Ante la situación creada por la construcción de un canal que se alimenta del río Masacre, con cauce al borde de la línea divisoria entre Haití y República Dominicana, y luego de que se exigiera su posición al respecto, la respuesta que dio el primer ministro haitiano, Ariel Henry, demuestra que en ese país no existe el sentido de autoridad. O mejor dicho, ya no hay autoridad.
Cuando el gobierno dominicano pidió a su contraparte de allá tomar medidas para paralizar esa obra, Henry expresó su preocupación por la situación, al tiempo de señalar que ese proyecto no corre por cuenta del gobierno. ¿Y entonces?
Esa obra, que se ejecuta en terrenos cercanos a Juana Méndez, obligatoriamente debe tener el visto bueno de la autoridad competente y, por tratarse de algo que involucra un área limítrofe con el país vecino (en este caso RD), debe contar con la anuencia del gobierno central de Haití y, a través de su Ministerio de Exteriores, poner al tanto a su contraparte de este lado.
“En Haití no hay un control del territorio desde el gobierno central”. Eso quiere decir que allá no hay con quien negociar. De esa manera se pronunció este lunes el presidente Luis Abinader al término de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional.
Nada hay que tratar, ni mucho menos negociar con quienes se han precipitado en construir ese canal (se dice que entes privados para negociar agua entre agricultores), pues se muestran por encima de lo que es la autoridad, como ha respondido lo poco que queda de gobierno allá.
Pero en resumidas cuentas, la que pierde es la gran masa de población haitiana, carente de lo más indispensable para sobrevivir, y que en un alto porcentaje depende directamente del comercio formal e informal a través de la frontera.
En una medida acertada, el gobierno de RD decidió el lunes cerrar la frontera con Haití a toda actividad comercial por todas las vías posibles. Eso será efectivo a partir de este jueves, si el conflicto por la construcción del canal en el río Masacre no se resuelve antes de esa fecha.
Un hecho cierto es que la inseguridad y el caos político reinante en Haití disparó el flujo de inmigrantes en los últimos meses, situación que llevó al gobierno dominicano a reforzar sus fronteras, y que debe merecer el apoyo de toda la población en todos los confines nacionales, y muy en especial al este de la línea divisoria.
Respecto a la construcción del muro en la frontera norte, y que busca controlar la migración ilegal, se da por descontado que el gobierno dominicano puso en conocimiento de ello al gobierno de Haití, incluidas las comunicaciones ordinarias entre ambas cancillerías.
La frontera domínico-haitiana, que desde mucho antes y después del surgimiento de los dos países ha sido y es motivo de controversias, es noticia a nivel mundial.
jpm-am

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