Manolo

 
 
Manolo, tu  no necesitas apellidos. Eres único e irrepetible. Viviste tu momento social y político. Abriste el camino que te dictó tu conciencia. Luchaste por la libertad y te tornaste inmortal. Breve  margen  físico de lucha, pero tu anegación y tu sacrificio te abrió las puertas a la inmortalidad.
Manolo, de ti hay que hablar en presente, los hombres que levantan grandes ideales nunca mueren, siempre están presentes y son materia de consulta, sobre todo cuando sacrificaron su vida en la búsqueda de un ideal.
Con el paso de los años tu memoria ha crecido, y los que te fusilaron nadie los recuerda. No importa donde cayeras fusilado, eres el mejor ejemplo a seguir por la juventud dominicana de ayer, hoy y siempre.
En mi adolescencia seguí en pensamiento e ideas a tres grandes hombres, y en un lugar especial La Palabra. A pesar de mis lecturas marxistas-leninistas-trokistas-maoístas, siempre tuve a mi lado el sermón cristiano. La voz  de  un salvador llamado Jesús.
Jesús es verbo hecho realidad. No son imágenes, ni catedrales perfumadas. Es conocer la verdad, para que la verdad nos pueda hacer libres. La esencia del cristianismo, la palabra y no los símbolos, el sermón del mártir de la cruz, nunca estuvo alejado de la mística revolucionaria. Los excesos de la izquierda  nunca fueron revolucionarios, y fue una torpeza si  cayó en conceptualizaciones  falsas o negadoras  del desarrollo libre de las ideas, lo  que pagó con su disolución.
Tres líderes me insuflaron sus ideas: Fidel, El Ché y Manolo. La historia se encargará de hacer la valoración precisa de cada uno. Manolo cometió errores en la lucha práctica, negarlo no empequeñece su figura, por el contrario fueron efervescencias  de su época, de sus circunstancias.
En el país, en el momento de la muerte de  Trujillo, había condiciones para que llegara un gobierno de concertación nacional. No era un instante para la implementación de un sistema de izquierda ni de liberación nacional clasista. Había que tratar de conseguir el poder con los remanentes trujillistas no ligados a la sangre, sobre todo con la juventud de las Fuerzas Armadas.
Manolo rechazó ese borrón y cuenta nueva, que hubiera permitido la unidad  de los militares trujillistas a una línea de concertación. Fueron esos militares hechos por Trujillo los que propiciaron la revolución de Abril del 65, apenas dos años después del fracaso guerrillero de Manolo.
El futuro de la lucha revolucionaria no era ir a las empinadas montañas de Quisqueya, para una aventura condenada al fracaso, sino profundizar las contradicciones entre los segmentos militares trujillistas, que  luego se lanzaron a luchar por el retorno a la constitucionalidad  y enfrentar al interventor norteamericano. Sin los militares que sirvieron y sostuvieron  a Trujillo, hubiera sido imposible iniciar la revolución del 65.
Manolo fue presa de un momento de emoción prometiendo que ante un golpe de Estado se iría a la montaña: no había condiciones para ese levantamiento, y descuidó la preparación  y el desarrollo de la lucha de las masas. El fracaso acecha a un dirigente máximo cuando es presa de su palabra y no de las circunstancias. A Manolo lo empujaron al martirologio, los que luego no supieron mantener la unidad y levantar sus ideas redentoras. 
JPM
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