Corea del Norte considera que el Sur le ha declarado la guerra

Corea del Norte dice que la decisión de Corea del Sur de suspender operaciones en un complejo industrial que lo manejan conjuntamente equivale a “una declaración de guerra”.

La Comisión para la Reunificación Pacífica de Corea, emitió la advertencia en un comunicado divulgado el jueves, como primera respuesta a la decisión de Seúl de cerrar las operaciones en el parque industrial Kaesong, localizado 10 kilómetros dentro del lado norcoreano de la frontera.

Los trabajadores surcoreanos comenzaron a sacar su equipo de Kaesong en la mañana del jueves, antes de que se conociera el comunicado de Pyongyang.

El norte ordenó salir a todos los surcoreanos del complejo, dijo que embargaría todos los materiales que dejaran y declaró el lugar zona militar. También dijo que estaba cortando toda comunicación militar con Seúl, incluyendo la línea roja en la aldea fronteriza de Panmunjom.

“Nuestro ejército está completamente preparado para lidiar con cualquier posible situación en el complejo industrial de Kaesong en este momento, priorizando la vida y la seguridad de la gente”, dijo el portavoz del ministerio surcoreano de Defensa, Moon Sang Gyun.

El complejo industrial abrió en 2004 como parte de una política de reconciliación entre el autoritario Norte y la democrática Corea del Sur y es el único símbolo que queda de la cooperación fronteriza entre las dos naciones.

Las tensiones entre los dos países se han agravado por enésima vez luego que el norte realizará una prueba nuclear el mes pasado y lanzara el domingo un cohete de largo alcance al espacio en violación de las normas internacionales.

OTAN envía buques al Egeo para apoyar a la UE en la crisis de los refugiados

La OTAN va a enviar buques al Mediterráneo para ayudar a controlar el flujo de refugiados y migrantes que llegan a Europa en la mayor crisis de refugiados que vive el continente desde la Segunda Guerra Mundial. La Alianza responde así a la petición de Alemania, Turquía y Grecia.

El secretario general de la Alianza, el noruego Jens Stoltenberg, ha anunciado que los cinco buques de la Unidad Marítima Dos, actualmente en Chipre, se desplazarán «sin demora» al mar Egeo.

Esos buques de la OTAN, actualmente bajo comandancia alemana, trabajarán en cooperación con los guardacostas griegos y turcos y con Frontex, la agencia de control de fronteras exteriores de la Unión Europea (UE). Un sexto buque danés podría sumarse a las operaciones, según fuentes alemanas citadas por Reuters.

Misión contra las redes de traficantes de personas

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Ash Carter, ha mostrado el apoyo de su país a la misión y ha explicado que la misma debe centrarse en golpear a las redes de traficantes de personas que facilitan el paso de los migrantes desde Turquía.

«Hay ahora un sindicato criminal que está explotando a esta pobre gente, esto es una operación organizada de contrabando», ha declarado Carter al término de la reunión de ministros de Defensa de la OTAN en Bruselas. «Golpearla [esta red] es la manera más efectiva, y es el principal objetivo de esto», ha añadido.

El pasado lunes, la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, coincidieron en pedir la colaboración de medios de la Alianza en el control de las aguas que separan Turquía de las islas griegas.

Según Naciones Unidas, unos 68.000 refugiados han entrado en Grecia procedentes de Turquía desde el 1 de enero.

Los refugiados huyen, en su mayoría, de la guerra en Siria. En las últimas semanas, el éxodo de personas que se agolpan en la frontera sirio-turca ha aumentado por los combates en Alepo. El número de los que han huido llega ya a los 51.000, según la ONU.

Trece años después, ratificando advertencia sobre hijo

 

Mediante un espacio pagado en varios periódicos de circulación nacional, el 7 de octubre del año 2003, el autor de esta columna advirtió sobre las acciones de nuestro hijo Pedro José Gutiérrez Nova, que en esa fecha contaba con 43 años de edad. Ahora trece años después cuenta con 56 años.

El texto de esa publicación dice textualmente: “Euclides Gutiérrez Félix, aclaración pública: Pedro José Gutiérrez Nova, dominicano, de 43 años de edad, casado, que ostenta el título de licenciado en Derecho, es mi hijo, que desde el día de su nacimiento, creció y ha vivido, en términos de protección y obligación paternal, hasta más allá de su mayoría de edad bajo mi responsabilidad. Desde hace años, en la adolescencia y el inicio de la madurez, su conducta durante el transcurso de su vida escolar, deportiva y otras actividades, ha sido de su responsabilidad.

“Es mi hijo, a quien no puedo negar, aunque su comportamiento, diariamente opuesto al que he observado en mi vida como maestro, abogado, periodista y político, me ha obligado a mantenerlo alejado de mi presencia, siempre solidario con él por razones humanas y paternales. Hago del conocimiento público que ninguna de las acciones de Pedro José Gutiérrez Nova, ligan mi responsabilidad más allá del reconocimiento paternal y de una solidaridad condicionada a una vida totalmente equivocada en su actuación.

«Advirtiendo a las instituciones del Estado dominicano, Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, Fuerzas Armadas y Policía Nacional, así como sus departamentos y dependencias, que ningún documento, tarjeta, carta o petición supuestamente firmada por mí, presentadas en mi nombre por Pedro José Gutiérrez Nova, frente a ellos o empresas y negocios privados, tiene validez alguna. Solamente él es el responsable en su calidad de mayor de edad, de los compromisos y actos que contraiga, particularmente aquellos en los cuales asuma compromisos de carácter económico”.

El autor de esta columna sabe las razones por las cuales uno o dos medios de comunicación escritos y algunos supuestos comentaristas políticos, han señalado nuestro nombre ligándonos a la conducta, al parecer delictiva de Pedro José Gutiérrez Nova, tratando de restarnos autoridad y empañar nuestra conducta de hombre público como maestro, periodista, abogado y político profesional, que ha sido incuestionable en más de 50 años de ejercer esas actividades que nos honran, como el magisterio, el periodismo, el ejercicio profesional y la militancia política, aun en los momentos más dramáticos que han ocurrido en nuestro país, encontrándonos siempre al servicio militante, sin temor, de los intereses de la soberanía, independencia y dignidad del pueblo dominicano.

Dejo constancia de nuestra gratitud al procurador general de la República, doctor Francisco Domínguez Brito, Alicia Ortega y al relacionador público de la Policía Nacional, general Máximo Báez Aybar, así como a mis compañeras y compañeros que han actuado con la nobleza y la solidaridad que nunca olvidaremos. ¡Eternamente gracias!

JPM

Entréguenle su premio a Vargas Llosa

 

No sé  en  que momento ciertos sectores de la sociedad dominicana van a darse cuenta de que el mundo cambió, que transitamos  -quierámoslo  o no-  hacia un nuevo comportamiento mundial y una nueva visión de las cosas.

Lo que ayer todos veíamos y aceptábamos como bueno y válido  ya hoy no lo es, lo que se veía  en  blanco y negro  ya para muchos tiene matices, en fin, la dinámica del mundo y de los seres humanos que lo  habitan ya es diferente.

Esa realidad  parece no entenderse en  ciertos sectores de la República Dominicana pleno Siglo XXI, dan la impresión de estar a espalda de ésta verdad, parecen estar frisado y cerrado a los nuevos aires y visiones de una nueva época  que los sabios han definido como  la posmodernidad.

A que vienen  estas reflexiones,  veamos. Es un infantilismo  armar una escandalera  y oponerse al   reciente anuncio realizado por el Ministerio de  Cultura en donde se otorga el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña 2016 al novelista peruano Mario Vargas Llosa.

Es inaceptable que en los actuales momentos de cambio que vive la sociedad global y local  ciertos sectores de la sociedad dominicana sigan reproduciendo comportamientos y posiciones tan desfasadas y penosas propias del siglo pasado.

Es necesario que esos sectores entiendan qué ya no es posible continuar con esas posiciones  llenas de fanatismo y carentes de discernimiento,  típicas  de un colectivo que a todas luces se niega  a entender que estamos en otros tiempos, que ya no existe un pensamiento único.

Una  cosa es el Vargas Llosa escritor y otra muy diferente es el ciudadano del mundo que opinó sobre un problema migratorio  de un  país en un momento determinado. Nada tiene que ver una cosa con la otra. Por el amor de Dios.

 

No quiero erigirme como defensor de Mario Vargas Llosa, Dios me libre, pero creo de justicia deslindar los campos porque veo que de manera injusta se quiere montar de nuevo  a este país en aquella ola maldita de los años 70 cuando estúpidamente se le prohibió entrar al país, a nada más y nada menos que,  al premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, con argumentos similares.

A esos sectores que se oponen a que se le otorgue el referido premio al autor del libro ¨ La Civilización del Espectáculo¨ hay que invitarlo a desmontarse de ese carro de la intolerancia y la negación de la dialéctica y colocarse en los cómodos asientos de las naves de la posmodernidad. Esa es una de las maneras de  salir de una vez y por todas de esas  lamentables posiciones que lo que advierten es miopía y escaza visión del momento de cambio que vive el mundo y la República Dominicana.  Entréguenle su premio a Vargas Llosa, es la mejor manera de demostrar nuestro avance democrático.

jpm

Evolución del saludo

 

 

La palabra saludo parece derivar del verbo saludar y este, a su vez,  viene del latín salutare (desear salud, decir salud, hacer a alguien cumplimientos cuando nos encontramos con él, presentar nuestros respetos a alguien, saludar).

 

No existe un acuerdo unánime sobre cuál es el origen del saludo.  Pero la mayoría de los estudiosos del tema concuerdan en que inicialmente se trató de una intención de demostrar a la persona con quien alguien se cruzaba que no se tenía ninguna intención de agredirla o pelear con ella. De ahí la costumbre de levantar el brazo derecho con la palma de la mano abierta, para evidenciar que no se cargaba en la misma ninguna  arma oculta, y para demostrar que se deseaba mantener una relación cordial de amistad. Así ofrecían una declaración de no agresión y acercamiento. Esta bella forma de saludar sufrió una alteración trascendente en su significado cuando fue adoptada por los nazis como forma de jurar lealtad a su líder.

Se dice que la costumbre de estrechar las manos proviene de las tribus primitivas, pero antiguos jeroglíficos egipcios atestiguan que esta era una forma utilizada cuando se hacía un pacto entre dos o más hombres. También de los egipcios se adoptó el gesto de saludar inclinando el cuerpo y bajando una mano hasta la rodilla en señal de respeto. En el siglo XVII se adoptó la costumbre de besar la mano a las señoras.

En el siglo XIX se introdujo una forma peculiar de saludar a un superior. La misma consistió en inclinar la parte superior del cuerpo hasta formar un ángulo recto con la inferior. Posteriormente, se sustituyó este hábito por  hacer una reverencia con la cabeza tras una breve inclinación, y más adelante, se consideró suficiente descubrirse quitándose el sombrero.

 

Pero independientemente de las razones que se tengan, el saludo es considerado una formula de cortesía y demostración de amabilidad y afecto. Contrariamente, no contestar un saludo es visto como falta de delicadeza y mala educación, aunque también puede demostrar enfado e irritación hacia la persona que saluda.

Los judíos agregaron el abrazo siguiendo al apretón de manos.

En el siglo VI, se añadió al saludo el beso en una o las dos mejillas como expresión de cariño entre personas adultas. Esta muestra de afecto se extendió rápidamente desde Europa al resto del mundo. Sin embargo, durante la Revolución Industrial se censuró al beso en las mejillas de forma pública, quedando reducido al ámbito privado. La gente no podía besarse en la calle. A las damas se las besaba la mano, pues era un atrevimiento besarles en la cara.

Simultáneamente se adoptó como costumbre besar la mano de las personas con mayor nivel social, como los cardenales, obispos, etc., en señal de respeto. Y cuando la persona que se tenía por delante era de gran relevancia, como por ejemplo un rey, la costumbre era besar el suelo.

En la actualidad, los europeos mantienen la costumbre de dar dos besos al saludar a un conocido o tras una presentación. En Latinoamérica se practica dar un solo beso en la mejilla. Los orientales no son dados a esta forma de saludo, y los norteamericanos la utilizan, pero con discreta moderación.

Hasta bien entrado el siglo XX en nuestro país era costumbre generalizada, como saludo de encuentro o despedida a los padrinos, padres y demás ascendentes realizar una reverencia hasta tocar el suelo con una de las rodillas, besarle la mano y pedir su bendición. Todavía es posible observar este bello hábito en el medio rural.

La modernidad ha traído cambios, sobre todo por la competencia, los recelos y la desconfianza. Ya la tendencia es saludar utilizando únicamente la misma palabra: saludos, sin acompañarla de ningún gesto adicional. Solo cuando se está seguro de la sinceridad de la otra persona se le da un apretón de manos mirándole a los ojos, seguido de un fuerte abrazo, que a veces se extiende por un buen rato, sobre todo cuando las personas tenían mucho tiempo sin verse.

El hábito de descubrirse la cabeza se sigue manteniendo en el medio rural y muy de cuando en vez es posible observarlo en la ciudad en hombres que no ocultan su origen campestre.

Otro saludo que no debemos dejar perder es el que debemos a nuestros símbolos patrios. Ya son muy pocos los que se detienen al escuchar el himno nacional o durante el izamiento de la bandera. Y entre los que sí se detienen no es uniforme la forma de realizar el saludo. Mientras algunos hacen el saludo militar, otros tocan con la palma de su mano derecha el pecho, a la altura del corazón.

Creo, que por la forma en que una persona saluda, cuando lo hace, es posible conocer su grado de educación doméstica. Así como se puede ser un técnico con una pobre cultura, es posible ser un profesional, siendo un patán.

jpm

Crítica de cine: «Spotlight»


En una sociedad donde algunos de los sacerdotes de la Iglesia Católica tienen como hobby practicar la pedofilia, «Spotlight» funciona como la voz de todos aquellos que son incapaces de expresar lo que sintieron al ser abusados sexualmente sin poder decir nada.

Partiendo de ese tema el director Tom McCarthy (The Station Agent, Win Win) ofrece una película astuta, rápida, con un guion sólido y sin temor a informar con la cual sumerge al espectador en un dos por tres con la historia del escándalo de abuso sexual de la arquidiócesis de la ciudad de Boston. Los hechos están basados en un caso verídico que conmocionó los Estados Unidos en el 2002. Lo bueno es que logra una eficacia irrefutable al momento de contar la historia desde un panorama periodístico.

La propuesta de McCarthy se mantiene autentica cuando denuncia con neutralidad. Le concede un miramiento social ineludible, por supuesto, apoyándose de un reparto actoral que se mueve con la persuasión necesaria para hacernos creer en todos los personajes que vemos en pantalla. Asimismo los protagonistas tienen personalidades bien definidas, y durante la averiguación somos testigos de lo que hacen y de lo que piensan.

La pesquisa ocurre en el 2001 en la ciudad de Boston. En el diario The Boston Globe el editor recién contratado, Marty Baron (Liev Schreiber), tiene un ajetreo porque le urge conseguir una historia que atrape lectores. En medio del patatús se entera de que Walter V. Robinson (Michael Keaton) maneja el equipo Spotlight, una sección de investigación del periódico casi detectivesca que tiene la tarea de rastrear datos difíciles; por lo que le pide que investigue algunos casos de pederastia clerical de la Iglesia Católica.

Debido a la naturaleza del asunto, Walter junto con Michael Rezendes (Mark Ruffalo) y Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) cantan bingo con algo grandísimo y deciden exponer a la luz el papel que jugó la Iglesia Católica en la ocultación de las fechorías de abuso sexual cometida por algunos sacerdotes a lo largo de varias décadas en contra menores de edad.

La atmósfera de este relato de reporteros que juegan a ser detectives es muy similar a «All The President’s Men (1976)» de Alan J. Pakula; porque la apuesta de McCarthy nunca cae en el sensacionalismo de los abusos a menores, por el contrario, siempre omite la perspectiva del sacerdocio. Su posición para escudriñar el enigma revela una ardua labor de periodismo desde el punto de vista de cuatro periodistas decididos a no dejar cabos sueltos.

En ese punto la película entusiasma cuando esboza los conflictos morales de los protagonistas, muchos de ellos católicos, una vez que su fe choca con la ética y la moral. Su indagación es una balanza entre el profesionalismo y la creencia. Esto se manifiesta con Sacha Pfeiffer y Michael Rezendes. Ambos son insistentes y determinados con las entrevistas que realizan. Y a través de sus ojos vemos la indignación que sienten por lo que descubren.

Las actuaciones de estos actores: Michael Keaton, Rachel McAdams, Stanley Tucci, Liev Schrieber y, muy especialmente, Mark Ruffalo poseen una verosimilitud bestial en cada encuadre. Probablemente el personaje de Ruffalo es el más convincente estereotipando al periodista obsesionado por la evidencia, cuyo sondeo se convierte en su lucha personal; pero McAdams tampoco se queda afuera cuando su personaje reacciona frente a los hechos que destapa.

Además de mantenerse intensa en todo momento con un ritmo ágil e inteligente fruto de un buen trabajo de montaje, Spotlight nos recuerda la relevancia del periodismo en una sociedad donde la búsqueda de la verdad ha sido raptada por las falacias. Lo interesante es que su mensaje sobre la corrupción sacerdotal, el abuso de poder, la libertad de expresión y el compromiso social cala con honestidad.

Hágase un favor y véala, porque pone a reflexionar.

Ficha técnica:
Duración: 2 hr. 08 min.
País: Estados Unidos
Director: Thomas McCarthy
Guion: Thomas McCarthy, Josh Singer
Música: Howard Shore
Fotografía: Masanobu Takayanagi
Reparto: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Stanley Tucci,
Calificación: 8/10

jpm
EL AUTOR es critico de cine. Reside en Santo Domingo.
EL AUTOR es critico de cine. Reside en Santo Domingo.

La educación privada está llegando a su pico

Las protestas educativas en RD con el 4% del PIB prometido para todos los rubros y no solo para construcciones, sugieren que una creciente clase media no tolerará indefinidamente la situación en la que están atrapados con elección, entre las escuelas públicas que no son tan buenas, y costeables escuelas privadas, que no son accesibles, para la clase media y menos aún para pobres.
Tener un hijo recibiendo educación bilingüe en R.D., cuesta más que mantener un carro de 8 cilindros, y el alquiler de la casa, juntos, son gastos fijos, al mes.

La escuela debe ser la primera parada para algún tipo de cambio en el contrato social en los países donde una ascendente clase media según alto PIB reportado, está sintiendo ese dolor en el bolsillo y le toca al gobierno definir, o limitar el costo de la educación de todo ese sector.

Privados dicen que se justifica alto costo de educación privada y bilingüe con el hecho de que los países que logran mejores resultados en las evaluaciones internacionales contratan los mejores profesores; ofrecen buenos salarios, calidad de vida y condiciones de trabajo óptimas para hacer del magisterio una profesión atractiva.
En nuestro país sucede todo lo contrario.

El sueldo de un maestro dominicano figura entre los más bajos del mundo, sin embargo, paradójicamente, los sueldos de los Ministros, jueces, legisladores y funcionarios del gobierno de cierto nivel figuran entre los más altos del mundo.

Debemos buscar un punto intermedio, pues con baja inflación, no se justifica que colegios de curas y privados suban costos anualmente y libros.
Minerd ahora en elecciones promete computadoras para maestros, mejores sueldos, mas tandas extendidas y que hicieron estos 4 anos con el 4% cacareado que recibieron?

Por eso repito palabras de mi profesor de infancia Ex seminarista como yo, Lic. Héctor Rodríguez Cruz, quien dijo: «El maestro dominicano de hoy debe asumir el aprendizaje de nuevas competencias, como: Habilidades de información y análisis. Información y alfabetismo digitales.
Habilidades de pensamiento crítico y de solución de problemas. Identificación, formulación y solución de problemas. Creatividad y método científico. Habilidades interpersonales y de colaboración. Lenguas extranjeras. Civismo y Ética». Por eso, no solamente subir sueldo traerá la solución; es formación y deseo de superación”.

Es el clásico caso del 4% del PIB y del dilema de dar más, sin quality control:

Según datos de América Latina del Bco. Mundial el mejor país en la región con educación integral es Chile y el peor es R.D. y Haití. Honduras y Costa Rica nos ganan en todos los estratos, vea fuente en internet.

Las protestas en RD por mejor educación son una indicación temprana en un país referente de lo que es probable, la creciente frustración en América Latina, que tenemos, por ej. países de ingresos medios con la mala elección de sus familias de clase media que se enfrentan entre baja calidad de escuelas públicas y gastar dinero en las escuelas privadas que no son necesariamente mucho mejor, solo más seguras de integridad física de estudiantes.
¿Qué hacer entonces?

Que la Iglesia, el sector privado y el gobierno amolden las tarifas o las subvencionen, para poder ser competitivos. Es la solución.

Pero no es tan fácil. Costo de asignatura o crédito del currículo, sea a nivel elemental, medio o secundario y más aún universitario, no garantiza empleos, solo un diploma más colgando en la pared de los padres, que dicen dieron todo por los hijos, y estos dicen que deben emigrar porque aquí, si no tienes padrino no consigues nada.

Creo el plan Quisqueya educativo y los planes del ministro de Educación deben recibir el apoyo del sector privado e Iglesia, pues de lo contrario este costo educativo, no hay quien lo aguante.
Las autoridades del MINERD Educación, todavía pueden producir los cambios que requieren las escuelas con jornada extendida, de lo contrario la gran inversión se quedará en “plantel más comida, igual a tanda extendida”, como dijo la antropóloga Amanda Castillo.

jpm

El fatídico legado del neoliberalismo

   La “visión” del mercado como único y excluyente “dínamo” de la economía y la “sociedad abierta” que impusieron en el mundo los profetas del neoliberalismo a partir de la segunda mitad del decenio de los años ochenta del siglo pasado, en principio de raigambre libertaria pero luego con caracteres francamente fundamentalistas, ha terminado siendo objeto de múltiples y legítimos cuestionamientos.

   (Nada nuevo, por cierto, pese a que todavía hay quienes hablan del asunto como si acabaran de hacer el descubrimiento del milenio: la discusión sobre las “bondades” y las “perversidades” del mercado datan de centurias, primero en la era de las monarquías absolutas, después con las contestaciones de socialistas, anarquistas y comunistas, y más adelante con las formulaciones de socialdemócratas, fabianos y socialcristianos… La historia parecería repetirse, tal y como sugerían los dialécticos alemanes de los siglos XVIII y XIX, sobre bases económico-sociales superiores).

   Como habrá de recordarse, el “enfoque” neoliberal del mercado y de la “sociedad libertaria”, compendiado con aire de erudición e infalibilidad posideológicas en los famosos “puntos” del denominado “Consenso de Washington” (Williamson, 1989), impulsó unas “recetas” que en su momento se consideraron la panacea universal para la solución de los problemas de inestabilidad e insuficiencia productiva que acusaban cíclica o crónicamente gran parte de las economías nacionales del orbe.

   Tales “puntos”, enunciados en forma de “frases cohetes”, eran los siguientes: 1. Disciplina fiscal o presupuestaria (lectura real: reducción del tamaño del Estado y de las inversiones sociales); 2. Cambios en las prioridades del gasto público (lectura real: no subsidios); 3. Reforma fiscal para buscar bases imponibles amplias y tipos marginales moderados (lectura real: diversificación y aumento de impuestos, exceptuando a los ricos); 4. Liberalización financiera, especialmente de los tipos de interés (lectura real: manos sueltas para bancos y entidades financieras); 5. Búsqueda y mantenimiento de tipos de cambio competitivos (lectura real: devaluación de la moneda); 6. Liberalización comercial (lectura real: abrir las aduanas y eliminar aranceles); 7. Apertura a la entrada de inversiones extranjeras directas (lectura real: puertas abiertas para las corporaciones y el capital financiero, incluyendo el usurario); 8. Privatizaciones (lectura real: vender los bienes del Estado); 9. Desregulaciones (lectura real: empresa privada sin “reglas estatales interventoras”); y 10. Garantía de los derechos de propiedad (lectura real: no a las nacionalizaciones y a las declaratorias de “utilidad pública”).

   Por supuesto, el enfoque global (es decir, existencial, no sólo económico, financiero, estadístico y partidista) de los neoliberales fue contestado vigorosamente desde múltiples rincones del pensamiento y de la política militante, pero -como siempre ocurre con las formulaciones novedosas- la lógica popular pedestre de negación del pasado y los éxitos momentáneos aplastaron toda disidencia… El autor, en particular, recuerda dos textos lúcidamente críticos (escritos desde ópticas y con proyecciones políticas diametralmente opuestas) que marcaron las reflexiones contestatarias al tenor: “El nuevo totalitarismo” (1992), de Alan García, y “La crisis del capitalismo global” (2002), de George Sorós.

   El neoliberalismo pautó una época en la dirección económica y financiera del planeta (la que se inició con la debacle del llamado “mundo comunista” y la victoria del individualismo filosófico y político sobre los proyectos de redención colectiva), y durante su primero lustro de predominio (el de los “milagros” económicos, que rescataban y reelaboraban los principios de Smith y Ricardo desde la perspectiva radicalmente conservadora de von Mises y Hayes por oposición a las apuestas marxistas, al “intervencionismo” keynessiano y al estatismo condicional de los socialdemócratas) alcanzó tal nivel de prestigio que no pocos de sus anteriores críticos terminaron compartiendo sus fórmulas y abrazando sus valores fundamentales… Más de un antiguo comunista ortodoxo se “convenció” de las virtudes del neoliberalismo, y más de un cristiano de los de misa y rezo de las cinco de la mañana “descubrió” que éste no era incompatible con la enseñanzas del rabí de Galilea.

   ¿Quién puede olvidar, por lo demás, los “milagros” económicos de Chile bajo Pinochet (1975-1982) o de Irlanda (1994-2002), o los éxitos iniciales de los gobiernos de Salinas de Gortari (México, 1988-1994), Menen (Argentina, 1989-1999), Color de Mello (1990-1999), Fujimori (Perú, 1990-2000) o Sánchez de Losada (Bolivia, 1993-1997? Haciendo omisión de los casos fallidos (por ejemplo, el de Carlos Andrés Pérez, Venezuela, 1989-1993) y del “tigueraje” gatopardista de ciertos gobernantes populistas, esa fue, sin dudas, la hora de gloria del neoliberalismo: nadie en el movimiento político democrático (ni siquiera -aquí- el conceptual, sobrio y profesoral Leonel Fernández, discípulo del “marxista no leninista” Juan Bosch) resistió la tentación de adoptar su lenguaje y sus “soluciones”… La fascinación -se reitera- fue casi unánime.

   El modelo neoliberal inicialmente implicó en los países donde se aplicó un incontestable saneamiento de las finanzas públicas (y a mayor radicalismo de mercado, mejores resultados estadísticos, puesto que estimulaba la iniciativa privada y las ansias -muy humanas- de progreso individual) y un espectacular relanzamiento del crecimiento económico, pero eso no significó necesariamente una eficientización del Estado (los políticos y los economistas pronto encontraron en qué “invertir” los ahorros de éste) ni un mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de los ciudadanos (antes al contrario, la exclusión social aumentó y la clase media tendió a deprimirse), hasta tal punto que en un momento dado los bancos centrales de las zonas más depauperadas del planeta tuvieron que abandonar sus criterios clásicos de estratificación de la sociedad (ricos, clase media y pobres) y hacer una subdivisión en “quintiles” para, verbigracia, calcular el costo de la llamada “canasta familiar” sin que fuera tan notorio el rastro de la miseria.

   La historia posterior, de todos modos, ya es conocida: un balance desapasionado de la aplicación del modelo neoliberal, a más de tres decenios de su formulación, obliga a concluir en que sus éxitos de los primeros años han palidecido y que, en múltiples sentidos, ha fracasado en todas las latitudes (los “milagros” de la economía de mercado se han “terrenalizado” tanto que hasta el chino está siendo “hamaqueado” en estos momentos), pues la única virtud que puede aún atribuírsele es la de que, bajo determinadas condiciones políticas -regímenes autoritarios o democracias de poderes concentrados- y en el marco de una sociedad de mentalidad individualista estrecha y espíritu de “sobrevivencia” económica, garantiza cierta estabilidad en los macroindicadores… El resto del desenlace apunta hacia beneficiarios taxativos: los dueños del “gran dinero” y las corporaciones financieras y comerciales, que han visto aumentar sus “haberes” en proporciones fabulosas.

   Lo acontecido particularmente en América Latina en términos políticos parece curioso pero no deja de ser trágico: el destino de los más renombrados gobernantes neoliberales fue bastante peculiar, a saber: Pinochet derrotado y no encausado porque tuvo la precaución de “blindarse” con leyes absolutorias y una Justicia parcial; Salinas de Gortari perseguido penalmente y extrañado en Europa; Menen repudiado, procesado y exiliado, aunque luego rehabilitado momentáneamente; Color de Mello destituido, sometido por imputaciones criminales y encarcelado; Fujimori renunciante, exiliado en Japón y, luego de regresar a Perú, condenado a prisión; y Sánchez de Losada obligado a dimitir, imputado y exiliado en Washington… En realidad, y para alargar la lista, se puede afirmar que lo acaecido fue casi surrealista: de los mandatarios del subcontinente que aplicaron políticas neoliberales sólo los chilenos, un brasileño y el dominicano Fernández estuvieron a la postre libres de procesamientos judiciales o de la violenta ira popular.

   Por su lado, los defensores del neoliberalismo adoptaron la tendencia a responder cuestionamientos como los que preceden con argumentos casi anecdóticos: haciendo una comparación con los países comunistas o con los de economía “intervencionista” -socialdemócratas, socialcristianos, conservadores, etcétera- de peor desempeño, rememorando sus antiguos logros en materia de “crecimiento económico” y “progreso social”, o echándole la culpa de su debacle a las “contrarreformas”… Como se trata de argumentos para pazguatos y zoquetes, no vale la pena ni siquiera examinarlos: basta con recordarles que “si mi abuela no estuviera muerta, estaría viva”.

   Desde luego, en forma de fuego contraofensivo los apologistas del neoliberalismo continúan destacando un puñado de “logros tangibles” de su modelo que alegadamente favorecen a la sociedad y al ciudadano y lo hacen superior al resto: la mentada “macroestabilidad”, el crecimiento económico, el disparo de la inversión extranjera y la creación de empleos… Pero siguen ocultando lo esencial: que esos “logros” a la larga han sido contrarios a las necesidades e intereses reales de la gente sencilla, porque se erigieron a partir de privatizaciones macondianas que constituyeron verdaderas estafas al Estado, a costa de buena parte de los programas sociales, estableciendo salarios bajos o estancados, recortando los presupuestos de los servicios públicos, suprimiendo real o virtualmente los gremios (o liquidando los derechos sindicales) y, sobre todo, con base en la concentración de la propiedad en manos del capital financiero y las grandes corporaciones.

   (En la República Dominicana, con ciertas excepciones, el fenómeno se puede observar de manera nítida: muchas de las empresas tradicionales -pertenecientes a una o varias familias- han terminado “asociadas” con grupos económicos extranjeros, o resultaron absorbidas por la banca. Así, nuestras firmas más emblemáticas -alimentarias, de bebidas alcohólicas, de productos de limpieza, de medios de comunicación o de seguros- ya tienen una estructura accionaria en la que el capital nacional es minoritario o, simplemente, es la que prevalece el bancario. En la práctica, quedan muy pocas de las grandes industrias o empresas comerciales y de servicios de antaño: las de hoy, aunque conservan sus nombres originales, son propiedad de inversores extranjeros o de los bancos).

   Ahora bien, el legado más fatídico del neoliberalismo es uno que tienen que ver con el tipo de sociedad y de ser humano que ha creado: apuntaló naciones de “sobrevivientes” económicos, desterró la compasión y la solidaridad, profundizó la ignorancia y la incultura, y creó individuos profundamente egocéntricos y evasivos (movidos maquinalmente por la divisa selvática de “sálvese quien pueda”), y aunque mucha gente entre nosotros parece estar disfrutando de su existencia en una inacabable fiesta de consumismo y frivolidad (nada que sea “demasiado serio” o que “perturbe” su vida privada es “interesante”), no puede dejar de quejarse por lo que constituye el reverso de la moneda: la corrupción, la delincuencia, la indecencia, la falta de urbanidad, la impunidad, el caos espiritual o la ineficiencia crónica del Estado… Todo esto, valga la insistencia, es un subproducto de la racionalidad neoliberal (individualismo, utilitarismo, ventajismo, vitalismo hedonista, futilidad y devoción por el consumo), pero hay quienes insisten en “hacerse los locos” ante ello porque, acaso, reconocerlo significaría una verdadera autoincriminación personal o colectiva.

   Y una cosa final: aunque no puede afirmarse que el mundo anterior al de hoy (el llamado “mundo de Yalta”, caracterizado por el “conflicto Este-Oeste”) fuese menos traumático e injusto que el actual (hijo de la racionalidad neoliberal), porque ello sería olvidar los disturbios políticos, las aberraciones socio-económicas y las amenazas de confrontación global que les fueron inherentes, no hay dudas de que por lo menos exhibía, si bien por compartimientos casi estancos, más decoro, más racionalidad, más compasión y más generosidad…

El autor es abogado y profesor universitario

lrdecampsr@hotmail.com

jpm

Organismos seguridad RD investigan deserción de peloteros cubanos

SANTO DOMINGO.- Los organismos de investigación y seguridad de la República Dominicanainvestigan el posible vínculo de un alto militar del país con la deserción de los hermanos Yulieski y Lourdes Gourriel, de 31 y 22 años, respectivamente, dos de las principales figuras del béisbol cubano.

Ambos abandonaron el domingo la selección cubana después de que fuera eliminada el sábado de la Serie del Caribe, que ganó México.

Yulieski y Lourdes Gourriel salieron del hotel donde se hospedaba la selección en una camioneta que, presuntamente, pertenecía a uno de los órganos del Ministerio de Defensa de República Dominicana.

Una fuente militar, que pidió el anonimato, dijo a Efe que el caso está en manos del Ministerio de Defensa y del Departamento Nacional de Investigaciones (DNI), que investigan la supuesta complicidad de un alto oficial con la salida de los hermanos Gourriel, quienes, según medios de prensa, podrían encontrarse en Haití.

Algunos medios apuntan a que el militar involucrado en el caso es un miembro de la Fuerza Aérea de la República.

Yulieski Gourriel está considerado uno de los peloteros cubanos con más capacidad para jugar en las Grandes Ligas de Estados Unidos, mientras que su hermano Lourdes ha recibido elogios por su talento.

Durante la Serie del Caribe de Béisbol, que se celebró en suelo dominicano entre el 1 y el 7 de febrero, los directivos de la delegación cubana denunciaron que los jugadores estaban siendo “asediados” por varios “personajes” vinculados al “robo de atletas”.

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Metamorfosis de una profesora con suerte

Doña Cristina Lizardo encarnó por un considerable tiempo un verdadero encanto.

Proyectaba constantemente una ternura inigualable y una sonrisa envolvente y fascinante al conversar.

De ella siempre recordamos con agrado sus valiosas andanzas por las lides magisteriales.

Era la época en que prevalecían los sueños hermosos, los nobles ideales y la proyección de una vocación de servicio alejada de los intereses mercuriales.

Para entonces, la humidad y la accesibilidad marcaban la diferencia y resultaban valores innegociables.

Disfrutábamos a plenitud la dramaturgia ejemplarizante que sólo es posible vivir frente al escenario que destila el arte de la prudencia.

Hoy, con el transcurrir de los años, el panorama de la existencia es otro muy diferente.

Llegaron las nuevas responsabilidades públicas, unas, fruto de su persistencia, otras, quizás apadrinadas por sus consecuentes acólitos en el partido, por lo que la pizarra y el borrador se transformaron en codiciadas herramientas para tener y exhibir poder.

El espacio de las bulliciosas y congestionadas aulas para compartir el pan de la enseñanza terminó permutado por la majestuosidad de los gigantescos y confortables salones que caracterizan nuestra burocracia estatal.

De aquella sencilla y preocupada profesora de a pie, no hace tanto tiempo, caracterizada por el poco hablar, sólo se conservan los recuerdos.
En el presente, luce haber desplomado las barreras del silencio y la prudencia, sin importar espacio o tiempo, para verbalizar, obviando cualquier miramientos, cuantas patochadas inauditas llegan a su reducido dominio de acumulación de masas inteligibles, con el aparente y ridículo propósito de llenar páginas de oro en la triste historia del disparate político.

Hace algunas semanas, la educadora que todo recordamos se desplazaba como cualquier ciudadano común y que se conozca, no ha heredado extraordinarios bienes, se destapó ante la opinión pública afirmando de manera categórica que, un adversario político suyo no llegará a la presidencia de la República Dominicana porque no cuenta con el dinero necesario para hacer realidad su meta.

Qué lástima..!!

Qué paradoja..!!

Una mujer nacida en cuna de pobreza, donde pululaba el moco y la orina, maximizando el valor del dinero como condición determinante para ocupar una posición pública con el supuesto interés de servir con dignidad y transparencia a un pueblo sumergido en la miseria.

No suficiente con lo anterior, la dama en cuestión, ahora, vuelve de nuevo a navegar en el submundo de la mofa y la indelicadeza al referirse al controversial y manilo tema de la corrupción en el Estado.

De manera pausada, proyectado siempre una limitación expositiva que contrasta con su oficio original, la funcionaria senatorial, sin aparentemente preveer las consecuencias de su cínico planteamiento, exhorta a la población del país a vigilar las ejecuciones presupuestarias del Estado a fin de prevenir algún atentado de corrupción.

Pero señora Lizardo, para qué..?

Para continuar recibiendo como respuesta las represiones policiales que con frecuencia reciben las denominadas cadenas humanas, conformadas por responsables y aguerridos dominicanos y dominicanas que protestan ante la impunidad que proyecta el caso inaceptable de la OISOE?

Para que ciudadanos y ciudadanas nobles y decentes sean burlados en un discurso presidencial como sinónimos de pesimistas, anarquistas y hasta vagos por el sólo hecho de defender el derecho a la transparencia en el uso de los recursos públicos?

Déjese de cosas, señora legisladora..!!

Sabemos que muchas veces los ascensos económicos y sociales tienden a la distrofia de algunos cerebros humanos.

Lo entendemos.

Olvidar adrede suele ser un mecanismo acomodaticio para abordar y aquilatar la realidad y por tanto, ahora se le ocurre a la dama en cuestión, llamar a la población a ser vigilante contra la corrupción gubernamental.

Qué desfachatez y cuánta carencia de respeto ante un pueblo merecedor de otro tratamiento.

En definitiva, luego de esas y otras manifestaciones erráticas e innecesarias para mostrar, en su derecho, adopción a un proyecto reeleccionista, sería prudente asimilar que, en el caso la ayer profesora, hoy figura estelar congresional, lo ideal sería sugerirle que entendiera que muchas veces el silencio es más elocuente que las palabras.

De todos modos, concluyamos estos párrafos reconociendo que en los juegos de azar como en la política criolla, existen personas que lucen premiadas por el factor imaginario conocido como “la buena suerte” y la señora Cristina Lizardo, parece estar entre “los agraciados”.

Así lo percibimos, lo creemos y lo exponemos sin hiperbolización, irreverencia ni resquemor…