POR RAMFIS RAFAE PEÑA NINA
No regresaron del pasado… nunca se fueron. Solo aprendieron a esconderse mejor.
La historia no es una línea recta: es un ciclo que se disfraza de presente. Lo que creemos enterrado reaparece con otro nombre, otra cara, pero con la misma esencia de poder, ambición y destrucción.
Figuras como Gengis Kan, Hitler, Pol Pot, Calígula o Nerón no necesitan resucitar físicamente para volver a existir. Sus patrones de conducta, sus métodos y su lógica de dominio encuentran nuevos cuerpos donde habitar.
El poder absoluto, cuando se desborda, siempre produce el mismo resultado: la negación del otro, la anulación de la vida y la justificación del horror como estrategia.
Hoy no vemos imperios conquistando a caballo, pero sí sistemas que amenazan con borrar culturas, economías y pueblos enteros con decisiones frías, calculadas y deshumanizadas.
La arrogancia del poder sigue siendo la misma. Como aquel Shah que desafió al más fuerte y provocó su propia ruina, la historia demuestra que el orgullo sin sabiduría es siempre el inicio de la destrucción.
Lo inquietante no es que estos fenómenos existan, sino que se repitan con tanta facilidad. Cambian los discursos, evolucionan las herramientas, pero la esencia permanece intacta.
Vivimos en una era donde todo se ve en tiempo real. La tecnología ha quitado el velo: lo que antes se sospechaba, hoy se observa en directo, sin filtros ni distancia.
Esto genera una crisis interior: la duda. Dudar de lo imposible, de lo que antes parecía exageración o mito, ahora se vuelve una reacción natural frente a lo evidente.
Las referencias bíblicas ya no parecen tan lejanas. Plagas, opresión, líderes endurecidos, pueblos sometidos… la condición humana repite sus errores con precisión inquietante.
La mayor contradicción no está en los poderosos, sino en la sociedad que los permite. Abundan los que traicionan, los que juzgan sin verdad, los que lavan sus manos… y escasean los que sostienen la justicia.
La pregunta no es si la historia se repite. La pregunta es por qué seguimos interpretando el mismo papel, una y otra vez, sin aprender.
jpm-am


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Referente a un Shah,que refiere el articulista,para comprobar qué alude Peña Nina,traigo a colación un documental que recién ví en Netflix,o Amazon+,sobre cómo terminó sus días quien fuera el Shah de Iran, cómo él,con miles de millones de dollares en bancos extranjeros, sufrió con un cáncer ,buscando y rogando lo acepten exiliado,para recibir tratamientos de salud.Nadie lo quería en sus países,y murió por una mala cirugía,despreciado,desterrado
Tienes razón, así fué el triste final del último Sha Reza Palevi, al que me refiero fue en la época Gengis Kan, este último intentó por medios pacíficos presentarse como tal, con la intención en conseguir permiso para poder pasar por su imperio hacia otras tierras, y el arrogante Sha le contesto fusilando a los emisarios, esto provocó la furia de Gengis Kan y destruyó totalmente el imperio del Sha quien igual que el último Sha Reza Palevi, ambos murieron huyendo por el mundo, fruto de su arrogancia como vemos hoy a los imperialistas volcados en arrogancia.
Es así,el Shat Phalevi de irán, igual que Napoleon Bonaparte,se coronó Rey/ Emperador, con unos lujos inmensos y caros,sacados de las costillas de los iraníes,era implacable y criminal,tuvo la fortuna,de que Méjico lo acogió en una de las muchas paradas de su viacrucis del exilio,calificados doctores especialistas mejicanos,le ofrecieron someterlo a la urgente cirujía que necesitaba,pero él y sus antiguos amigos los despreciaron ,xenofobia.Luego,quiso volver a Méjico, quién con mucha razón,no lo aceptó.
En el mismo tenor,también se puede citar la humillación a que supuestamente sometió Trujillo al tirano y criminal Fulgencio Batista,el dictador cubano, quién al entrar Fidel Castro triunfante a la Habana en 1959, salió huyendo en un avión hacia Santo Domingo,llevándose tremendas riquezas,esquilmadas,al sufrido pueblo cubano.
La Santa Biblia relata,si mal no recuerdo en el libro de Daniel,que por su arrogancia y maldad,el rey Nabucodonosor, terminó comiendo yerba con los animales salvajes en los potreros.
De la mismas formas,Augusto Pinochet y Manuel Noriega,arrogantes y malvados,vivieron inesperados malos ratos, el primero detenido en Londres y el segundo,largos años preso en Estados Unidos,luego en Francia,de donde salió enfermo a morir en su país.