Ya estamos a ley de unas semanas de las próximas elecciones generales y el panorama electoral luce monótono; no se ve ningún cambio en la correlación de fuerzas. Todo parece indicar, según la realidad palpable y la mayoría de las encuestas, que el presidente Medina, de manera fácil, saldrá vencedor de ese certamen por lo que podrá repetir cuatro años mas al frente de la primera magistratura.
Y es que no se nota auge alguno en los demás candidatos que le siguen a una distancia considerable, incluyendo al candidato que debería estarle haciendo el contrapeso, Luis Abinader, el que todavía luce débil, por lo que no atrae a su proyecto a la masa de votantes potencialmente proclive a dejarse arrastrar por innovadoras propuestas, y el poderoso imán de un líder carismático, importante característica de la que adolece dicho candidato.
Mientras eso sucede en la oposición, ocurre todo lo contrario en el proyecto reeleccionista. Su candidato, Medina, cuenta en su haber con casi cuatro años al mando y concitando en ese período una gran atención y popularidad por sus constantes inauguraciones de obras públicas y privadas, donde se incluyen una gran cantidad de edificaciones escolares, viviendas, carreteras y las exitosas “visitas sorpresas”.
Una carta importante, es la que jugará el presidente cuando inaugure la importantísima extensión de la segunda línea del metro. Ahí es donde veremos como la popularidad de Medina se fortalecerá al máximo llevándolo todavía mas cómodamente a obtener una arrolladora victoria electoral.
Para que cambien las perspectivas actuales tendrían que ocurrir acontecimientos de peso; de gran contundencia, que tengan la potencialidad de erosionar seriamente la popularidad del presidente y candidato.
Lo que ocurre en Brasil, aunque creó algunas expectativas en contra de la reelección, parece que por ahora no la afectará, pues según los investigadores de la operación Lava jato, que desfalcó a la petrolera estatal brasileña, PETROBRAS, el gobierno dominicano no ha sido hasta ahora, implicado en esa acción criminal, la que ha comprometido seriamente la estabilidad del gobierno presidido por la izquierdista Dilma Rousseff.
Como he planteado en entregas anteriores, la reelección es prácticamente un hecho consumado. El 16 de mayo probablemente veremos a los opositores aduciendo que hubo fraude, que perdieron por el uso de los recursos del Estado y una serie de otras alegaciones que son el fruto del clásico pataleo post electoral propio de nuestro subdesarrollo y rezago institucional.
jpm

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