Por una política económica de guerra
En un mar embravecido, la principal y quizás única consigna es sobrevivir. En un país que tiene crisis profunda, es hora de tomar medidas de emergencia. Las reformas pueden ser necesarias, pero lo trascendental es dar el siguiente paso y poder seguir adelante.
Hay reformas que en medio de la presente situación sanitaria y social del país, hay que postergarlas. Sus planteamientos no coinciden con las necesidades nacionales, y su implementación puede ser traumática. No hay condiciones para implementarlas, ni paras hacerlas cumplir.
El hombre y sus hechos son producto de circunstancias, antes que de caprichos personales. El arte de poder gobernar es escuchar con sentido crítico, y saber cuándo se da el paso al frente o se retrocede. No se pueden realizar reformas en medio de una crisis, cuando lo importante es remendar para seguir a flote.
Pero se dan particularidades. La reforma económica sería un desacierto, pero un paso firme la reforma de la Policía. Son dos causales independientes, con distintos orígenes, pero presas de coyunturas difíciles y de procesos donde se tiene que hilar fino.
Los dominicanos no soportan una reforma económica. Un puñado de empresarios, en sectores determinados, son los únicos que han pasado con buen pie esta pandemia. Los demás tienen el agua hasta la barbilla. Incluyendo el importante sector turístico.
A pesar de los esfuerzos locales, el turismo arranca lentamente. No es problema nacional, sino de cómo está la situación en Europa y los Estados Unidos. Las reaperturas que se han dado en esos países han sido traumáticas, y sus economías están paralizadas.
Sería muy optimista pensar que con la muerte rondando y los vaivenes de una economía congelada, miles de personas visitaran al caribe a pasar quince días de vacaciones. Además hay grandes empresas multinacionales que han tenido que cerrar sus puertas.
La reforma económica y fiscal golpeará a todos los sectores nacionales. Cierto que el colectivo se tiene que sacrificar por el bien del país. Pero no se puede aceptar el suicidio social. No hay condiciones ahora mismo para una reforma económica que en forma incontrolada seguirá disparando el costo de la vida.
Lo que si se demanda es la puesta en marcha de una política económica de crisis, de guerra, porque estamos en lucha contra la pandemia y sus colaterales, y buscar la creación masiva de empleos, sobre todo para los que venden fuerza muscular. Aceptemos el sacrificio colectivo, pero quitemos presión a la caldera para evitar que se produzcan estallidos no convenientes.
JPM

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