La República Musical de Joan Chamorro: un ejemplo de gobernabilidad empática

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El autor es doctor en Ciencias Filosóficas (PhD) y encargado de publicaciones del INESDYC, órgano académico del Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana. Reside en Santo Domingo.

Por Enrique Soldevilla Enríquez

Desde que descubrí su magia melódica en YouTube he imaginado que Joan Chamorro es el presidente de una República Musical fundada en el 2006, distinguida por su liderazgo empático visible a través de una forma gubernativa que escucha a los ciudadanos y se enfoca en armonizar, mediante políticas públicas, los intereses individuales, y los de los distintos grupos en que se estructura la sociedad, con los ideales más generales de convivencia políticadeseada.

Con su capital en Sant Andreu, Barcelona, su gobernabilidad empática logra armonizar los intereses individuales legítimos con los intereses más generales a que aspira su gente. Su exitosa política pública tiene resultados: la Sant Andreu Jazz Band, un sistema social sustentado en la cultura, que este año, 2026, celebra su vigésimo aniversario reconocido como una cantera inagotable de músicos bajo la estrategia pedagógica de su carismático presidente.

De su gabinete de gobierno se destacan Ignasi Terraza, ministro del teclado;  Josep Traver ministro de cuerdas y Esteve Pi, ministro de percusión. En sus relaciones exteriores, donde el propio Joan Chamorro es el canciller, ha logrado la colaboración de ilustresintérpretes del jazz, como Scott Hamilton (saxo tenor), Jesse Davis (saxo alto), Joe Magnarelli (trompeta) y Dick Oatts (clarinete y otros instrumentos de viento), quienes actúan como asesoresparticipantes.

Así, Joan Chamorro logra la armonización entre el brillo del individuo y la solidez del colectivo de intérpretes. La gobernabilidad empática se manifiesta aquí en su forma más pura, porque el líder no es un dictador de batuta, sino un facilitador que entiende que el orden de convivencia nace de la escucha, del apoyo y de la cooperación, no de la imposición.Cuando un joven talento se levanta para realizar un solo, ejerce su libertad individual, su capacidad de improvisación y su voz propia, y ese vuelo solo es posible porque tiene detrás una estructura —la big band— que le proporciona el sustento armónico y rítmico.

Hay ahí un equilibrio de intereses donde el grupo no anula al individuo, sino lo potencia. A su vez, el solista sabe que su lucimiento es una contribución al relato colectivo. Existe una empatía en la que los veteranos apoyan a los novatos, y los niños pequeños aprenden, por ósmosis y afecto, que su nota aportada es vital para el ‘swing’ de la comunidad.

En la gobernabilidad empática ejercida por el presidente Chamorro el poder se manifiesta como autoridad moral y respeto mutuo. No busca que los músicos obedezcan, sino que sientan la música con la misma intensidad que él. Es una gestión de la pasión y del talento que acepta el caos del aprendizaje como parte de un proceso sistémicocomplejo.

Al integrar a diversas generaciones en un mismo escenario Chamorro propicia una participación ciudadana donde el éxito de su República Musical no se mide solo por la calidad de sus discos, sino también por la solidez de los vínculos humanos creados mediante un modo de relación dialoganteaplicado al arte, que produce su genuino PIB.

Algunos que empezaron siendo niños son hoy figuras consagradas del jazz europeo, como Andrea Motis (trompeta y voz), la primera gran estrella del sistema social Sant Andreu. Se unió a los 7 años y registró su primer volumen con Chamorro a los 15. Grabó para el prestigioso sello disquero Blue Note y ha participado en varias giras internacionales; Elia Bastida (violín, saxo y voz), quien introdujo el violín jazzístico en la banda con una maestría técnica inusual, convirtiéndose en una de las solistas más prolíficas de la República Musical, y Rita Payés, cuyo talento natural para el trombón y su voz aterciopelada la convirtieron en un fenómeno global.

Otros jóvenes destacados son Eva Fernández (saxo y voz) con una carrera como solista; Magalí Datzira (contrabajo y voz) con un estilo muy personal; Joan Mar Sauqué, trompetista de elegancia técnica excepcional; Alba Esteban (saxo barítono y clarinete), y Alba Armengou (trompeta y voz), cuya interpretación vocal en un simple ensayo de la pieza “Embraceable youcompite a nivel mundial.

Para concluir con el símil político diría que la República Musical de Joan Chamorro nos enseña que el orden social más estable no es el vigilado, sino el que la gente sienta como propio. Quizás es hora de que muchos líderes empiecen a escuchar un poco más de jazz.

sp-am

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