La caficultura agoniza sin dolientes

Qué bueno que en la “vista sorpresa” del presidente Danilo Medina a Leonor de Toma, comunidad de la provincia Santiago Rodríguez, se reunió con agricultores de montaña, productores de café, que le expresaron algunas de las penurias y dificultades que tiene la caficultura de esa zona y del país, que le informaron sobre el estado crítico de ese sector. La caficultura dominicana languidece, el 70% de sus plantaciones han desaparecido, las que quedan son muy viejas, salvo escasas excepciones, sobrepasan los 60 años de edad, han sido manejadas inadecuadamente, con paquete tecnológico insuficientes, sin una intervención oportuna cuando han sido afectada por los fenómenos meteorológicos, lo que explica que en la actualidad esta actividad no sea rentable. La caficultura nacional sufre de grandes problemas fitosanitarios, principalmente por la presencia de una enfermedad y una plaga: “Roya” y “la Broca” respectivamente, estas han diezmado significativamente las plantaciones y su productividad. El promedio de producción ronda las 25 libras por tarea, una cantidad insignificante frente a los rendimientos que se obtienen en otros países. Solo en los casos en que Don Rafael Perello, en un ejercicio de responsabilidad social empresarial, ha hecho esfuerzos adaptando y fomentado variedades resistentes que en muchos casos las ha puesto al alcance de los productores nacionales, se puede contar con un esfuerzo para recuperar ese sector, la participación del estado en ese proceso es muy limitado e insuficiente. Los caminos de acceso a las zonas cafetaleras en su mayoría se encuentran en muy mal estado, quienes antes eran pequeños productores de café ahora están formando cordones de miseria en las grandes ciudades del país, o manejando un motochonco para no dejarse morir de hambre. Las pocas familias que quedan en las zonas cafetaleras comparten un drama de pobreza con una población haitiana que vive y depreda esas montañas, ya que el 85% de sus obreros son haitianos. ¿Porque si otros sectores como el turismo, ha recibido el apoyo incondicional del Estado, los caficultores no lo pueden recibir? Al turismo con dinero del contribuyente y con préstamos los suplimos carreteras, aeropuertos, préstamos blandos, policía turística, entre otras facilidades? ¿Por qué no hacer lo mismo con el sector cafetalero?¿No es posible facilitarle un poquito del dinero que queman las generadoras de electricidad? Según Hugo González, Presidente de la Asociación de Caficultores de Villa Trina, el subsector necesita RD$4,0000 millones de pesos, ¿No será posible que parte de los recursos disponibles para la reforestación del “Plan Quisqueya Verde” o de las ONGs del sector medioambiental puedan apoyar el sector? ¿O que banca rentista nacional apoye como parte de su responsabilidad social empresarial? Nuestra propuesta es: que se produzca un relanzamiento la caficultura dominicana, que se declare en estado de emergencia y que aprovechando la infraestructura de producción de plantas que tiene el Ministerio de Medio Ambiente se rescate al sector cafetalero de modo en los próximos tres años se produzcan millones de plantas de café de variedades resistentes a la Roya que permita la renovación y el fomento de una nueva caficultura nacional. Debe mejorarse las infraestructuras de beneficiado del café, los caminos vecinales, y los programas sociales del gobierno deben tener un capitulo de subsistencia para las familias que viven en zonas de montaña. Además fomentar nuevas organizaciones y fortalecer las asociaciones y cooperativas existentes, capacitando a los profesionales agrícolas, porque nueva caficultura amerita de un nuevo agente de desarrollo rural. Debe crearse una unidad de comercialización y promoción del café orgánico dominicano, que se promueva a través de enlaces con el Ministerio de Relaciones Exteriores para crear una marca país de café orgánico rentable y sostenible, porque la calidad y el aroma del café dominicano es incuestionable. Nuestra caficultura no debe ser una actividad de subsistencia, debe valorarse por los servicios ambientales que ofrece a las cuencas hidrográficas del país, por la generación de agua de riego y para consumo, por la protección y conservación de los suelos, por la creación de fuentes de empleo, por la generación de energía limpia que propicia, por la retención de una población que cuida las montañas para que los que vivimos en las llanuras dispongamos de agua. Es urgente que los ministerios de Medio Ambiente y de Agricultura, la Egehi, el Indrhi, el Inapa y la Cassd que son instituciones responsables o beneficiarias directas de esa caficultura que muere sin que nadie se percate de su peregrinaje hacia la tumba, se despierten y actúen. Propongo que se declare el próximo año 2015, “El año para el rescate de la caficultura dominicana”. Porque el sector cafetalero precisa de una gran cruzada nacional en su favor, necesita que pongamos ¡manos a la obra! .

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