PLD: auxilio, llamen el 911

Dicen que el 911 funciona bien, ¡por suerte! El PLD lo necesitará. Leonel Fernández se victimiza. Considera que sus compañeros de partido lo traicionaron con el déficit fiscal que le cargaron en el 2012, y otras yerbas.

Sin 911 en funcionamiento, Fernández quedó herido en las calles desde aquel octubre, rodeado de jóvenes irreverentes que lo abucheaban dondequiera que llegaba o sospechaban su presencia. Los desplantes aumentaron y su popularidad, ya en declive desde 2011, siguió en picada.

No valió discurso, ni artículo de prensa, ni comparaciones con Moisés o Buda, ni defensa de terceros en los medios. Fernández era el malo y Danilo el bueno. La dialéctica se explayó y las comparaciones proliferaron. Ni el viento de cuaresma aligeró la carga.

La narrativa de “Leonel el malo” fue sustentada con hechos de corrupción, y ahí se descarrilaron sus planes de volver en el 2016 sin sustos ni sobresaltos. La antorcha se esfumó, y al hijo adoptivo lo acusaron de corrupto (los peledeístas) y luego lo absolvieron (también los peledeístas).

Danilo Medina arroyó en la convención del comandante y consolidó su mayoría. Nuevos y viejos se apilaron en el frente danilista, y el cohete explotó el 19 con mandato de reelección. ¿Acatar decisión? ¡Oh no! Allá en Metro, junto al mar, el salitre pudo más que el viento.

Herido de gravedad, Fernández sacó sus tropas con mandato de guerra. ¡Firme! ¡Firme! Desde entonces la libran en el congreso y en los medios, aunque al pasar los días se apague la firmeza. Es venganza para aliviar las penas y herir a Medina y compartes que se creen ahora dueños y señores de la finca peledeísta.

Para Fernández subir Medina tiene que bajar porque la política es relacional, es competencia, lucha de poder; más desgarradora aun cuando las reglas no son claras ni respetadas. Por eso la Constitución Dominicana es una casa de prostitución.

El espectáculo de confrontación en el otrora partido de la unidad y la racionalidad es singular. Ellos propagaron la diferencia (por bochismo o pragmatismo), y muchos opinantes olvidaron que la política dominicana es una actividad de apropiación de riqueza, o lo que el barbudo olvidado llamó acumulación originaria.

Al igual que el PRSC post-Balaguer, cuando terminó el liderazgo único y se armó el titingó, y al igual que el PRD donde las tendencias dominaron hasta consumir el partido porque no hubo liderazgo único a pesar de la ascendencia de Peña Gómez, el PLD enfrenta ahora la crisis de transición del liderazgo hegemónico. El predominio lo tuvo Fernández por 16 años, y ahora Medina mide fuerzas en el cuadrilátero con aval de popularidad. Con un período de cuatro años no se conforman, (¡oh no!, el poder da seguidilla), y piensan que más vale pájaro en manos (aunque retorcido) en el 2016 que cien volando en el 2020.

En esta lucha se apela constantemente a la Constitución, que de tanto escribirle artículos olvidaron esclarecerlos. Para todo tema hay siempre una controversia. Que si se necesita referendo o no, que si la convocatoria es ley orgánica o no, que si votan dos terceras partes o no. Dicen incluso que hay cinco llaves ¡qué fucú!

Los optimistas esperan pan y vino para anunciar armonía aunque vean heridos por doquier. Los oposicionistas esperan con gran entusiasmo el derrame de sangre para salir de la mala racha.

Uno o lo otro, que se prepare el 911 porque de esta lucha no salen ilesos los peledeístas. Es mucho dinero por medio con un presupuesto inflado de préstamos; la glotonería los arropa y muchos andan a cuchillazos.

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