Guggenheim es, para la reelección de Danilo, un azabache tardío

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EL AUTOR es ingeniero industrial y consultor empresarial. Reside en Santo empresarial. Reside en Santo Domingo.

Escuchar o simplemente leer el nombre Guggenheim estimula nuestro deseo de vivir, valorando el espíritu filantrópico concretizado en el Museo de Arte de esa denominación, ubicado desde 1959 en New York, en un inigualable edificio diseñado por Frank Lloyd Wright.

La inmensidad del   mecenazgo de Solomon y Peggy Guggenheim como coleccionistas, preservadores y divulgadores del arte moderno y contemporáneo desbordó a New York, expandiéndose  a otros destinos como la Colección Peggy Guggenheim de Venecia y los Guggenheim de Abu Dhabi y Bilbao, con diseños futuristas de Frank Gehry . Actualmente está gestándose  el  Guggenheim de Helsinki. Esas maravillas del género humano surgieron como consecuencia  de una exitosa empresa minera fundada en 1881. Iniciando el Siglo XX los Guggenheim fueron pioneros proveyendo planes de pensión, vivienda y salud a sus empleados. Múltiples  Fundaciones canalizan al mundo los aportes de esa icónica familia.

Acá el Ministerio de Hacienda contrató a Guggenheim Securities para encargarse de la venta de Punta Catalina a través del profesional Mark Walker, de amplio bagaje. Aparentemente el gobierno del Presidente Medina comienza a rectificar, divulgando la verdad sobre la capacidad de Punta Catalina que se proclamaba, falsamente, que es de 752 MW.  Hacienda afirma, sin falsedad, que la capacidad de generación  de las dos unidades  es  “de 337.4 MW netos cada una, para un total de 675 MW netos”.

Esperamos que Mark Walker  lea este escrito para que vaya sabiendo que fue contratado para que sirva de azabache, como amuleto tardío de la inconstitucional reelección Danilista, arrastrada al fracaso por Punta Catalina, que  no tiene remedio técnico, económico o ético, porque nació afectada por un “mal de ojo” incurable, causado por la “Jettatura” inoculada por actuaciones y omisiones de Danilo, funcionarios y firmas consultoras que antecedieron a Guggenheim, cuyos comportamientos no deben repetirse jamás.

Walker debe saber que Catalina es fruto de la improvisación o de una agenda oculta, pues nunca fue parte del Plan de Gobierno de Danilo ni de sus ofertas de campaña. Súbitamente, en la transición, antes de juramentarse, Danilo viajó a Brasil para negociar con Dilma Rousseff las tratativas para la construcción de esa planta estatal, a contrapelo de que Brasil no tiene, ni tenía, condiciones para liderar un proyecto de generación a carbón, porque Odebrecht no tiene experticio en esa área y, además, porque los equipos básicos, caldera y turbogenerador no se manufacturan en Brasil. Al mes de tomar posesión, absurdamente, Danilo canceló una licitación que CDEEE tenía muy avanzada para instalar hasta 1,000MW , ampliables a 1,500 MW de generación de bajo costo a base de carbón y gas, de propiedad privada,  sin el Estado proveer capital o garantías para préstamos. A partir de ahí ocurrieron innumerables fallos técnicos y éticos: otorgamiento del contrato EPC a Odebrecht sin existir  un competidor real, y confiriéndole  el derecho a exigir sobrecostos que ascienden a 708 millones de dólares, sometidos a arbitraje. Hasta existe una condena Magnitsky, tangencialmente  asociada al proyecto.

Danilo aplicó la doctrina de Mussolini: “Nada fuera del Estado, por encima del Estado, contra el Estado. Todo del Estado, para el Estado, en el Estado”. Después de rechazar al sector privado, la realidad le dio en la cara y Danilo intuyó que la ineficiencia y las falencias éticas denunciadas lo condenarían históricamente, por lo cual hace varios años ofreció en la AMCHAM vender Punta Catalina, sin que hasta ahora haya compradores reales, no fantasiosos. La contratación de Guggenheim es un acto  desesperado, tratando de mantener viva la reelección, promoviendo falsas y embaucadoras esperanzas sobre Catalina. Obligatoriamente Mark Walker tendrá que esclarecer las astronómicas cifras de los costos reales de Punta Catalina para no venderla a precio vil, desechando la estratagema, ya pautada y  vergonzosamente publicitada, de no incluir costos financieros,  honorarios y otros renglones abarcados en los “Costos del Propietario”, que indefectiblemente forman parte del monto de la inversión total. Mark Walker  va  a licitar  una planta con precio original sobrevaluado, con entrega atrasada  y con sobrecostos causados por ineficiencia  técnica y  falencias éticas. Costo agregado no es valor agregado.

La imagen de 24,000 empleados, del legado Guggenheim y  la reelección Danilista , están en juego con la actuación de Mark Walker, que está conminado a no comportarse como Odebrecht, Tecnimont, Stanley Consultants y FTI, todas actuantes contra el interés nacional.

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