En Baní, Santo Domingo o cualquier otro lugar del territorio nacional usted se encuentra con haitianos ilegales que van al vecino país a visitar sus familiares y retornan al país con normalidad. En el peor de los casos con un ligero retraso para reintegrarse a sus labores.
Recientemente me enteré del caso de una haitiana joven y laboriosa que realiza labores de limpieza la cual fue apresada por la famosa “camiona” y deportada a su país de origen pero que regresó en un santiamén.
Llevamos décadas reforzando la frontera dominicana con el incremento de militares y tecnología pero la misma sigue tan porosa como siempre.
Ahora la “panacea” es un muro fronterizo que conlleva una gran inversión y que de seguro será otro fracaso más.
Los Estados Unidos han utilizado esa y múltiples formas y los cruces fronterizos no se detienen. Imaginémonos aquí con una cultura del fraude tan extendida.
Sellar una frontera como la dominico-haitiana con más de 300 kilómetros de extensión es una tarea sumamente difícil pues el factor económico (afán de lucro) de un lado, unido a la desesperación del otro lado, siempre encontrarán la fórmula de burlar las trabas.
Mientras, el país gasta una fortuna deteniendo, deportando y tratando de impedir que el ingreso irregular al país.
No parece haber fórmulas mágicas para controlar esta situación, más toda vez que la crisis haitiana sigue deteriorándose.
Las naciones poderosas a las que el país siempre ha reclamado acudan en auxilio de Haití han demostrado tener suficientes recursos para la guerra y los daños que las mismas implican.
Con los recursos bélicos invertidos en Ucrania, más la destrucción causada, se resolvían la casi totalidad de los problemas haitianos. Pero ese es otro tema.
Este círculo vicioso que vivimos con la emigración ilegal de haitianos requiere de un patriotismo que parece agotado, a veces convertido en poses o disfrazado de patrioteria barata.
Parte de la emigración haitiana tiene un lado positivo que a veces no queremos admitir. Muchos de ellos integran una mano de obra imprescindible para el desarrollo de la nación en diferentes renglones.
En esos no debemos perder tiempo ni recursos en su deportación. Y por su trayectoria muchos merecen vivir en paz y ser legalizados.
Los esfuerzos deben concentrarse en los que delinquen, los depredadores y aquellos que no aportan nada al país.
Y en cuanto a la frontera se necesitan leyes más rigurosas contra los dominicanos, civiles y militares, que se hacen cómplices de los inmigrantes ilegales, y hacer más énfasis en la calidad que en la cantidad de efectivos que son enviados a protegerla.
jpm-am


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