La noche incierta y alevosa que por momentos puso en peligro mi existencia está pronta a terminar y los rayos luminosos del astro rey anuncian la llegada de días de esperanza, que disipen, aun sea en parte, el fragor y el desaliento de estos que han pasado.
Colgado de las manos de Dios anduve por oscuros pasajes y contando tan solo con su magnanimidad en El deposité mis ruegos, ante la urgencia por recuperar la maltrecha salud.
Y junto a Él, que todo lo puede, en los días del aislamiento y las lúgubres noches de la desesperante y amarga soledad, también pude contar con tu apoyo solidario expresado en palabras de aliento, llamadas y mensajes de estímulo.
Para algunos -hasta para mí en ocasiones-, tales mensajes constituían la antesala a una premonitoria despedida. Por lo visto, y para dicha mía, esta opción nunca estuvo en los planes del Todopoderoso.
Hoy vengo a ti como mi enlace fraternal en este mundo, para expresarte, con estas humildes palabras que, como bien sabes, siempre salen del corazón, el profundo agradecimiento por el apoyo y preocupación por mi salud y restablecimiento.
Los médicos me han informado recientemente que, por el momento, estoy fuera de peligro y que en unos días puedo suspender el aislamiento, siempre y cuando me mantenga dando seguimiento al tratamiento y observando las previsiones de lugar.
En pocas palabras, eso significa que están llegando a su fin estos días de pesadilla, que han sido soportados con estoicismo por mis hermanos, mi familia y todos aquellos que me quieren, a fin de no empeorar aún más mi endeble resistencia emocional.
En el futuro recordaremos esta experiencia con la alegría de que pudimos sobreponernos al flagelo de la epidemia, por un lado, y por el otro con una amarga pena por aquellos que no pudieron lograrlo. Y por el dolor de sus deudos.
Seguiré adelante, de cara al sol, con la certeza de saber que he sido depositario de la misión de ser cada día una mejor persona, que entregue a quien lo necesite un poquito de lo mucho que el Todopoderoso me ha brindado a lo largo de mi existencia y que no duda en seguirme ofreciendo, a manos llenas, como recién ha quedado evidenciado.
Gracias infinitas, a ti, que estuviste pendiente de mis dolencias en estos terribles días e infinitas noches, reforzando mi fe en Dios y manteniendo latente en mi pecho la esperanza en la llegada de un nuevo amanecer.
JPM/of-am


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