Los presidentes también se exponen

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

Hace algo más de dos semanas la comidilla de la sociedad de Santiago, especialmente la empresarial, fue el aparente plantón que el presidente Danilo Medina dio a un grupo de inversionistas que le había invitado  al inicio de un nuevo hotel en esa ciudad.

Aunque el mandatario había confirmado su presencia y la actividad figuraba en la agenda, llegado el momento los presentes se quedaron esperándole.

¿Qué razón tuvo el jefe del Estado para desestimar, a última hora, la invitación, sobre todo si ese mismo día había acudido al inicio de un nuevo proyecto empresarial del ingeniero Manuel Estrella, también en esa ciudad?

Lo que se ha podido averiguar luego de esa situación, es que las consabidas «razones de Estado» influyeron para que el mandatario no asistiera al acto de inicio del proyecto turístico AC Marriott Santiago.

Aunque los colaboradores de Danilo no lo han explicado, la cancelación obedeció a que a última hora se estableció que entre los accionistas del proyecto—y seguro asistente al acto—estaba una persona judicialmente cuestionable.

Cuando los organismos encargados se percataron de la vinculación del señor Jesús Fernández Ramírez se optó por no exponer al primer mandatario a posiblemente ser fotografiado con esa persona a su lado.

Si bien se ha explicado que Fernández Ramírez no fue imputado, sus empresas en el área de la diversión fueron incautadas por el Ministerio Público por trata de personas y lavado de activos.

Hemos podido indagar que el hecho de que a otros cinco socios de las empresas incautadas se les formularan cargos, alrededor del señor Fernández Ramírez hay nubarrones en los cuales no sería justo permitir que el presidente se viera inadvertidamente envuelto.

De ahí que los organismos de inteligencia alertan al equipo de Danilo sobre la desagradable experiencia que estaba a punto de vivir, lo que significa que a los gobernantes hay que cuidarles de verse envueltos en esas nebulosas aún sea en circunstancias protocolares, como habría sido el caso.

No es ocioso recordar la desagradable experiencia de un español presentado al presidente Leonel Fernández como un caballero empresario y luego resultó ser un narcotraficante de gran calado que operaba el envío de cargamentos de drogas hacia Europa. Fue una falla de inteligencia.

Lo ocurrido con la ausencia del presidente Medina del acto en Santiago resalta la importancia de esas llamadas razones de Estado, las cuales pueden obedecer, en un momento dado, a circunstancias variadas fuera del dominio de la gente común.

Pero sobre todo evidencia que, aun siendo el ciudadano mejor informado, el presidente de la República no está exento de sorpresas desagradables que luego habría que explicar del porqué de las cosas.

 

Nelsonencar10@gmail.com

 

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