Un Estado que se abandona al pacifismo será devorado exactamente como un animal que ha renunciado a defenderse» . Ernst Jünger
Blitzkrieg o la guerra relámpago
Un gran ataque internacional se prepara contra la República Dominicana en este 2016. En noviembre del 2015 comenzó a circular en la ONU y en todas las organizaciones internacionales el informe de Amnistía Internacional “Sin papeles no soy nadie. Personas apátridas en la República Dominicana” (ONU, 2015). Los argumentos del informe han sido sustentados por el ejército de activistas de las ONG y por las personalidades que le han servido de plataforma: periodistas, empresarios, jesuitas y abogados comprometidos con el proyecto de traspasarle ese enorme y devastador problema al país.
Por otra parte, el 18 de diciembre del 2015, el ACNUR divulgó un Informe Preliminar en Ginebra (Suiza) donde proclama la nueva exigencia de que se dote de nacionalidad dominicana a 133,770 haitianos que, según dicho informe, se hallan en circunstancia de apatridia.
Las organizaciones que operan dentro del país preparan igualmente un asalto relámpago, en concierto con las maniobras internacionales. No olvidemos que nos hallamos ante un año electoral, y los principales candidatos, comenzando por el Presidente Medina, Luis Abinader del PRM, Guillermo Moreno, de Alianza País; Minou Tavárez, de Opción Democrática y de Alianza por la Democracia; todos, excepto Pelegrín Castillo del Polo Soberano y la FNP, han decidido montarse en la ola, y lograr el apoyo de esas fuerzas internacionales. Esa división de blindados avanza imperturbablemente contra la República Dominicana en este año crucial. El horno no está para bollos.
Durante la campaña anterior, organizada tras la Sentencia 168/13, la movilización tuvo ribetes semejantes. Una implacable campaña interna de prensa: campañas de descrédito, campaña de secuestro de todos los órganos de prensa, campaña de periodistas asalariados contra el Tribunal Constitucional; campaña acusatorias de difamación contra los defensores de la nacionalidad, tildándolos en sus tribunas compradas de nazi, trujillistas, xenófobos, antihaitianos, racistas etcétera, etcétera; campaña internacional del Gobierno haitiano ante el CARICOM, ante las Naciones Unidas, ante la OEA y ante la Unión Europea pidiendo la intromisión en el derecho interno de República Dominicana. Aquello fue, en términos diplomáticos, una auténtica blitzkrieg. Un ataque brutal ante los organismos internacionales, ante los Gobiernos amigos y un ataque a las instituciones, al Estado de derecho y a su Constitución. El Gobierno del Presidente Medina preparó una rendición en toda regla.
La campaña logró sus objetivos. Movilizó a la Comunidad Internacional para que se resuelva el problema de la falta de identidad jurídica de los haitianos a expensas de la República Dominicana. Ante esa operación de saqueo institucional, ¿cuál fue la actitud del Gobierno del Presidente Medina? ¿Cómo enfrentó esa bestial embestida?
Prohibió las deportaciones de haitianos con la entrada en vigor inmediata del Decreto 327/13, y dos años después todavía no ha podido reanudarlas. Promulgó la Ley 169/14 dándole la nacionalidad a un contingente de descendientes de haitianos que no residían en la República Dominicana, que asciende a 55.466 personas, los que incluidos sus descendientes podrían superar las doscientas mil personas, con lo cual el Gobierno decidió quebrar de manera definitiva la unidad demográfica del pueblo dominicano, y ha introducido a la población haitiana en los procesos de las decisiones electorales en todo el territorio nacional. Para dar respuesta a las exigencias internacionales, el Gobierno inició el Plan de Regularización de extranjeros en situación irregular. Posteriormente violó lo que establecía el propio plan. Concluidos los plazos, decidió aplazar nueva vez la solución del problema, concediéndoles residencia legal por dos años a 288.776 que no cumplían con los requisitos establecidos por la Ley. Al concluir el proceso, los ilegales que aún permanecen en el país no han sido repatriados a su país, tal como establecía dicho plan.
Según esto, todos los hijos que esos haitianos reconozcan y los que procreen serán dominicanos, porque sus padres ya son residentes legales. El único proyecto de regularización que resultaba totalmente gratuito para los inmigrantes en el mundo era el dominicano. Se gastaron inútilmente más de dos mil millones de pesos, y sus resultados fueron completamente negativos para el país.
Por añadidura, el portal de la Presidencia del Gobierno desarrollo una campaña en la que promovía el traspaso de los empleos del campo a la población haitiana: “no te quede atrás” “ya tengo papeles, el Gobierno me ha hecho gente” “ yo ta bien en pai dominiken”. Llevaron incluso al Presidente a pedir perdón a los inmigrantes ilegales haitianos y actuar como si fuese un candidato tras el voto de los haitianos, y no como el responsable de la salvaguarda de la soberanía y de los intereses del pueblo dominicano.
En esa última campaña, el CARICOM, la OEA, la ONU se pronunciaron. Se elaboraron dos informes del Departamento de Estado relacionados con el tema haitiano. Luego se produjeron las espectaculares visitas de los grandes representantes del poder internacional. Ban Ki Moom, Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU); de John Biden, vicepresidente de Estados Unidos y de Hermann Van Rompuy, Presidente del Consejo de la Unión Europea, todos tenían en la agenda la solución de la población haitiana en la República Dominicana.
Toda la maniobra diplomática desarrollada en estos dos años para contrarrestar el ataque que se había llevado a cabo contra la República Dominicana, se ha convertido en agua de borrajas. Estamos de nuevo en el punto cero. Las acusaciones se mantendrán en el candelero. Ahora el ataque será de mayor envergadura, porque nos hallamos en una contienda electoral.
La ocupación militar del país que era uno de los objetivos de la estrategia internacional fue desarticulada por la Sentencia 315/15 del Tribunal Constitucional, la única institución que defiende la continuidad del Estado dominicano.
Veamos.
Hace exactamente un año, el 20 de enero del 2015 , se firmó el Convenio sobre el status del personal estadounidense que autorizaba la presencia de más de 800 soldados uniformados, armados, con derecho a tener emplazamiento militar , a operar en el espectro radiofónico dominicano, a contratar personal adicional sin límites e incluía personal de inteligencia del Departamento de Defensa. Todos cubiertos de inmunidad diplomática. El Convenio firmado por el Canciller Navarro, en nombre del Gobierno y por el embajador Brewster, en nombre de Estados Unidos se hizo en la penumbra de la Cancillería, sin informaciones de prensa, sin que el país se enterara, como una operación clandestina. Sólo faltaba la aprobación del Tribunal Constitucional, y tras este trámite, se llevaría al Congreso, donde se procedería con la aplicación del rodillo legislativo, a su aprobación en veinticuatro horas.
Desde que el general Pedro Santana decidió, inducido por la ambición haitiana de apoderarse del territorio dominicano , traspasar la soberanía obtenida con sangre en los ardidos campos de gloria dominicana, a la Corona Española, no se conoce nada semejante en toda nuestra historia.
Sin embargo, ambas circunstancias son radicalmente distintas. Santana nunca engañó al pueblo dominicano, siempre planteó que nuestras libertades debían ser garantizadas por otro Estado. Desde los días iniciales de la Independencia, cuando había hecho tratos, con el cónsul de Francia, Eustache de Saint Denys, todos conocían al dedillo cuáles eran las ideas que movían su poderosa personalidad.
En cambio, nadie conoce las ideas que mueven al Presidente Medina. Si las cosas hubieran salido como él las planificó, ya estaría instalada la tropa estadounidense, hubiéramos comenzado este año crucial con el país intervenido por tiempo indefinido, tal como proclamaba el contrato, y con la soberanía territorial amputada por un control militar extranjero, que terminaría poniendo a nuestro Ministerio de Defensa, al servicio de otro país.
Los huesos de Juan Bosch, el prócer del antiimperialismo y el mayor ejemplo de moral y de amor a esta tierra, deben estarse retorciendo en su tumba de La Vega al ver que los herederos de su esfuerzo decidieron sepultar sus ideales.
¿ Qué haremos ante la llegada del lobo nueva vez? ¿Qué concesiones se inventarán para contrarrestar la campaña que viene?¿Nos meteremos en las iglesias y en las catedrales para decirle al mundo que no somos racistas ni antihaitianos, que nos permitan organizar a nuestro país? ¿Haremos romerías y organizaremos procesiones para pedirle a Dios que ilumine la comprensión de los haitianos, que nos permitan vivir tranquilamente, sin interferencias, en nuestro país? No importa, desde luego, que proclamemos que no somos sus enemigos. Ellos nos han elegido como sus enemigos, y nada
detendrá el ataque que viene.
En estos momentos se enfrentan dos voluntades.
- La de los grupos confabulados con el objetivo haitiano impulsados por una voluntad de victoria, por los apoyos internacionales que recibe y el papel desempeñado por la traición de los malos dominicanos y por el avanzado proceso de apropiación de nuestro país.
- Y la del Gobierno que nos representa que tiene una voluntad de no presentar batalla, que se avergüenza de ejercer la soberanía, que no lucha ni defiende la patria, que se vuelve impotente, irresponsable, que prefieren que su patria desaparezca antes que defenderla, Esta actitud estimula al depredador, y le da razón al agresor de nuestra soberanía, para romper definitivamente la voluntad dominicana, fundada en el instinto de supervivencia.