Haití y su descendencia: verdadera anomalía para la RD

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EL AUTOR es periodista, Reside en Juan Dolio, San Pedro de Macorís.

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Nadie más que el delantero haitiano de fútbol Wilson Isidor ha contribuido tanto para hacernos comprender que Haití y su descendencia constituyen una verdadera anomalía para la República Dominicana.

Dado el atraso económico-social e institucional haitiano del presente, es aproximarse demasiado a la histeria considerar los haitianos, que como todo pueblo conserva su identidad y tiene propósitos, representan en la actualidad un serio peligro para la estabilidad interna y esfuerzos desarrollistas dominicanos.

Ningún otro gobierno como el actual, a excepción del de Rafael Leónidas Trujillo, ha puesto en práctica acciones concretas en el plano local e internacional, para blindar al país de las estructuras de seguridad interior y convencer a la comunidad internacional que la República Dominicana no forma parte de la solución haitiana.

Y lo hizo en pleno ejercicio de poder de los demócratas en Estados Unidos, los mismos que idealizaron sacrificar los avances institucionales y políticos de los dominicanos, si fuere necesario, con tal de darle solución al dolor de cabeza continental representado en el deterioro político y económico-social haitiano.

También a contrapelo de la alta dirigencia política opositora que por razones puramente convenencieras (preservar su cercanía con los demócratas estadounidenses para su proyecto de recuperar el poder) de alguna manera combaten la política de seguridad interna del presente gobierno.

“La Federación Haitiana de Fútbol (FHF) pidió que la controversia generada por la expresión «la Hispaniola es Haití. Esto es Haití» del delantero Wilson Isidor, tras la victoria 4-1 sobre República Dominicana, se mantenga en el ámbito deportivo y no sea utilizada con fines políticos”.

Esta es una expresión lapidaria de Isidor de repercusión histórica.

El traslado y estacionamiento de 49 mil tropas a la zona fronteriza junto al inicio de la construcción de un muro destinado a ser estructura de última generación con aditamentos electrónicos de vigilancia que también regule el comercio y trasiego de humanos, mercancías y animales de todo tipo, es un paso que ni siquiera consideraron posible todos los gobiernos anteriores al presente, ya que no era del agrado de sus asociados en Washington y Ongs que operan en Naciones Unidas.

En adición el presidente Abinader y su Cancillería emprendieron, desde comienzo mismo del actual gobierno, una especie de romería ante la asamblea general y el Consejo de Seguridad de la ONU para que este organismo se hiciera cargo de devolver la normalidad al Estado haitiano bajo el asalto de bandas de facinerosos y criminales que asolan ese país.

Contribución de RD a la sobrevivencia de Haití

Quedará grabado en la historia de los dos pueblos como el proceso de regulación migratoria que apenas se inicia con el levantamiento del muro en la frontera se acompañó de una política migratoria pragmática con dos objetivos: uno, preservar la provisión de mano de obra haitiana que tanto necesitan los dos sectores básicos del actual modelo económico dominicano, la construcción y la agropecuaria, y dos mantener el flujo de recursos monetarios y alimenticios que tanto necesita el pueblo haitiano para sobrevivirle a sus actuales penurias.

Había que tener mucho equilibrio y claridad de miras para actuar en esa dirección pues ni la construcción ni la agropecuaria podrían mantener su actual impulso ni la comunidad internacional continental comenzando por Estados Unidos y siguiendo con Brasil, Chile, Venezuela y México con toda su solidaridad fementida con Haití han aceptado oleadas migratorias de los vecinos para aliviar sus vicisitudes.

El precio ha sido muy alto.

Y el mejor ejemplo es el 80-20 (80% haitianos y 20% dominicanos) de los que asistieron al tumultuoso partido de fútbol reciente entre los seleccionados nacionales de Haití y República Dominicana. Probable aliciente que tuvo el futbolista Isidor para su temeraria afirmación.

La presencia de irregulares haitianos en el país, que muchos estiman en cerca o más de 2 millones, fruto de políticas laxas y contubernio con sectores de poder y de la producción dominicanos, es atribuible a los gobiernos anteriores pues ni el muro ni las tropas acantonadas en la frontera dicen otra cosa.

Resta mucho por hacer.

No nos llamemos a engaños. La numerosa fuerza de trabajo haitiana es indispensable para mantener sectores tan importantes como la construcción y la agropecuaria por muchos años más, quizá más de una década. Por fortuna otros dos sectores importantes por su capacidad de generar empleos como las zonas francas y el turismo están bastante regulados, aunque está presente preocupante relajamiento en la contratación que sirve en el comercio, pues hasta en las grandes plazas ya se observa.

Solución ipso facto

Hay una solución “ipso facto” para este problema: el establecimiento, como dicta la Ley que dio origen al Sistema Dominicano de Seguridad Social: el estamento Contributivo-Subsidiado, que traería consigo la total regularización del trabajo en el país. Comenzando por la informalidad de los dominicanos.

Y no es que excluye a la mano de obra haitiana de su derecho de incorporarlos a la seguridad social con todos sus beneficios de ahorro, prestación de servicios de salud y riesgo laboral y demás, si no que el Seguro Contributivo-Subsidiado condicionaría a la mano de obra irregular un permiso de trabajo cuyo mayor garante es el empleador.

Sería únicamente por el tiempo de su contratación y terminada esta, cesarían sus beneficios y pasarían a la irregularidad migratoria y, por tanto, le necesidad de regresar a su país de origen, responsabilidad queda a cargo de su empleador.

En el ínterin el gobierno termina el muro, aporta todo el instrumental electrónico que necesita para su operación incluida instalaciones de bioseguridad impidan el paso de enfermedades y virus para humanos y la agropecuaria, establece destacamentos permanentes en la frontera, hace de los mercados binacionales garantes de comercio sin perjudicar la seguridad migratoria.

El país tiene una Ley 285-04 y un reglamento 631-11, además del Reglamento de Trabajador Temporero de la DGM 001-2026 que regulan la presencia de extranjeros, todo lo cual ha sido confirmado por sentencias históricas del Tribunal Constitucional sobre el particular.

La ONU tiene un serio compromiso con la comunidad internacional de contribuir con sus fuerzas pacificadoras la vuelta a la normalidad en Haití. La vigilancia militar dominicana en la frontera es un verdadero disuasivo a las bandas y demás delincuentes que imperan en el vecino país.

En lo adelante, llevará muchos años Haití constituir unas fuerzas armadas y policía bien dotadas impidan la repetición de la presente tragedia, por lo que supone la ONU seguirá a su lado para ayudarle.

Ojalá que el desarrollo económico y social acompase este esfuerzo. La que siempre tendrá recursos energéticos y facilidad de comercio para contribuir en este propósito es la República Dominicana.

jpm-am 

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