Libertad y libertinaje
Es pernicioso confundir libertad y libertinaje. El ejercicio de cada una de estas palabras es muy disímil. La primera apunta hacia la responsabilidad de las personas en sus actos cualquiera que sea su naturaleza. La segunda, el libertinaje, alude desenfreno. Los valores que deben abrazar la población dominicana para ser digna ante el país y el mundo están puntualizados en el preámbulo de nuestra Constitución a punto de cumplir cuatro años y cinco meses de entrada en vigencia. Esa ley de leyes que nos rige es puntual en el sentido de aferrarse a los principios fundamentales de la dignidad humana, a saber: libertad, igualdad, imperio de la ley, justicia, solidaridad, convivencia fraterna, bienestar social, equilibrio ecológico, progreso y paz. Los citados principios-dice el texto antes aludido- son «factores esenciales para la cohesión social». Sostengo y reafirmo que la mayoría del dominicano es gente buena y trabajadora. Cada día se levanta temprano para trabajar en empresas públicas o privadas y en variopintos negocios inventados para salir a flote en un espacio donde la subsistencia tiene el pico más elevado. Se trata de gente digna que sigue los parámetros de las enseñanzas de sus padres y madres que le criaron para bien. En ese grupo hay una buena parte -y nadie debe quedar atrás en esto-, que está aprendiendo a leer y a escribir. Cuando éstos se adentren a la lectura apreciarán la importancia de la libertad, de la igualdad y de la justicia conforme a la ley y no a los antojos personales. A pesar de que ahora se vive «encerrado» el dominicano conoce la importancia de la solidaridad y convivencia fraterna, a la vez que es amante del bienestar y la paz. Pero, como dice el refrán, «nunca falta un pelo entre un sancocho». Viene al caso en quienes en lugar del respeto y la armonía hacia los demás se abrazan al libertinaje. Cruzan semáforos en rojo, invaden la propiedad ajena, echan la basura en la acera del vecino, roban las piezas a los vehículos, cables y todo lo que se les antoja, asaltan y matan. Estos últimos que se inclinan por el libertinaje parecerían que dominan «la cancha». De ahí que el resto que ama la libertad debe asumir la función de árbitro para que se cumplan las reglas. En todos los ámbitos, aunque sea con denuncias a instancias que quieran oír y actuar, es preciso poner en evidencia a quienes gustan del libertinaje que empaña la libertad.

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