Por años, el Desfile Dominicano del Bronx fue una fiesta de identidad. Un día para que la comunidad se apropiara de Grand Concourse con banderas, bachata y orgullo quisqueyano. Era del barrio y para el barrio. Hoy, cada vez más, parece una pasarela para políticos en campaña y figuras que buscan cámara más que comunidad.
PERDIO EL FOCO
Lo que debía ser un homenaje a la diáspora dominicana se ha llenado de carrozas con logos de candidatos, camisetas con eslóganes electorales y “personalidades” que nadie ve el resto del año en El Bronx. Aparecen en agosto, sonríen para la foto, prometen “trabajar por la comunidad” y desaparecen hasta el próximo verano.
Mientras tanto, los verdaderos protagonistas —los bodegueros que dan crédito, las madres que crían solas, los jóvenes que abren camino en la universidad, los pastores que sostienen familias en crisis— quedan relegados a las aceras. Aplaudiendo. Viendo pasar.
POLITICA SIN COMUNIDAD

El problema no es que vayan políticos. Es que vayan solo a figurar. El desfile no puede ser un trámite de relaciones públicas. Si un funcionario se sube a una carroza, que también se baje a las escuelas sin aire acondicionado, a los edificios sin calefacción, a las esquinas donde la violencia le robó un hijo a una madre dominicana.
La comunidad del Bronx no necesita más fotos. Necesita presupuesto para programas juveniles, apoyo a pequeños negocios y presión real contra los desalojos que están borrando el rostro dominicano de vecindarios enteros.
“PERSONALIDADES” SIN PESO
Lo mismo pasa con las llamadas “personalidades”. Influencers de temporada, cantantes de un solo éxito, supuestos líderes comunitarios que no lideran nada. Usan el desfile como alfombra roja, pero no usan su voz para denunciar lo que duele: la renta imposible, la salud mental ignorada, la criminalización de nuestros jóvenes.
El respeto no se gana con un minuto de tarima. Se gana con 364 días de trabajo.
DELVUELVAN EL DESFILE A LA GENTE
El Desfile del Bronx debe volver a sus raíces. Menos políticos buscando votos y más escuelas, clubes culturales, ligas deportivas y organizaciones de base al frente. Menos “personalidades” de poca monta y más reconocimiento a la señora que lleva 30 años vendiendo yaniqueques y pagó la universidad de tres hijos.
Que desfilen los que construyen. Que hablen los que resuelven. Que celebren los que se quedan cuando se apagan las cámaras.
Porque el orgullo dominicano no cabe en una foto de campaña. Vive en la gente que, con o sin desfile, sostiene al Bronx todos los días.

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