En la sociedad dominicana, como en muchas otras, solemos confundir dos términos que no siempre significan lo mismo: ser culto y ser intelectual. La confusión no es menor, pues de ella depende el valor que atribuimos al conocimiento, a la opinión pública y al liderazgo social.
Un culto es, en esencia, una persona que ha acumulado conocimientos. Puede haber leído muchos libros, conocer fechas históricas, citar autores clásicos y desenvolverse con soltura en conversaciones eruditas. Su cultura se mide, en gran parte, por la cantidad de información que maneja y la amplitud de sus referentes.
El intelectual, en cambio, no se define solo por lo que sabe, sino por lo que hace con ese saber. El intelectual no acumula datos como un archivo, sino que reflexiona, cuestiona, interpreta y produce pensamiento crítico que ilumina a la sociedad en la que vive.
Su conocimiento no es un adorno, sino un compromiso con la verdad, con la justicia y con la transformación social. De ahí que no todo culto es intelectual. Hay cultos que se limitan a ser repetidores de lo que otros escribieron, incapaces de crear una idea propia o de confrontar su contexto con rigor.
Pueden deslumbrar en una tertulia, pero no aportan soluciones ni propuestas. Por el contrario, hay intelectuales que, sin ser exhibicionistas de datos ni grandes coleccionistas de títulos académicos, poseen la capacidad de pensar con lucidez, analizar críticamente la realidad y proponer caminos distintos. La diferencia es, por tanto, sustancial.
El culto se mide por lo que sabe; el intelectual, por lo que piensa. El culto brilla en la acumulación; el intelectual, en la reflexión. El culto puede ser individualista; el intelectual se debe a la sociedad.
En tiempos de crisis social, política y ética, la sociedad no necesita tanto cultos de biblioteca como intelectuales comprometidos. Los primeros adornan, los segundos transforman. Reconocer esta diferencia es vital para no dejarnos seducir por discursos vacíos que suenan profundos, pero que carecen de la fuerza creadora del pensamiento crítico.
En conclusión, los cultos necesariamente no son intelectuales, y es el intelectual -más que el mero culto- quien contribuye a la construcción de ciudadanía y al avance de los pueblos.
jpm-am

Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
El Salto de la Pulga: Se espera mejor explicación del INABIE
Juan Luis Guerra y Manny Cruz juntos en «Nieve en Verano»
CORAAVEGA y una licitación que merece respuestas
Martínez impulsa proyecto con encuentros “Un café con Abel”
CMD vigilará garantías médicos imputados en caso Senasa 2.0
El artificio de la coacción: cuando la fiscalía tributaria secuestra las garantías
Cecilia García vuelve: «Perdida Mente» en el Teatro Nacional
Gonzalo realizará encuentros este sábado en Santiago
Trump: “La narrativa del control” y “La fuerza del relato”
Llama a empresarios de la RD a mantener “la coherencia ética”

