Los economistas suelen ser muy rígidos y los políticos muy simplistas en la presentación o proyección de estadísticas sobre desempeño económico global o sectorial, por lo que casi siempre contrastan la severidad de unos con la temeridad de otros en sus planteamientos.
Lo expuesto por el profesional de la economía casi siempre sirve de insumo a funcionarios y políticos para acomodar estadísticas a propios intereses o convenientes, aunque sea necesario desvirtuarlas o mutilarlas.
El problema de interpretación de una realidad económica se torna más difícil cuando quien la analiza es un economista con rango de funcionario, un político con ínfula de economista o ambas penas a la vez.
Son muchos los mentados comunicadores que asumen, divulgan y promueven criterios o afirmaciones enrarecidas, que, aunque emanadas de políticos o economistas, fueron diseñadas para responder a intereses corporativos.
A causa de ese enredo, la población no logra entender y menos conectar con trascendentes iniciativas oficiales como serían los fideicomisos públicos y las exenciones de aranceles a importaciones de productos básicos industriales, agroindustriales y agropecuarios.
Desde litorales estatales y político se mercadea la especie de que dos más dos serian cinco o tres y que es posible un círculo cuadrado. Todo dependerá de la de la habilidad que se emplee para convencer a la gente de que la matemática y la geometría han cambiado.
Un ejemplo de lo que aquí digo sería afirmar que la inflación no se combate con medidas monetarias y estímulo a la producción agropecuaria, sino con rápidas importaciones de lotes de productos para mitigar temporalmente escasez o carestía, algo así como darle al moribundo una copa de buen vivo.
Un economista ortodoxo no se atrevería a afirmar que la figura de la estanflación (bajo crecimiento económico con elevada inflación), sería cáncer inminente en economías agobiadas por la carestía en insumos y fletes, como tampoco un político comedido diría que crisis económica y gobernanza no congenian.
Para que se produzca una coyuntura de estanflación se requiere que la economía ingrese en términos técnicos en situación de recesión (crecimiento negativo durante dos años consecutivos), sin control en el Índice General de Precios, Eso no ha ocurrido.
La economía de Chile decreció en febrero en 0,7% y su nivel de inflación se elevó a 7,2% con perspectiva de 8,2% a final de año, lo que cualquier medico diría que son síntomas del carcinoma de estanflación que padecen la mayoría de las naciones de la región. No es aconsejable jugar a la ruleta rusa.
JPM

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