OPINION: Expresos, la película de Jesús Villanueva

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Expresos, la película de Jesús Villanueva, es una obra importante, no solo por el tema que trata y la buena aceptación que ha tenido de parte del público, sino también porque marca punto de partida en la producción cinematográfica evangélica. En este sentido, valoro a Expresos como un importante esfuerzo y una buena contribución a la cinematografía evangélica nuestra.

Lo mejor que le pudiera pasar a la cinematografía evangélica, es que en esta incipiente etapa surgiera con ella una crítica orientadora que le sirva de referencia, una crítica que comprenda sus limitaciones y pondere dentro del contexto sus perspectivas. Esto apuntaría al surgimiento de un cine evangélico de impacto que alcance una valoración artística competitiva que le permita establecerse en un plano que esté más allá de una temática con matiz expresamente religioso.

El posible auge de las producciones cinematográficas de factura evangélica deberá ir paralelo con el surgimiento de una crítica bien formada y académica. Una crítica cimentada en una   sólida formación teológica y artística que pueda abordar con propiedad y altura el análisis de nuestras producciones cinematográficas.

Porque hay que admitir que el cine es un arte complejo, aglutinador de recursos técnicos, de expresiones diversas, de variadas combinaciones artística en la que   convergen el teatro, la música, la literatura, el lenguaje, la fotografía y otros agregados estéticos que lo definen como un gran campo de realización creativa. Por algo se le llama el séptimo arte.

EL AUTOR es escritor de temas cristianos.

Aunque no estoy especializado en cine, tengo dos motivaciones para este abordaje. La primera es que soy evangélico, y como tal, ante todo fenómeno importante que surja en estos linderos, en alguna medida me llama la atención y reacciono. Además, es una obra que busca presentar los principios de la fe a través de un tema de gran actualidad y controversia como es el problema de la violencia de género.  Lo segundo es que   se trata de arte, y todo arte me genera cierta provocación a lo que tiendo a reaccionar de la manera que sé hacerlo: escribiendo.

Naturalmente, ante el loable esfuerzo de Villanueva de hacer un cine de cierto nivel competitivo en estos escenarios, hay que señalar algunas limitaciones. Hay que considerar que la producción cinematográfica, por lo regular, tiene costos muy elevados. El patrocinio y la inversión en esta área, si existe, es muy limitado. El arte dramático y la actuación tienen poca tradición entre los evangélicos. No tenemos academias.

Proyectos de este tipo no siempre logran madurar su propuesta en el grado deseado. Está presente la urgencia de un pronto retorno de lo invertido. En fin, el inventario de precariedades es extenso, por lo que lograr una realización cinematográfica aceptable en estas condiciones   es siempre una osadía que debe celebrarse.

A mi juicio la obra tiene buenos momentos. El panel de género fue una buena excusa, para informar y trabajar el tema de los derechos dentro de la vida de pareja, además la participación del personal actuante me la encontré muy buena. La participación de Johan Paulino y Kelvin Araujo fueron actuaciones de calidad. Felicito de manera especial la actuación de Villanueva y la de Massiel Fermín. También me encontré acertadas las escenas donde los presos recuerdan el pasado que los llevó a la cárcel.

Hay que señalar que al aspecto narrativo visual le faltó realismo, y no confundamos realismo con sobre actuación, porque cuanto más natural se muestran los acontecimientos, mientras más verosímiles aparecen ante nosotros, más nos impactan. Y hay momentos en que se empuja la actuación escénica como para subrayar la línea temática con un exceso de dramatismo que se hace notable en casi todos los momentos, lo que le resta naturalidad a la obra. En buen arte el excesivo interés por lo explícito y pedagógico no debe sacrificar lo sugerente y estéticamente bien concebido.

En su libro “Carta a un joven novelista”, Mario Vargas Llosa se refiere a la famosa teoría de Bertolt Brecht sobre la distanciación, que este dramaturgo y escritor quiso aplicar al teatro.  Vargas Llosa es de opinión que la intención propagandística e ideológica de Brecht le restaron a su obra, algo muy importante, y era el poder de persuasión, que es el recurso que busca acortar la distancia que separa la ficción de la realidad y, borrando esa frontera, hacer vivir, en este caso al espectador, como si estuviera viendo la más imperecedera verdad, como si estuviera viendo en la película la más consistente y sólida descripción de lo real.

Para Vargas Llosa perdía valor estético lo que hacía Brecht, cuando intencionalmente proponía como su interés principal   que los espectadores pudieran asimilar las lecciones de filosofía política que pretendía impartirles con sus obras de teatro.

Si para un escritor de novelas mantener el poder de persuasión es de suma importancia, lo es también para el director de una película, pues se trata de seducirnos, de convencernos de su verdad y hacernos vivir lo que se nos cuenta como si lo experimentamos en carne propia.

Esa es mi observación, y felicito a Jesús Villanueva porque le está dando apertura a un espacio y a una alternativa misionera cultural que creo es muy auspiciosa. Ojalá que quienes sigan los pasos de este pionero, se preparen mejor, aprovechen el terreno que él está recorriendo, y no caigan en la tentación de abrirse paso en este complejo y exigente mundo de la cinematografía simplemente atraído por la fama y por el dinero, sino que se preparen técnicamente, que se preparen bíblica y teológicamente para hacer propuestas a través de la pantalla grande que, sin menoscabo de la estética, tengan impacto para gloria de Dios y promoción de su Reino.

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