A propósito de las atinadas y oportunas declaraciones de mi querida Fellita Caamaño Grullón, prima del inmenso coronel de Abril, Francisco Alberto Caamaño Deñó y hermana del también héroe de abril, mi hermano Claudio Caamaño Grullón, sobre el manto de olvido que cubre la gesta y el tiempo en que nos casamos con la gloria, me llegó un mensaje del pasado, de 1965, con el grato recuerdo de los compañeros que operaron desde la Compañía Dominicana de Teléfonos (Codetel) 24 horas sin parar, durante los primeros siete días de aquel abril que inscribió con letras de oro el rescate de la dominicanidad, del valor espartano de los restauradores del siglo XX, que impusimos el respeto a la Constitución de 1963, a los derechos humanos, al derecho a vivir sin temor y a la búsqueda de la felicidad en la guerra y en la paz.
El acontecimiento político-popular más importante del siglo XX fue el que protagonizamos los constitucionalistas de abril de 1965.
Desde del Grito de Capotillo, el 16 de agosto de 1863, hasta Abril de 1965, el pueblo dominicano había cedido el protagonismo de su historia, por una y otras razones, a fuerzas internas desorganizadas y antipatrióticas y a la presencia permanente de la bota de los Estados Unidos.
Salvo el luminoso período de la ocupación de 1916 a 1924, en el cual hombres y pequeños grupos de guerrilleros mantuvieron en alto la bandera nacional al enfrentar a las tropas de ocupación, principalmente en la región este, el país era víctima de fuerzas nacionales antipatrióticas.
La larga y oscura noche del trujillaje no pudo desarraigar el afán del pueblo por vivir en libertad bajo un régimen de derecho donde la Constitución y las leyes fueran el marco dentro del cual se desenvolvieran sus ciudadanos.
Por esa razón, cuando nos arrebataron la esperanza hicimos buena la estrofa del himno nacional que reza, como escribió el poeta Emilio Prud Homme:
“Mas Quisqueya la indómita y brava
Otras tantas ser libre sabrá
Que si fuere mil veces esclava
Otras tantas ser libre sabrá”
Los distinguidos compañeros que prestaron el inestimable servicio desde la Compañía Dominicana de Teléfonos fueron:
Héctor Victorino, Raquel Gómez Yangüela, Peña, Bueno y Genao.
Eran supervisados por un funcionario canadiense apellidado McCweight.
Merecen ser recordados.
jpm-am

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Faltan detalles, ¿En qué consistió el aporte?…¿En mantener el servicio telefónico operando?…¿O prestaron un servicio más espefífico a los constitucionalistas?