Prefacio
Que yo recuerde, a lo largo de mi existencia como ser humano, no hay ni ha existido en el discurrir de la historia de la humanidad, un conflicto tan complicado, duradero y participativo como ha sido la disputa religiosa y territorial entre Israel y el mundo árabe. Es milenario y ha ocupado los titulares de la prensa en el mundo moderno desde hace mucho tiempo.
De igual manera, al pasar el tiempo, se ha complicado mucho más, porque en la medida que ha crecido la diversidad cultural y política entre las naciones y entran los intereses geopolíticos de los que indirectamente intervienen en el problema, el mismo se hace mucho más grande y complejo, pues ya no son solo dos actores enfrentados, sino también, naciones con motivaciones distintas involucradas. Y es aquí, en esta parte de la problemática, en donde, ante la proliferación de tantas armas mortíferas hoy en día, hay una expansión del conflicto global y peligroso.
Dos temáticas son las claves fundamentales en este dilema milenario: La territorial y la religiosa. Evidentemente, dos temas muy álgidos e incompatibles por la naturaleza propia de estas dos culturas religiosas y naciones de diferentes maneras de pensar y accionar, para determinar, quién realmente es dueño de esas tierras en conflictos.
Los actos terroristas, así como las brutales orgías de sangre en los kibutz israelí al sur de la nación y cometidos por el grupo terrorista de Hamás, han dejado a nivel mundial una sensación de estupor, desprecio y rechazo, ante hechos tan crueles, insensatos y criminales contra seres inocentes, como niños durmiendo en sus cunas que fueron degollados con sañas y brutalidad. Igual, como el asesinato de mujeres, ancianos y familias enteras, algunos de ellos quemados vivos que no actores en la confrontación entre árabes e israelíes. Nada justifica tanta alevosía y crueldad.
Como era de esperarse y, más aún, con una nación como Israel, que no perdona la maldad en contra de sus ciudadanos y que, más temprano que tarde, se las cobra a quienes la cometen, su reacción no podía ser menos y ha arremetido con dureza y continuidad con bombardeos en contra de la ciudad de Gaza, para acabar de una vez y por todas, con tantas provocaciones y actos terroristas en contra de la nación, que lo único que ha deseado siempre es vivir en paz con sus indeseables vecinos.
Creo, sin exagerar, que si hay en la historia una nación que lleva al pie de la letra y con sobrada justificación la conocida tercera ley de Newton, la cual establece que: «Toda acción genera una reacción de igual o mayor intensidad, pero en sentido opuesto», ha sido Israel. En su existencia como país de temple y bravía, ha sabido defenderse solo ante los embates históricos de sus enemigos y en ese tenor, tiene el derecho de usar la fuerza apropiada cuando lo requieran las circunstancias o cuando sea agredida como ocurrió. La reacción de sus agresores, al sentir el poder demoledor de sus armamentos, no justifica el posterior lloriqueo al mejor estilo de la historia de la gatita de María Ramos, y de venderse al mundo como «las víctimas».
Pero, vamos a dejar a un lado, estas disquisiciones e irnos a la historia, para buscar la génesis del problema y a quién de las partes -si en verdad han existido- la historia les da la razón.
Israel en la historia y «Palestina» en una falacia
¿Qué es la historia? Se define como la disciplina o ciencia social, que estudia y expone, de acuerdo con ciertos principios y métodos, los acontecimientos y hechos que pertenecen al tiempo pasado y que constituyen el desarrollo de la humanidad desde sus orígenes hasta el momento presente.
Su importancia para entender y conocer el discurrir del ser humano es tan esencial, que Carl Edwar Sagan, astrónomo, escritor, astrofísico y cosmólogo estadounidense, autor de «Los dragones del Edén» y «El mundo y sus demonios», dijo: «Hay que conocer el pasado para poder entender el presente». Sagan, no está equivocado pues, una de las fallas en el entendimiento de la crisis árabe- israelí, es la distorsión exprofeso de esa parte de la historia por sectores interesados. Veamos…
Ante los acontecimientos de esta crisis política, religiosa y territorial, he quedado sorprendido, cuando algunos periodistas, médicos, abogado e Ing. agrónomo (El Pinocho del Bronx) y hasta sociólogo (como Melvin Mañón, que se «alegró» del degollamiento de niños israelíes por parte de Hamás), se han montado de manera alegre en la falacia mediática del llamado «pueblo palestino», porque la historia la han contado de manera subjetiva y distorsionada. Yo, en cambio, un simple bachiller (como me calificó El Pinocho del Bronx) la asumo de manera objetiva, como debe ser, para emitir mis juicios ajustados a los hechos registrados en ella.
En sintonía con lo anterior, haré una sinopsis de los hechos registrados en la historia, para determinar con ellos, quiénes son los genuinos propietarios ancestrales de estas tierras, que han ocasionado tantas muertes, luchas y exacerbado el odio entre los israelíes y los árabes , y que se ha tornado en un problema generalizado, que podría desembocar en una confrontación global de niveles impredecibles.
1-a): Cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, invadió las tierras judías en el 606 a-C, la historia no registra en ninguna parte que allí habitaban ciudadanos llamados «palestinos», sino judíos.
2-b): Cuando Tiglath Pileser III, rey de Siria, hizo lo mismo en el año 736 a-C al invadir las tierras judías, la historia tampoco registra que en esos predios había «palestinos», sino judíos.
3-c): En el Museo Egipcio de El Cairo, se encuentra allí la llamada «Estela de Merneptah», conocida también como la «Estela de Israel», descubierta por Flinders Petri, en Tebas (1896), que da cuenta de la existencia de Israel, cuando fue invadida por Merneptah, faraón egipcio y allí dice:…»Canaán está saqueada con todo mal; se lleva a Asqaluni; se apoderó de Gezer; Yanoan se hace inexistente; Israel está asolado; su descendencia ya no existe» (año 1208 a-C), período de la Edad de Hierro. Se menciona a Israel, no a «Palestina».
4.-d): La historia registra, en sus páginas, la rebelión de Bar Kojba, (132-136 a-C) encabezada por un judío del mismo nombre en contra del Imperio romano, que ocupaba la tierra de Judá o Judea, que formaba parte de las 12 Tribus de Israel (no de «Palestina»). El emperador Adriano tomó represalias y mataron a unos 580 mil judíos y miles expulsados, quedándose algunos en Galilea, Golán y el valle de Bet Shean. Adriano borró del mapa el nombre de Judea, del Israel antiguo y la nombró Siria-Palestina, para cortar el vínculo de los judíos con su tierra natal. Por igual, bautizó a Jerusalén como «Aelia Capitolina».
5.-e): Antes que naciera el islam, 1600 años atrás, ya Jerusalén era hace más de tres mil años la capital de Israel, siendo esta nación la primera en declarar a Jerusalén su capital bajo el mando del rey David.
6.-f): Israel es la única nación en el mundo, que guarda su propio lenguaje, sigue su misma religión y tiene sus mismas fronteras hace más de tres mil años.
7.-g): Palestina, es el nombre de la colonización israelí. A los judíos se les llama «judíos» porque vienen de Judea, pero, ¿dónde queda Judea? Pues en Israel. Pero, a los árabes se les llaman «árabes», porque vienen de Arabia. Entonces, cabe preguntar: ¿Quién ocupa a quién?
8.-f): Un dato curioso a señalar es que, la letra «P» no existe en la lengua árabe, entonces, cabe preguntar: ¿Y cómo la identidad de un pueblo que se identifica como «palestinos»se utiliza una letra que no figura en su lenguaje?
9.-g): Otro dato significativo es que, los musulmanes no existían cuando Roma ocupó Judea y la renombró «Palestina». Si usted, amigo lector, compara un mapa de cómo era Israel, notará que a los Hijos de la Estrella de David, les han quitado tierra con estos tratados que han hecho, contrario a la propaganda mediática, aviesa y falaz en decir que Israel le has quitado tierra a los mal llamados «palestinos».
Vale resaltar, que lo del nombre de «Siria-Palestina», fue con la finalidad de zaherir el orgullo de los judíos sobre sus tierras, y poner el nombre de sus acérrimos enemigos, los filisteos. El significado de la palabra «Palestina» es «tierra de los filisteos» según las Sagradas Escrituras. Hay que aclarar, que este término nada tiene que ver con el nombre que se han autoproclamado los árabes islamitas, incultos, pobres y desarropados, localizados en la Franja de Gaza, que fueron rechazados por su propia etnia y que, hoy se creen dueños ancestrales de las tierras de Israel. Como hemos visto, los «palestinos» no aparecen en ningún relato de los que he mostrado de la historia más arriba.
Epílogo
Israel, la historia y la falacia de Palestina
Siento vergüenza ajena, cuando escucho o leo a profesionales como sociólogos, abogados, periodistas, Ing. agrónomos, médicos, escritores, que se supone tienen cierto bagaje cultural y una formación académica, montarse ligero en el tren del engaño, de las falacias y del odio, para atacar de manera virulenta a una nación como Israel y proclamar a viva voz una identidad falsa como pueblo o nación, como ha sido la mal llamada «Palestina».
Si partimos de los datos y pruebas que he suministrado más arriba, acorde a los hechos registrados en la historia universal, yo como un simple bachiller me parece que he estado al lado de la verdad y respaldado por los acontecimientos que he citado, porque he sabido interpretar la historia con objetividad y raciocinio, no con sesgos ideológicos, políticos o motivado por el odio.
Ahora bien, como muestra de este fanatismo irracional en contra de los judíos, yo me pregunto: ¿Si la existencia del Estado de Israel (14 de mayo 1948), es la razón por la cual existe el conflicto árabe-israelí, por qué sucedió la masacre de los árabes contra los judíos en el 1920, mucho ante que existiese como Estado? La razón verdadera es, porque existe un antisemitismo puro y simple, más allá de un problema territorial. Este dato, los profesionales que he citado, de manera aviesa, lo pasan por alto, quizás por ignorancia unos y por alevosos y llenos de odio otros.
Pero, debo advertirle a esos profesionales de la inquina en contra de Israel, que el Supremo pelea por Israel, y así lo establece en Isaías 54:17 cuando dice: «Ninguna arma forjada contra ti prosperará y condenará toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová y su salvación de mí vendrá»
Señores de la maldad y el odio hacia ese pueblo elegido de Dios, Israel es fuerte y nadie podrá contra él, porque Dios lo protege y así lo ha demostrado a lo largo de su historia. Israel, resistió a Babilonia y triunfó, resistió a los persas y triunfó, resistió a Grecia y triunfó, resistió a Roma y triunfó, resistió la Inquisición y triunfó, resistió a los árabes y ganó, resistió a los rusos y venció y resistió a los nazis y triunfó. Hoy este valeroso pueblo, imbatible en la historia porque tiene en sus filas al Jehová de los ejércitos, también saldrá victorioso.
jpm-am


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