Si todo lo que se dice o especula sobre una posible reforma a la Constitución -que no es ninguna tabla de Moisés ni lienzo pétreo o “terminado”- resultara cierto, aunque fuere en parte, no estaríamos hablando de complacer una voluntad, si no de complacer varias voluntades y hacer viable un acuerdo político que, para algunos, podría no ser el más conveniente u oportuno; aunque sí el que sus promotores, abiertos o solapados, procuren por disímiles razones, conveniencias o matemática política. De modo, que, reducir el interés o aspiración de modificar la Constitución a las “apetencias” de un sólo hombre, como se quiere vender, es como decir que vivimos en una sociedad de desmemoriados, o más gráfico, decir que, con la reforma constitucional de 2010 -maximalista-partera-, sólo se rehabilitó al ex Presidente Hipólito Mejía.
Igual me parece todo el relato jurídico-periodístico-mediático que se viene enarbolando para satanizar lo que ha sido una recurrencia histórica-cultural. Porque: ¿qué es un intento de reelección? Sencillo, es, para no alargar el cuento, lo que Joaquín Balaguer nos ensenó -70-78-90-94-, lo que Hipólito Mejía hizo en 2003, lo que Leonel Fernández, sin impedimento constitucional, hizo en el 2008 (mas escarceos reeleccionistas -firmas e “ingenieros constitucionalistas”- en el 2012); y también, lo que Danilo Medina hizo en el 2015, logrando -2016- el hito histórico-electoral de ser el Presidente más votado en elecciones libérrimas -¡alcanzó casi un 62%!-.
Pero volviendo al meollo del asunto, cuesta creer, por lo que se dice, que el interés sobre una reforma constitucional, así fuere para la rehabilitación, gire en torno a la aspiración, explícita o no, de un líder -en este caso, de altísima valoración-ciudadana- a sabiendas de que el runrún público habla de múltiples conveniencias políticas-partidarias –de ofertas y contra-ofertas-; por lo tanto, lo canto o augurio de post crisis, ingobernabilidad y furias foráneas, si sucediese, tocaría igual para cada uno de los actores políticos (¡Ninguno al margen!).
Al respecto, y sobre ese posible escenario catastrófico, no estoy del todo seguro que desemboque en lo que sus prestidigitadores -sociólogos, periodistas y ex reeleccionistas- presagian -con un pie en el estribo sin soltar marra-. A lo sumo, entiendo-infiero, habrá turbulencias (¿cuándo no?), o más bien, resabios por cálculos fallidos y derrotas fulminantes…
Por demás, y si se consuma, como se especula -por intereses, político-electorales-coyunturales, múltiples-, tendremos, como ha dicho una experimentada balaguerista en esos menesteres, “mambo”.
Y seguirá siendo así, porque nuestra clase política, ¡toda!, está signada por esa herencia política-cultural. Y como no soy ningún contemplador independiente o ente etéreo, estaré, en lo que decida, con el líder que he seguido voluntariamente: Danilo Medina.


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