A diario pensamos, analizamos, reflexionamos y hasta tomamos decisiones en base a lo que anteriormente hemos planteado como colofón de entrada del presente escrito; sin embargo, casi nunca nos detenemos a pensar, de si en verdad estamos tomando las decisiones correctas cuando decidimos pensar con calidad.
Es innegable, que el ser humano está plagado de mezquindades, de impurezas mentales, de miserias humanas, las cuales, muy poco nos atrevemos a reconocer que viven en nuestro interior, batallando en contra de aquellas buenas intenciones que también solemos poseer y que muchas veces no explotamos a lo mejor porque no nos dan la oportunidad, o porque sencillamente, el caparazón que cubre la parte egoísta que tenemos es tan gruesa, que hasta nos olvidamos de que también somos seres en cuyas interioridades también existen cosas buenas que podemos dar para beneficio de otros, que no necesariamente tiene que ser en el aspecto material.
Que pena me dan aquellos, en cuyo interior se anidan ejércitos de negatividades con las cuales no solo dañan a los demás con sus palabrerías malsanas e hirientes, sino que terminan haciéndose un daño terrible a su interior, cuya gangrena mental no les permite ver más que el YO indisciplinado, malcriado y soez que yace en la mente pobre de quien nunca da un paso de avance para desarrollar esas potencialidades tan necesarias para el perfeccionamiento y el bien común!!
Pensar con elegancia para al final tener riqueza mental, es cosa de aquellos que en su interior practican el lado bueno o positivo de las cosas. Claro, sin perder la perspectiva de que vivimos en un mundo en donde yacen por doquier gérmenes y ejércitos provocadores a dañinas situaciones, las cuales debemos enfrentarnos cada día para poder resistir y optar por el triunfo frente a las adversidades que el día a día nos depara.
La pobreza mental, más que un estado del cual se debe ser valiente para salir de ella, es una situación poco decorosa que al final termina destruyendo a quien la posee. Sépase usted que lee el presente artículo, que quien es pobre mentalmente, solo le espera el camino de la infelicidad, pues el pobre mental, sufre con el triunfo del otro, inventa situaciones para dañar a quien cree su rival no sabiendo que el rival de quién es pobre en su psiquis, es el mismo.
La pobreza mental produce envidia, resentimientos; retrasa las buenas intenciones y carcome poco a poco los nobles pensamientos que pudieran tenerse para terminar hundiendo a quien la posee, dentro de un denso y oscuro laberinto interno, el cual, solo le proporciona soledad espiritual, infelicidad, sorderas para escuchar la parte dulce de la vida, lo que se traduce más temprano que tarde en sintomatología física que hasta enferma nuestro cuerpo.
El pobre mental nunca propone cosas tendentes a mejorar. Casi siempre abre su boca para con el triste y nauseabundo ruido de su desesperación interna dañar, insultar, ofender, calumniar, pues, es tan baja su autoestima que termina creyéndose el Superman de la triste película, la cual estoy totalmente convencido no le deja siquiera tener calma ni paz espiritual a la hora que trata de conciliar el sueño bajo su almohada.
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