Este artículo estaría dedicado al acuerdo por el que el país permitiría la entrada temporal de extranjeros deportados de Estados Unidos y que la nota que llegó a los medios de comunicación dejaba en nebulosa, ya que faltó una palabra que cambiaba todo: deportados.
Entonces quedaba así: la entrada temporal de personas en tránsito, una redundancia que oculta la verdadera razón del convenio, que luego el Congreso dijo desconocía.
Esta sería la base del escrito de hoy, pero de repente otro feminicidio y la forma en la que son abordadas estas tragedias giró el texto. Mas, por coincidencia o por cosas del inconsciente, el fondo es casi el mismo, los términos, cómo pueden variar un contexto.
Las muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex son atribuidas a la “violencia machista” y de esa definición no salimos, no miramos a ningún otro lado y nadamos en esas orillas.
Tiempo ha que tenemos múltiples organizaciones que dicen luchan por la igualdad, por la equidad, por los derechos de las mujeres, pero su impacto parece solo mediático, solo declaracionismo, sin acciones reales que ayuden.

En el caso de esta nueva víctima, el matador también acabó con su vida. Sin embargo, todo gira como en otras ocasiones, hacia una condena con los términos de siempre y que abarca a quien ose decir que una persona que mata y se mata afrontaba situaciones que ameritaban atención.
Son frecuentes las opiniones que describen al hombre agresor como un monstruo, sin ir más allá, sin un análisis más profundo y son conceptos tan repetidos que ya pierden efecto, como los refrescos hace rato destapados.
Es como si no quisiéramos ver y nos quedamos estancados en una tesis que no ayuda a combatir el problema y que no nos permite ver que esta humanidad necesita una revisión seria, que el trabajo debe hacerse desde pequeños, tanto con los niños como con las niñas.
Crear seres asertivos, con buena salud emocional, con amor propio y esto va para ambos sexos, es igual a una sociedad sana, fuerte, fomentar una verdadera equidad, sin dejar partes convenientes de un sistema lesivo, generará cambios profundos.
Que a las hembras sí hay que enseñarles el valor de la autonomía, que las mujeres no pertenecemos a otras personas, lo mismo que ningún ser humano y de igual modo, inculcarles que el hombre no es nuestro proveedor.
Así con el varón, que el respeto por nosotros mismos es extensivo a los demás y que nada justifica el maltrato, que tenemos el derecho y el deber de hacer un alto y de buscar ayuda ante situaciones que nos sobrepasan.
En cuanto a las autoridades deben asumir con seriedad su deber de protectoras y de formadoras. Instruir sobre la sana convivencia, sobre la verdadera igualdad, sin esperar que la gente llegue a la cárcel.

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