Por LEONARDO JAQUEZ
Cuando todos creíamos que el lambonísmo y la lisonjería eran actitudes humanas que se supeditaban a extractos educativamente inferiores en la sociedad, vemos como un séquito de intelectuales de la élite perfumada seleccionados por el Ministerio de Cultura, premian al escritor peruano y ciudadano español Mario Vargas Llosa.
A raíz de éstos hechos nos formulamos la siguiente inquietud, como puede habitar en el alma humana tanta indignidad y tan poquísima vergüenza. Como se le ocurre a ese jurado del Ministerio de Cultura premiar con dinero del estado a quien tuvo el descaro de difamar a este pueblo escribiendo en el año 2013 un artículo en el diario elpais, uno de los diarios en español más leído del mundo, en el que situó sobre el mapa de la República Dominicana una bandera nazi cuya imagen en nuestro ideario solo nos recuerda una de las épocas más oscuras de la humanidad en la que en Alemania se asesinaba, violaba y torturaba a niños, mujeres y hombres ante la sola presunción de que pertenecían a una inferior especie humana.
Esta afrentosa premiación por parte de unos pseudos intelectuales nos recuerda la obra del Hombre Mediocre del escritor argentino Jose Armenteros, en la que critica las diversas manifestaciones humanas de servilismo y lambonísmo que a veces aflora en nuestras sociedades. Y es allí donde se ha situado el conjunto de miembros del jurado que otorga el Premio Pedro Henríquez Ureña. Con esta tan criticada premiación se han colocado donde están situados los lambones, los servilistas, los vilezos, los lameculos y los indignos.
Agregar que recientemente su hijo Gonzalo Vargas Llosa representante, hace unos meses atrás, de la ACNUR en el país, fue trasladado hacia otra nación producto de las presiones que ejercieron importantes grupos ciudadanos que se cohesionaron ante las constantes declaraciones públicas injerencistas y difamatorias que emitía. Por lo que, ya no solo estaríamos hablando de que el premio se le otorgaría al escritor que difamó el país sino que también se le estaría entregando al padre de quién también atacaba permanentemente a la República Dominicana, esta vez desde el mismo suelo patrio.
Ante este hecho humanamente indigno, políticamente afrentoso, y moralmente vulgar, los ciudadanos dominicanos que aun albergamos en nuestro corazón el sentimiento de amor por esta sacrificada, valiente e imperecedera Patria, esperaremos desde ahora, pacientemente, que llegue el mes de abril para estar presentes en la Feria del Libro 2016, espacio que se utilizará para la entrega el premio.
Convencidos de la certeza de nuestras convicciones, estaremos allí expresando con la bandera nacional sobre nuestros hombros, que nuestro país, a pesar de que aún están crudas las cicatrices provocadas por las tantas intervenciones militares extranjeras que hemos padecido, todavía tiene fuerzas en los músculos patrios y aun el sonar de nuestra gallarda voz tiene la potencia para retumbar cualquier pretensión extranjera que procure lacerar nuestra alma nacional, humillando y pisoteando la República Dominicana, una nación reconocida por el mundo como símbolo de lucha, sacrificio, resistencia y sangre.
jpm

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