y adolescencia alcanzó en 2023 el 24% del gasto público total, equivalente al 5.0% del PIB nacional. Este crecimiento sostenido (más del 10% respecto a 2022) se distribuyó principalmente en educación (65%), salud (12%) y protección social (9%) (UNICEF, 2024). Además, se ha consolidado el Gabinete de Niñez y Adolescencia, una instancia interinstitucional que busca coordinar políticas públicas con enfoque de derechos.
En el ámbito de la salud, la implementación del Plan de Aceleración para la Reducción de la Mortalidad Neonatal permitió reducir en un 9% las muertes neonatales en 2023 respecto al año anterior (Listín Diario, 2024). También se han fortalecido los programas de formación técnica: INFOTEP capacitó a más de 2.4 millones de jóvenes entre 2020 y 2024, priorizando áreas como comercio, tecnología, farmacología y educación (El Día, 2025).
A pesar de estos avances, la pobreza infantil sigue siendo alarmante. El 34% de los niños vive en pobreza monetaria, y en zonas como el suroeste del país esta cifra asciende al 59.4% (UNICEF, 2024). En comunidades como Bayaguana y Monte Plata, se reportan condiciones de abandono estatal, hambre, inseguridad y falta de infraestructura básica (Al Instante Diario, 2025).
La violencia contra niños y adolescentes continúa siendo una problemática grave. Dos de cada diez adolescentes han sufrido violencia física o psicológica por parte de sus cuidadores, y cuatro de cada diez padres admiten utilizar castigos físicos como método de corrección (Acento, 2025). Esta normalización de la violencia en el hogar tiene efectos devastadores en el desarrollo emocional y social de los menores.
El embarazo adolescente y las uniones tempranas siguen siendo prácticas extendidas. En 2023, 7,616 niñas menores de 18 años dieron a luz, incluyendo 647 entre los 9 y 14 años (Diario Libre, 2024). Estas situaciones interrumpen la trayectoria educativa de las adolescentes, perpetúan ciclos de pobreza y aumentan la vulnerabilidad frente a la violencia y la exclusión.
El desempleo juvenil, por su parte, se mantiene en niveles preocupantes. Al cierre de 2024, la tasa de desempleo juvenil era del 8.3%, y la inactividad económica afectaba al 34.5% de la población en edad de trabajar (El Día, 2025). Esta situación genera frustración, migración forzada y pérdida de capital humano.
Acciones
Ante este panorama, es urgente fortalecer las políticas públicas con enfoque territorial, intersectorial y de derechos. Algunas acciones claves incluirían:
Ampliar la cobertura de protección social en zonas vulnerables, priorizando transferencias condicionadas, alimentación escolar, acceso a servicios básicos y atención psicosocial.
Implementar programas de prevención de violencia intrafamiliar y comunitaria, con formación para padres, atención a víctimas y fortalecimiento de los sistemas de protección infantil.
Fortalecer la educación sexual integral en las escuelas, junto con servicios de salud sexual y reproductiva accesibles para adolescentes, especialmente en zonas rurales.
Promover la empleabilidad juvenil mediante alianzas público-privadas, incentivos a la contratación de jóvenes, apoyo al emprendimiento y expansión de la formación técnica en sectores emergentes.
Fomentar la participación juvenil en la formulación de políticas públicas, garantizando espacios de consulta, representación y toma de decisiones en los niveles local y nacional.
Monitorear y evaluar las políticas públicas con indicadores desagregados por edad, sexo, territorio y nivel socioeconómico, para asegurar que las intervenciones lleguen a quienes más lo necesitan.
La niñez y juventud dominicanas representan una oportunidad histórica para el desarrollo del país. Si bien se han logrado avances importantes, las brechas persistentes exigen una respuesta más ambiciosa, coordinada y sostenida. La inversión en este grupo poblacional no solo es un mandato ético y legal, sino una estrategia inteligente para construir una sociedad más equitativa y resiliente.
Cada niño que accede a educación, cada joven que encuentra empleo, cada adolescente que se empodera es una victoria colectiva. Podemos hacer la diferencia. Y debemos hacerlo ahora.
SANTO DOMINGO – La Alianza por la Democracia (APD) condenó la operación militar estadounidense en Venezuela, que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro, calificándola como una grave violación del derecho internacional y un peligroso regreso al intervencionismo en América Latina y el Caribe.
La posición de la APD fue dada a conocer en un comunicado difundido a través de sus redes sociales, donde enfatiza que ningún país puede imponer cambios por la fuerza, recordando la historia de intervenciones en la región durante el siglo XX, que costaron innumerables vidas y requirieron heroicas luchas para superarlas.
El documento advierte que estos actos han provocado decenas de miles de muertes en el pasado y que la verdadera democracia y el desarrollo no se logran mediante intervenciones militares, pues no existe un solo caso en Latinoamérica de progreso auténtico bajo ocupación extranjera.
La APD señaló que normalizar el intervencionismo amenaza la declaración del Caribe y América Latina como zona de paz, con graves consecuencias para la estabilidad regional y la economía dominicana, altamente dependiente del turismo.
Llamó a la desescalada y urgió al gobierno dominicano a promover la soberanía y la paz en Venezuela.
SANTO DOMINGO.- El presidente de la Unión Demócrata Cristiana -UDC-, Luis Acosta Moreta, Luis “El Gallo”, considero que el año 2026 servirá de arrancada a la meta para alcanzar el desarrollo económico, viviendo los dominicanos en paz y armonía y respetando a los grupos excluidos y más desamparados de la población.
Favoreció la integración de esfuerzos de trabajo entre el sector privado y el gobierno, para de esa forma garantizar un mejor nivel de vida, y estabilidad social para todos los dominicanos.
Añadió que es hora de dejar a un lado los individualismos y pensar en el acontecer nacional, cuando todavía hay metas por lograr, como es la de acabar con la miseria extrema.
Dijo que el presidente Luis Abinader está trabajando para lograr el desarrollo nacional y terminar con la extrema miseria, por lo que todo el pueblo dominicano debe tener fe y apoyar sus ejecutorias.
Pero, enfatizó, el esfuerzo del presidente Abinader no se puede realizar en solitario y es necesaria la unidad de los empresarios y la oposición consciente, para fortalecer un pacto de nación, que haga frente a nuestros problemas.
A su juicio, la República Dominicana de hoy necesita la unidad y la integración de todos, para ir despejando el camino de las ataduras con el subdesarrollo y lograr una amplia etapa de progreso.
Entre los puntos pendientes en la agenda del 2026 señaló la repatriación de haitianos indocumentados, acción que en ningún momento se debe detener.
Dijo que el país está en su soberana disposición de no permitir que ilegales residan en nuestro territorio, y para ello las autoridades, en especial de Migración, deben aplicar los correctivos de rigor.
Apuntó que en ningún momento se deben parar las detenciones y deportaciones de indocumentados, que en su estadía masiva ponen en peligro programas de incentivos para atraer a los dominicanos a la agroindustria y a la construcción.
También demostró su desacuerdo con los empresarios del agro y de la construcción que siguen pidiendo cuotas de indocumentados para ir a trabajar a sus respectivas áreas, sin importarle el interés nacional.
Asimismo abogó para qué la República Dominicana se mantenga fuera de la crisis interna de Haití, porque ese es un problema que debe ser solucionado por las grandes potencias y no por nosotros.
El género de la plena, vibrante y narrativa, encontró un embajador inesperado en la República Dominicana a través de la figura de Alfredo Polonia, nacido el 9 de febrero de 1929 en el Paraje de Arroyo Toro, provincia Monseñor Nouel, donde no solo adoptó un ritmo autóctono de Puerto Rico, sino que lo transformó y lo sembró profundamente en suelo dominicano, dejando un legado imborrable tras su reciente fallecimiento el 24 de noviembre de 2025, por lo que, su historia es un testimonio de cómo la música trasciende fronteras geográficas y culturales.
La plena, conocida como el “periódico cantado” en sus orígenes ponceños, Puerto Rico, servía como un medio para documentar la vida cotidiana y las injusticias sociales de la clase trabajadora a principios del siglo XX. Este género, con sus raíces africanas y su instrumentación de panderetas, poseía una versatilidad rítmica y lírica que atrajo a Alfredo Polonia, el cual vio en la plena un vehículo universal para contar las historias de su propia gente y su entorno en la República Dominicana.
A diferencia de otros géneros dominicanos predominantes como el merengue o la bachata, la plena era una rareza en el país. Alfredo Polonia asumió la tarea de introducirla, y a la vez popularizar, su enfoque, no fue el de un simple imitador, sino el de un innovador que adaptó el sabor y la lírica a la idiosincrasia dominicana. Canciones como “Cosas Increíbles”, “La Minifalda” o “Lo que le pasó a Juan”, no solo eran pegajosas, sino que resonaban con experiencias locales, asegurando su éxito y aceptación en la sociedad nacional e internacional.
Polonia se ganó el respeto y la admiración del público y sus colegas, ya que su estilo distintivo y su habilidad como compositor lo convirtieron en un ícono, mediante una discografía inclusiva de álbumes esenciales, entre los que preciso es destacar: “En Plena Dominicana” (1995) y “Plena Dominicana Vol. 2” (1997), las cuales solidificaron su posición como el “Rey de la Plena Dominicana”. Se podría afirmar, sin menosprecio, que estas grabaciones han servido como cápsulas del tiempo que capturan la esencia de su contribución musical.
Alfredo Polonia
La influencia de la plena en la República Dominicana, gracias a Alfredo (Fello) Polonia, ha abierto las puertas a otros artistas de arraigo nacional e internacional, quienes incursionan en el género de la plana, aunque quizás no con la misma dedicación exclusiva que Polonia, pero sí en reconocimiento a su legado musical. La plena ha sido integrada en el repertorio de orquestas de merengue y agrupaciones folclóricas, demostrando la permeabilidad cultural lograda por el esfuerzo de este ícono de la música nacido de las entrañas de una comunidad rural como Arroyo Toro, Paraje del municipio de Bonao
Una reflexión sobre su carrera revela que la música es un lenguaje vivo que se nutre del intercambio cultural. Fello Polonia demostró que la autenticidad de una expresión artística no reside únicamente en su lugar de origen, sino en la pasión y la verdad con que es interpretada, en esencia, su capacidad para cruzar el Canal de la Mona metafóricamente y arraigar la plena en Quisqueya es un logro notable en la historia musical caribeña.
Otro artista notable que incursionó en la plena puertorriqueña fue Rafael Cortijo, una figura legendaria que modernizó el género en Puerto Rico durante la década de 1950 y 1960, Junto a Ismael Rivera (“Maelo”), Cortijo llevó la plena a un público internacional con un sonido de big band que, si bien diferente al estilo más íntimo de Polonia, compartía la misma raíz y pasión por la narrativa rítmica.
La historia de Cortijo e Ismael Rivera sirve como paralelo para entender cómo la plena ha sido moldeada por grandes personalidades y así como ellos la elevaron en Puerto Rico, Alfredo Polonia hizo lo propio en la República Dominicana, adaptando y personalizando el género, o sea, ambos casos ilustran cómo un ritmo popular puede convertirse en un símbolo de identidad y resistencia cultural.
El legado de Alfredo Polonia no ha quedado únicamente en grabaciones, sus raíces artísticas florecieron en su propia prole. Sus hijos, Tommy y Aldo Polonia, quienes asumieron la responsabilidad de mantener viva la llama de la música dominicana a ritmo de bachata y merengue, en el entendido de que: “Un verdadero artista nunca muere; simplemente cambia de escenario, viviendo eternamente a través de las notas que inspiró en la próxima generación» (MB).
La llama que encendió Alfredo Polonia en la plena puertorriqueña y la música dominicana, no menguó con su partida; por el contrario, arde con más fuerza en la siguiente generación. Sus hijos, Tommy y Aldo, han asumido el rol de custodios del legado familiar, tejiendo con hilos de bachata y merengue un puente sonoro que conecta el pasado con el presente, por lo que, esta constelación musical asegura que la lumbrera del maestro brille perpetuamente, trascendiendo el tiempo y las fronteras, demostrando que la verdadera herencia no se guarda, sino que se comparte y se hace vibrar en cada nueva melodía.
La partida de Alfredo Polonia a los 96 años deja un vacío considerable, visto que es considerado como un hombre que dedicó su vida a un género que amó profundamente y su muerte en el Distrito Municipal de Arroyo Toro-Bonao, el lugar donde cosechó sus raíces del género plena, cierra un capítulo importante en la música caribeña, que muere pero siempre perdura.
Su trayectoria nos recuerda la importancia de los pioneros culturales, aquellos que se atreven a mezclar tradiciones y crear algo nuevo y vibrante. Alfredo Polonia no solo cantó plenas; las vivió y las hizo parte del tejido cultural dominicano, realmente, su historia es una inspiración para músicos jóvenes que buscan forjar su propio camino.
“La música es el puente invisible que conecta almas, islas y generaciones” (MB). La trayectoria de Alfredo Polonia es un vibrante tapiz tejido con hilos de pasión indomable, perseverancia y una visión innovadora. Este navegante sonoro, logró la hazaña de que un género foráneo echara raíces profundas en suelo nuevo, fusionando el alma de dos islas caribeñas en un solo latir rítmico. Su legado no es una reliquia inerte, sino una celebración viva que seguirá encendiendo fiestas y uniendo corazones y su música es el testimonio perenne de un hombre que creyó fervientemente en el poder unificador de la plena, dejando una huella imborrable en el pentagrama de la identidad caribeña.
“El arte es la única garantía de eternidad” (MB), el maestro Alfredo Polonia ha concluido su travesía terrenal, pero nos deja un tesoro invaluable: su vasto cancionero que resuena como testamento de la universalidad del lenguaje musical, y más allá de las notas, nos hereda una filosofía de vida: la necesidad vital de honrar nuestras raíces mientras nos atrevemos a innovar y adaptarnos.
Alfredo Polonia no solo fue un músico, sino un arquitecto de puentes rítmicos que aseguró su lugar en la memoria colectiva como una figura insustituible y eterna en la vibrante historia de la música popular.
Por años, el presidente Nicolás Maduro Moros gobernó Venezuela amparado en el miedo, la represión, el hambre y la impunidad internacional. Se sostuvo sobre una estructura de poder corroída por la corrupción, el narcotráfico, la violación sistemática de los derechos humanos y la persecución despiadada contra un pueblo que solo reclamaba libertad, democracia y pan.
La información que ha sacudido al mundo fue el apresamiento del gobernante dictador venezolano, más allá de los debates legales y geopolíticos que inevitablemente genera, marca un antes y un después en la historia reciente de América Latina. Porque no se trata solo de un hombre detenido y apresado, sino del derrumbe simbólico de un modelo autoritario que convirtió a una de las naciones más ricas del continente en un país empobrecido y expulsor de millones de sus hijos hacia otros países.
El dictador Maduro Moros no es un presidente común. Es el heredero de un proyecto que secuestró las instituciones, destruyó la economía, cercenó la democracia, anuló la independencia de los poderes del Estado y utilizó la justicia como instrumento de venganza y persecución política. Bajo su régimen, Venezuela dejó de ser una República para convertirse en un feudo donde la ley solo aplicaba a los adversarios, nunca a los aliados del poder.
Durante muchos años, la comunidad internacional miró hacia otro lado. Se toleraron abusos, se relativizaron crímenes y se negoció con la tragedia humana de un pueblo. Hoy, esa tolerancia parece haber llegado a su límite. Y cuando la impunidad se quiebra, aunque sea de manera abrupta y polémica, el mensaje es claro: ningún poder es eterno, ninguna dictadura es invulnerable.
No celebramos la violencia ni la intervención como norma, pero tampoco podemos ignorar que la justicia internacional ha sido lenta, tímida y muchas veces cómplice por omisión. Cuando los mecanismos institucionales fallan, los pueblos quedan a merced del autoritarismo. Y eso también es una forma de violencia.
El apresamiento y extradición del ex gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro, debe abrir paso no al caos, sino a una transición real, ordenada y democrática. Venezuela no necesita venganzas, necesita justicia; no necesita más caudillos, necesita institucionalidad; no necesita discursos ideológicos vacíos, necesita soluciones concretas para su gente, que puedan guiarse y sostenerse por ellos mismos sin represión ni autoritarismo.
América Latina debe aprender la lección. Los presidentes y líderes que se creen intocables, que confunden el poder con propiedad privada y el Estado con partido, terminan tarde o temprano enfrentando las consecuencias. La historia no absuelve a los tiranos y traidores, por el contrario; los exhibe.
Hoy más que nunca, el clamor del pueblo venezolano debe ser escuchado. Y el mundo tiene la responsabilidad de acompañarle en la reconstrucción de ese país, promover y auspiciar un proceso para que devuelva a Venezuela la democracia, dignidad, prosperidad, libertad y esperanza que le fueron arrebatadas. Porque ningún poder construido sobre el sufrimiento del pueblo puede sostenerse para siempre.
SANTO DOMINGO.- Los Toros del Este vencieron 3-1 a los Leones del Escogido en el estadio Quisqueya Juan Marichal, en la continuación del Round Robin de la LIDOM.
Con el resultado del encuentro, Escogido y Toros (6-2) empatan en el primer lugar del Todos contra Todos.
Los romanenses abrieron el tercer episodio con indiscutible al jardín derecho por parte de Gilberto Celestino, boleto a Bryan De La Cruz y sencillo remolcador de Eloy Jiménez al prado izquierdo frente a Radhamés Liz. Con las bases llenas, Patrick Halligan entró a lanzar y un imparable de Jeimer Candelario al central llevó otras dos a la registradora.
Los capitaleños descontaron en el séptimo acto, que abrió Elier Hernández con un doble al bosque izquierdo ante Enyel De Los Santos, seguido de incogible al jardín derecho por parte de Jorge Mateo, que se estafó la intermedia. Emailin Montilla entró a lanzar y llenó las almohadillas caminando a José Marmolejos. Otra transferencia a Pedro Severino llevó a Hernández a la goma desde tercera con la primera rayita roja.
Aunque tiró 4.2 innings en blanco de dos hits y cuatro ponches, el abridor de los visitantes, Aaron Leasher, salió sin decisión. Jimmy Yacabonis (1-0) ganó el juego al presentarse en un capítulo en blanco. Liz (0-1) fue el lanzador derrotado al permitir tres anotaciones en 2.2 entradas. Joe Corbett (3) obtuvo el salvamento luego de tirar el noveno en blanco.
Luego de la actuación de Liz, el bullpen escogidista se combinó para no permitir más anotaciones en 6.1 innings.
Por los melenudos, Hernández bateó de 4-1, con doble y una anotada; Mateo, de 3-1, con una base robada; Erik González, de 4-2, y Raimel Tapia, de 4-1.
Por los taurinos, Candelario se fue de 3-2, con dos empujadas y base por bolas, y De La Cruz, de 3-2, con anotada y dos boletos.
En la República Dominicana, parece que la mediocridad se ha convertido en un espectáculo. Figuras del entrenamiento, la política y otras áreas, se pavonean en redes sociales, sin tener el talento ni la experiencia suficiente para merecer la atención del público.
Es un circo de faux-expertos, donde la apariencia y la verborrea reemplazan a la verdadera competencia.
Pero, ¿qué es un faux-experto? Se trata de personas que se presentan como expertos o especialistas en un campo determinado, pero en realidad no tienen la formación, la experiencia ni la competencia necesaria para ser considerados verdaderos expertos.
La palabra «faux» es un préstamo del francés que significa «falso» o «artificial». Por lo tanto, un faux-experto es alguien que finge ser un experto, pero en realidad es un impostor.
Estos individuos, más preocupados por su imagen que por su trabajo, se han convertido en expertos en autopromoción. Utilizan las redes sociales para crear una ilusión de autoridad, sin tener nada sustancial que ofrecer. Es un juego peligroso, ya que engañan a la gente y le hacen creer que son algo que no son.
Pero, ¿qué pasa cuando la ignorancia se convierte en un espectáculo? La respuesta es simple: se convierte en un problema. La gente comienza a creer que la mediocridad es aceptable, que no es necesario esforzarse para lograr algo. Y eso es un peligro para nuestra sociedad.
La verdadera competencia, el verdadero talento, se encuentra en las sombras, trabajando duro para lograr algo significativo. No necesitan auto promocionarse, su trabajo habla por sí solo. Pero, ¿quién se fija en ellos cuando hay un espectáculo de faux-expertos que ofrecer?
Es hora de cambiar el juego. Es hora de dejar de premiar la mediocridad y empezar a valorar la verdadera competencia. Es hora de exigir más de nuestros líderes, de nuestros expertos, de nuestros ciudadanos. No más espectáculos de faux-expertos, no más mediocridad.
Recomendaciones para 2026:
– Valora la formación y la experiencia.
– Exige más de ti mismo y de los demás.
– No te dejes engañar por la apariencia.
– Busca la verdadera competencia.
La farándula de la incompetencia ha durado demasiado. Es hora de cambiar el juego.
El secuestro de Nicolás Maduro, violentando la soberanía de Venezuela, ya deja sin pretexto la presencia de equipos y tropas estadounidenses en territorio nacional. Toca al pueblo dominicano exigir insistentemente su salida de aquí.
A inicios del siglo XIX, el tonto rey de España permitió a Napoleón que cruzara su ejército por ese país para invadir Portugal. Después, Bonaparte decidió que los soldados se quedaran ahí y además les puso un rey. Los españoles tuvieron que pelear durante años para sacar los franceses, pagando un alto precio en vidas.
Luis Abinader violó la Carta Magna cuando tomó la decisión de autorizar la presencia de militares estadounidenses en República Dominicana. Lo que esta dice, en las atribuciones exclusivas del Senado, artículo 80, es:
6) “Autorizar, previa solicitud del Presidente de la República, en ausencia de convenio que lo permita, la presencia de tropas extranjeras en ejercicios militares en el territorio de la República, así como determinar el tiempo y las condiciones de su estadía”.
Ese artículo de la Constitución del 2010, modificada en 2015 y 24, anula cualquier tratado anterior que le contradiga; además de que el Tribunal Constitucional emitió en 2015 una sentencia rechazando, precisamente, la presencia de tropas de Estados Unidos en territorio nacional por considerarlas un peligro para la soberanía.
El mejor deseo que puede tener cualquier dominicano al inicio del 2026 es que esos soldados interventores sean retirados de nuestro país a breve plazo, a más tardar en abril, según anunció Abinader; quien debería cuidarse de no quedar en la historia como el tonto rey español. El Presidente se coloca de espaldas a la Carta Magna y frente a la posibilidad de un juicio político, aunque no lo haga este Congreso Nacional que resulta tan dócil a sus órdenes.
La preocupación por el tráfico de drogas que alegó el presidente Trump queda desmentida por los indultos que ha concedido recientemente a por lo menos diez poderosos narcotraficantes, según publicó el diario Washington Post y han reproducido agencias noticiosas.
Toca al pueblo dominicano protestar con energía contra este nuevo agravio a la soberanía nacional, hecho con el pretexto de enfrentar el narcotráfico; pero es claro y abiertamente proclamado que la intención es apoderarse del petróleo venezolano y otras riquezas. Lo que resulta inaceptable para cualquier nación.