Este viernes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibirá a su homólogo ruso, Vladímir Putin, en Alaska. El encuentro, anunciado con pompa en Truth Social, se presenta como un intento de alto nivel para poner fin a la guerra en Ucrania. Pero si algo nos ha enseñado la historia reciente, es que cuando Trump se sienta frente a Putin, la balanza tiende a inclinarse hacia Moscú.
Desde su primer mandato, Trump ha cultivado una relación ambigua con el líder ruso. En Helsinki, en 2018, evitó confrontarlo por la interferencia electoral. En múltiples ocasiones, lo ha descrito como “un tipo duro” y ha minimizado las agresiones rusas en Europa del Este. Ahora, como presidente reelecto desde enero de 2025, Trump vuelve a apostar por una diplomacia personalista, con una propuesta que ya ha encendido alarmas: un “intercambio de territorios” entre Rusia y Ucrania.
La idea, según Trump, “beneficiaría a ambos”. Pero ¿quién define ese beneficio? Moscú exige que Kiev ceda regiones ocupadas como Donetsk, Lugansk, Zaporiyia, Jersón y Crimea. Zelenski, excluido de la reunión, ha sido claro: “No pueden tomarse decisiones sin Ucrania. Sería una decisión contra la paz”.
Simbolismo
La elección de Alaska como sede no es casual. Más allá de su cercanía geográfica con Rusia, el simbolismo es potente: un territorio que fue ruso hasta 1867, ahora convertido en escenario de una negociación que podría legitimar la ocupación de tierras ucranianas. ¿Es esta una cumbre de paz o una escenificación de poder?.
Trump ha impuesto aranceles a países que compran petróleo ruso y ha amenazado con sanciones si no hay avances. Pero su tono hacia Putin sigue siendo indulgente. “No quiero decir que sea un asesino, pero es un tipo duro”, dijo esta semana. ¿Es esa la voz de un mediador imparcial?.
La guerra en Ucrania ha dejado decenas de miles de muertos y millones de desplazados. Las tropas ucranianas, agotadas y mal equipadas, siguen resistiendo en el frente. En Pokrovsk, un comandante lo resumió así: “Es imposible negociar con ellos. La única opción es derrotarlos”.
Rendición disfrazada
La reunión de Alaska podría marcar un punto de inflexión. Pero si se concreta un acuerdo sin la participación de Ucrania, basado en concesiones territoriales, no será una victoria diplomática. Será una rendición disfrazada. Y Trump, con su historial de complacencia, corre el riesgo de legitimar una invasión que el mundo ha condenado durante más de tres años.
En mi opinión, la paz no se construye ignorando a las víctimas. Y si esta cumbre excluye a quienes han pagado el precio más alto, será recordada no como el fin de una guerra, sino como el comienzo de una nueva era de impunidad.
jpm-am


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