Todos alguna vez en nuestras vidas, hemos leído o escuchado la acepción «mito» y su definición la tomamos muy a la ligera. No obstante ello, definir qué es un mito (del griego muthos) -aunque usted lo dude-, no es tarea fácil. Ello es debido, a que esa palabra puede interpretarse de muchas maneras y todo depende del contexto en que se visualice. La Real Academia de la Lengua la define como: «Una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico».
En lo particular, yo me adhiero más a la definición-por considerarla más realista- que le dio la poetisa y escritora nacida en Kiev (hoy Ucrania) Maya Deren, cuando expresó: «El mito son los hechos de la mente puestos de manifiesto en la ficción de la materia». No está demás aclarar, que no debemos confundir que mito y leyenda son las mismas cosas. Son totalmente diferentes el uno del otro, aunque guardan ciertas similitudes.
Existen diferentes clases de mitos, entre los cuales podemos citar los mitos teogónicos, cosmogónicos, etiológicos, escatológicos, morales y los políticos. Sobre estos últimos encajan los dos mitos a los cuales quiero hacer alusión en este humilde aporte.
Si hay una ciencia en el saber humano en donde los mitos florecen rápidamente y tienden a calar en la mente de muchos ingenuos, obviamente que es la política. Es el lugar perfecto y el mayor caldo de cultivo. Es por eso que quiero referirme a dos mitos políticos que han sido utilizados por mucho tiempo y como mera propaganda mediática entre los miles que hay, para demostrar que, como dijera la escritora Maya Deren «Es lo fingido hecho materia». Veamos:
Primer mito:
La primera vez que yo leí ese disparate, solo atiné a reír. A simple vista luce tan absurdo, incongruente, ficticio y cuasi imposible. Semejante idiotez solo puede tener cabida en cerebros cuyas partes interiores están rellenas de batata, ñame, yuca y morcilla como complementos de la masa encefálica.
Lo insólito de este mito político, es que muchos tontos útiles se lo han creído y se han convertido en loros parlantes, repitiendo en discusiones o comentarios ese desafuero mental, propio de la siempre activa y engrasada propaganda política de la tiranía castrista. Obviamente, ignoran exprofeso o por mero desconocimiento, que estas historias de atentados en contra de Fidel Castro, es solo una estrategia que lo único que buscó fue reforzar la imagen de invencibilidad del tirano y crear una aureola o un mito en torno a él.
Es por eso que voces autorizadas como la del ex teniente coronel cubano y ex guardaespaldas de Fidel Castro Ruz por 24 años (1968-1994) Juan Reynaldo Sánchez, el cual guardó prisión en La Habana, dijo: «Entronizar a Fidel Castro en el récord de atentados contra un líder político, forma parte de los mitos con que se trata de enaltecer su legado histórico en el ocaso de sus días, cuando el único récord que va quedando -con absoluta certeza- es el de dictador de la era moderna con más tiempo en el poder». (cierro la cita).
El mito, los números y la imposibilidad
Vamos a realizar un pequeño ejercicio matemático acorde con los hechos acontecidos, para que podamos comprender lo absurdo y cuasi irrealizable en el tiempo y espacio para que se puedan realizar 638 atentados en contra de un gobernante.
Fidel Castro Ruz asumió el poder por las armas el 1ro. de enero de 1959 y lo entregó a su hermano Raúl Modesto -como si fuera una monarquía- por razones de salud el 31 de julio del 2006. Esto significa que Castro gobernó y se convirtió para sus adversarios como objetivo para un atentado un total de 47 años seguidos. Si dividimos los 638 atentados entre sus 47 años de tiranía, eso nos da una media de 13 atentados contra él cada año de ejercicio del poder. Como un año consta de doce meses, eso nos da un promedio de un atentado cada mes.
Resulta ilógico pensar que una isla cerrada como lo es Cuba y con una población totalmente controlada por el G-2 cubano y los Comités de Vigilancia, nos resulta difícil creer que tal cantidad de atentados sean posibles, siendo una población totalmente desarmada y vigilada.
Aparte de ello, habría que señalar dos cosas: La Central de Intelligence Agency (CIA) -a la cual se le ha culpado – a pesar de todo los aparatos sofisticados que tienen, los recursos económicos que posee y el personal altamente entrenado, demostró ser muy incapaz por fallar tantas veces. Y, por la otra parte, el servicio secreto cubano G-2 de igual manera no supo contener, advertir y evitar tantos atentados. Obviamente, los dos criterios son errados.
Segundo mito: los EE.UU se quieren apoderar del petróleo
Estoy seguro que tanto usted como yo, hemos leído o escuchado esta frase cliché y mediática de algunos gobiernos populistas, sobre todo de Venezuela, de que los Estados Unidos se «preparan para invadirnos y tomar nuestro petróleo». Otros han legado que es su gas, otro su oro, etc. En el caso de Cuba, Fidel Castro nunca dijo que se iban a robar la caña o los habanos cubanos, sino que se «iba a invadir la isla». Eso le inculcó a los cubanos durante casi cuatro décadas y, obviamente, nunca sucedió.
En la década de los noventa y con el surgimiento de Hugo Rafael Chávez Frías al poder, florecieron otros gobiernos en la misma dirección política y la tónica fue la misma: se acusaba a la Unión Americana de tramar apoderarse de las riquezas naturales de esos países. Venezuela tuvo la voz cantante en ese sentido en referencia a un producto codiciado, necesario y muy cotizado hasta hace algunos años: el petróleo.
Fue tal paranoia en esa propaganda en Venezuela, que pudimos ver por la prensa y noticieros, como famélicos y viejos venezolanos se «ejercitaban y preparaban» militarmente para enfrentar a los americanos y el gobierno le compraba armamentos a Rusia para «enfrentar al invasor yankees». Tal ridiculez solo podía provenir de una mente febril de un analfabeto y conductor de autobús.
Pero, como dijera el filósofo Sófocles: «Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja». Todas estas patrañas, mitos y falacias, la realidad, el tiempo y los hechos se han encargado de desenmascarar. Los Estados Unidos a pesar de invadir a Irak y poder hacerlo en Libia, nunca se aprovechó de apoderarse del petróleo de esas naciones. Mucho menos lo iba hacer con Venezuela.
Hoy en día, los Estados Unidos debido a iniciativas, búsqueda en su propio suelo, la revolución del «fracking», la aplicación «híbrida» a su parque motorizado, el uso moderado del consumo, ya satisface el 90% de sus necesidades energéticas y es la nación que encabeza el ranking de los 10 países de mayor producción de gas y petróleo en el mundo, superando a Arabia Saudita y a Rusia de acuerdo al anuario estadístico del 2015 presentado al mundo por British Petroleum con sede en Londres.
Venezuela ya no aparece en los 10 primero lugares y en cambio, sucumbe ante un desabastecimiento espantoso y una PDVSA totalmente descalabrada y saqueada. Destruyeron -imitando a Fidel Castro- todo el aparato industrial y productivo de la nación y ahora están dando lástima por la carencia que los arropa. Pusieron los huevos en una sola canasta.
La realidad vs. el mito
Los Estados Unidos siempre ha sido una nación que trabaja arduamente en el presente con visión hacia el futuro. Tras la primera crisis del petróleo del 23 de agosto de 1973 -lo que dio paso a la creación de la OPEP- comenzó ha almacenar en silos, parte del excedente de compra del oro negro. Ya tienen tanto petróleo almacenado, que no hay espacio para más.
A eso se añade, la explotación por medio de fracking y los otros medios ya conocidos, que recientemente el congreso americano ante el excedente que tiene la nación, dio el visto bueno para que se comience a exportar petróleo -algo que estaba prohibido- a otras partes. De ser el mayor consumidor pasó ahora a ser exportador y encabezar la lista en producción mundial.
Hace poco los medios noticiosos incluyendo este diario AlMomento.net, dieron a conocer la noticia de que la Venezuela «antiimperialista» ha terminado por comprarle petróleo al mismo «imperio del mal». Como dice el refrán: : «Culpa del tiempos es y no de España»
Sobrada razón tuvo Adolfo Hitler Polzl cuando dijo: «Las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña».
jpm