Mis lágrimas por Yulenz Thomas: a diez meses del crimen

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Hablar con los muertos
forma parte del sincretismo cultural del Pueblo Dominicano. Se habla con los
muertos bajo el resguardo de miradas y oídos indiscretos en el interior de una
habitación. Se habla con los muertos en el espacio bendecido de una iglesia. Se
habla con los muertos en el contexto inerte de una tumba. Se habla con los
muertos en los espacios virtuales de las redes sociales.

Es un diálogo que, en
realidad, no es. Es más bien monólogo.
Un monólogo que intenta buscar
respuestas a preguntas nunca hechas, que pretende encontrar soluciones a
problemas extraterrenales o anhela cicatrizar heridas cuyos surcos traspasan el
alma.

El día 7 de octubre,
desde mi ventana, palpé la insondable inmensidad de la oscuridad de la noche,
fue entonces cuando no pude evitar hablar con Yulenz Thomas:

“Es increíble, Yulenz,
pero hoy 7 de octubre, 9 meses después de tu asesinato, es cuando vengo a
llorar por ti. Lloré por el miedo que sentiste, por tu desamparo y por tu
indefensión; porque no tenías armas para defenderte. Lloré porque estaba tan
oscuro. De seguro, ni las caras de tus
enemigos podías ver. Y tal vez fue mejor
que no vieras su odio, la perversidad de sus miradas, los gestos
diabólicos de sus rostros, los ademanes distorsionados de sus cuerpos…

¿Sabes, Yulenz? Después que te asesinaron, iluminaron ese espacio de la calle donde tu
cuerpo fue encontrado ¿Por qué ahora, después del crimen? Probablemente ahora
todos sienten miedo. Saben que tus asesinos andan libres y que en cualquier
momento volverán a atacar, si no lo han hecho ya.

Lo siento mucho,
Yulenz. Lamento que huyeras del desorden y de la miseria de tu País y llegaras
al mío; desbordados sus límites, por la
violencia, la criminalidad y la impunidad. Lamento tanto que tus deseos de ser
una persona productiva hayan sido truncados.

Esos desalmados no sólo
mataron tus sueños. Asesinaron los esfuerzos de los médicos que te ayudaron a
venir al mundo aquel día de un mes cualquiera de hace ya 19 años. (Sí, hubieses
cumplido 19, si te hubiesen dejado vivir.) Esos seres despreciables,
despedazaron los sacrificios de Islande para que tú estudiaras. Pisotearon con
desprecio el amor de tu padre. Lanzaron al abismo la paciencia, la entrega y
dedicación de tus maestros. Arrancaron
bruscamente la admiración de tus condiscípulos. No sólo te mataron a ti,
Yulenz… Hirieron de muerte a esta
sociedad.

Lamento que mis
“autoridades” hayan sido incapaces de apresar a tus verdugos. Todavía andan
“investigando”, y los entiendo. Es un
proceso muy “complejo” y requiere tiempo y peritos especiales. ¿Y qué de los
representantes de tu país en estos contornos? Para mí, no se enteraron de tu
existencia; mucho menos, de tu muerte.
Es probable estén de viaje. ¿París?, ¿Suiza?,
¿Aspen?, ¿Bariloche?, ¿Mar del
Plata?, ¿Punta del Este?, ¿Miami?, ¿Algo más cerca? … ¿Punta Cana? Descarto
Aspen, pues es otoño en Estados Unidos, por lo tanto no podrían usar esquíes.
Por igual, Bariloche. Los demás, simples posibilidades para disfrutar del lujo,
del boato, de la buena vida.

¡Existe la buena vida,
Yulenz! Tú, yo y millones más la proporcionamos a unos cuantos “tigüeros”.
Respecto a ti, siento que te hayan tratado como basura, como nada, como a un
pobre.

Te pido, descanses en
paz, a pesar de todo; y que le pidas a Dios por mi País y por el tuyo. Pídele nos ilumine, de tal manera así
podamos transformar nuestra sociedad.

Dios te dé paz eterna,
Yulenz; aquella que El otorga a las almas nobles, a los sacrificados, a los
humillados.”

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