Guido Gómez: madurez política que el fanatismo no perdona
Hay trayectorias que incomodan porque desnudan una verdad que los dogmas no soportan: pensar es evolucionar. Y en sociedades marcadas por la herencia del mesianismo ideológico, quien evoluciona es acusado de traición. Eso es exactamente lo que ocurre hoy con Guido Gómez Mazara.
El reciente artículo de Miguel Espaillat Grullón no es un análisis: es un acto de excomunión ideológica. No se le reprocha a Guido un error factual, ni una falsedad jurídica, ni una incoherencia ética. Se le reprocha algo mucho más imperdonable para el fanatismo: haber salido de la izquierda dogmática y abrazado sin complejos la democracia liberal, el pluralismo político y la economía de mercado.
De la herencia revolucionaria a la responsabilidad democrática
Guido Gómez Mazara no reniega de su origen. Es hijo de Maximiliano Gómez (El Moreno), figura emblemática de la izquierda radical dominicana, forjada en una época de dictaduras, intervenciones y Guerra Fría. Pero confundir herencia con condena perpetua es una forma de autoritarismo moral.
Guido no traicionó a su padre: superó su tiempo histórico. Comprendió —como lo han hecho decenas de intelectuales serios en América Latina y Europa del Este— que el socialismo real no emancipó a los pueblos, sino que los empobreció, los reprimió y los expulsó al exilio. La izquierda que se niega a hacer ese balance no es revolucionaria: es fósil.
Decir que Maduro es un dictador no es propaganda: es evidencia

Espaillat acusa a Guido de repetir “la narrativa de la CIA”. Ese argumento ya no es ideológico: es perezoso. Llamar dictador a Nicolás Maduro no requiere manuales de Gene Sharp ni conspiraciones del Pentágono. Basta observar: Elecciones sin actas públicas verificables, Inhabilitaciones políticas arbitrarias, Presos por razones políticas documentados por organismos internacionales, Un éxodo de millones de venezolanos sin precedentes en la región. Negar esto no es pensamiento crítico: es negacionismo político.
El problema no es Venezuela: es el dogma
El texto de Espaillat no defiende a Venezuela: defiende una fe. Una fe que necesita enemigos externos, imperios omnipotentes y conspiraciones eternas para no mirar el fracaso interno del chavismo.
Para ese dogma, la democracia solo es válida cuando ganan “los nuestros”. Cuando pierden, es fraude. Cuando hay protestas a favor del régimen, son “el pueblo”. Cuando las hay en contra, son “mercenarios”. Ese razonamiento no es de izquierda: es de secta.
Guido Gómez Mazara, como jurista y politólogo, hace lo que el fanatismo no tolera: aplica los mismos principios a todos los casos. Y por eso molesta.
Capitalismo y democracia: la herejía imperdonable
Lo que realmente se castiga en Guido no es su análisis sobre Venezuela, sino su convicción de que no hay democracia sin economía abierta, ni justicia social sostenible sin creación de riqueza, ni libertad sin límites al poder del Estado.
Eso lo convierte, a los ojos del comunismo militante, en un “reaccionario”. Pero en el mundo real lo convierte en algo mucho más valioso: un demócrata moderno.
El verdadero miedo del fanatismo
La pregunta final no es “¿qué le pasó a Guido Gómez Mazara?”.
La pregunta es: ¿qué le pasó a una izquierda que no pudo evolucionar?
Guido no se vendió. No claudicó.No se arrodilló ante ningún imperio. Simplemente pensó, comparó, aprendió y eligió la democracia.Y eso, para quienes viven de dogmas cerrados y revoluciones fallidas, es el pecado más grave.
Porque nada amenaza más a una ideología moribunda que alguien que la conoció desde dentro y decidió abandonarla con argumentos, no con resentimiento.
Guido Gómez Mazara no es un traidor a la historia.
Es la prueba viviente de que la historia avanza, aunque algunos se empeñen en vivir de sus ruinas.
of-am

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Ese tipo le llamo delincuentes a los presos políticos de Venezuela,
Ese idiota, Guido estudio en NYC no en Cuba ni en la otrora Unión Soviética y aprendió en democracia, no en dictaduras.
Que se valla a vivir a Cuba, Venezuela y Nicaragua o para Irán donde esos régimen comunistas meten presos a los que no piensan igual que ellos. Regímenes de misarías y opresión.
Líder, ese Miguel Espaillat Grullon tiene doble moral, hablando de los gringos y vive en NYC.