Intervención militar Venezuela y reelección presidencial en RD

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EL AUTOR es coordinador general de Alianza País en Estados Unidos.

Danilo Medina dijo desde la residencia de Donald Trump en la Florida, que República Dominicana está dispuesta a hacer “todo lo que sea necesario” para que Venezuela vuelva “a su proceso democrático y en paz”. Esta es una declaración tremendista que tiene que recibir el más enérgico rechazo de los sectores democráticos y progresistas de la Nación.

Con este “todo lo que sea necesario” de cara a Venezuela, Medina puede repetir la trágica y deleznable acción adoptada por Hipólito Mejía, entre abril del 2003 y febrero del 2004, de enviar 602 agentes militares y policiales para reforzar la “Operación Libertad Iraquí”, operación puesta en marcha por  EE.UU. luego que invadiera a Irak bajo el pretexto de que el gobierno de Saddam Hussein disponía de armas de destrucción masiva, armas que nunca aparecieron pero fue la excusa perfecta para asesinar a más de un millón de personas y destruir dicha nación.

Esta proclama “redentora” de un personaje con ínfula de pequeño faraón caribeño se produce, lamentable, a nombre de un país, RD, que Estados Unidos invadió 54 años atrás en nombre de la democracia para abortar el más bello ejemplo de democracia de su pueblo y a nombre de una paz que acabo con la vida de más de 5 mil dominicanos y dominicanas.

La desafortunada declaración del disminuido presidente dominicano se hizo pública al término de una reunión en que participaron otros dos presidentes y primeros ministros caribeños y de la cual estos mandatarios regresaron a sus países con las promesas de que la Casa Blanca enviará en los próximos 90 días “una delegación de alto nivel” a Bahamas, Jamaica, Santa Lucia, Haití y República Dominicana. Esta delegación tendrá como propósito trabajar con “sus amigos caribeños” en la creación de “capacidad de resistencia a los desastres nacionales”, en ampliar “las oportunidades de inversión y la cooperación en materia de seguridad”.

Estas promesas que son tan viejas como viejo es EE.UU., tiene como condición el desarrollo de un trabajo más estrecho entre las partes que tiene como prioridad el apoyo a todo lo que haga EE.UU. para hacer realidad lo que denomina “transición democrática” en Venezuela, transición que puede pasar por una invasión militar liderada por EE.UU.  con contingentes militares de otros países de la región,  como ocurrió con nosotros el 28 de abril de 1965 .

Lo que no se ve detrás de la suscripción hecha por Danilo Medina a la estrategia intervencionista y guerrerista estadounidense es su alocado interés de impedir el “veto” imperial a su re-postulación presidencial.

Es un trágico intercambio de intervención militar por reelección presidencial, lo mismo que pretendió el ex presidente Mejía en el 2004.

De esta manera Medina y su gobierno le ganan la pelea, en lo que a servilismo se refiere, a los líderes del PRM, quienes insistían en la crítica hacia al primero por lo “tímida” y “ambivalente” que había sido su postura al no reconocer al “presidente encargado” ni reclamar “elecciones libres dentro de unos meses”, tal y como habían hechos otros países como EE.UU.

Al envolver al Estado dominicano en esta aventura, Medina se presenta, a la vez, ante el gobierno de Estados Unidos como un “socio” más confiable que su principal opositor político a lo interno de su partido, Leonel Fernández, quien refugiándose en una declaración del Secretario General de la ONU, António Guterres, favoreció una solución “pacífica y política” sin condenar a Maduro ni reconocer “al presidente encargado”.

Al suscribir la estrategia estadounidense Danilo Medina pretende que los actuales inquilinos de la Casa Blanca les perdonen todo lo que arrastra en el caso de los negocios realizados entre el Estado dominicano y Odebrecht y por haber establecido relaciones diplomática, comercial y económica con la República Popular China, principal competidor económico a nivel mundial de EE.UU..

Con su innoble y temerario proceder Medina olvida la historia, incluso una parte de la misma tan reciente como la de Manuel Antonio Noriega, ex presidente de Panamá, quien fue un estrecho colaborador de la CIA, un factor activo en el trasiego de armas, equipos militares y dinero para fuerzas contrarrevolucionarias respaldadas por Estados Unidos en Centroamérica y posteriormente seria derrocado y detenido por fuerzas militares que invadieron a Panamá en 1989.

Algo tan simple como el que EE.UU. no tiene amigos, sino intereses, parece que ha sido olvidado por el aun presidente dominicano. Si le ocurre lo mismo que le ocurrió a Hipólito Mejía cuando fracasó en su intento reeleccionista en el 2004, no se debe descartar que pudiera ocurrirle lo mismo que a Noriega quien pasó más de 15 años en cárceles norteamericanas.

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