Algunos analistas sociales propagan la idea de que la nación dominicana posee once millones de expertos en política y béisbol. Todos hemos vivido la salida de un estadio tras cantar el out veintisiete, con la satisfacción cumplida de la victoria o el sabor indeleble al morder el polvo de la derrota.
En política el planteamiento no es tan simple. Una lógica en la retórica pragmática local es el hecho de poseer los suficientes amarres posibles para que, en el ocaso de una contienda, se apueste al “ganar-ganar” independientemente de cual sea el resultado del escrutinio o la decisión.
Según las reglamentaciones actuales, se ha catalogado como transfuguismo a aquel politico o actor social que posee la capacidad de “oler” el aura de la victoria y colocar con entonada anticipación, todos sus huevos en esa canasta. Otros más habilidosos apuestan a todos o se agencias amistades que sean capaces de tener todas sus extremidades en todas las aceras.
En las victorias logradas por las consecuciones de planes primarios, se develan intentonas secundarias que seccionan o interrumpen la celebración. La resaca de ese éxtasis obnubila a los infrascritos sin estos saber que la mesa se está moviendo de lugar y va dejando fuera a los ilusos, desdichados de la sabiduría o excluidos.
En el panorama actual la mesa se está moviendo, los actores van cambiando y las nuevas formas del quehacer politico van dejando al margen al liderazgo tradicional enquistado en las agrupaciones hegemónicas. La salida desesperada al ruedo preelectoral es un claro ejemplo del mismo. El fraccionamiento y la incertidumbre ha impactado de manera negativa en la paz social y la tranquilidad ciudadana convirtiendo un simple ejercicio democrático en crisis política.
La pregunta es ¿Qué se gana? En argot popular prevalece el dicho de: No todos los días son de fiesta, pero a la corta alguien debe celebrar. El ser vivo siempre se rehúsa a jubilarse. Al gallo viejo busca la forma de hacer quedar mal al nuevo en el gallinero. Por igual, al “sangre nueva” siempre se le recalca su poco arraigo, error de algún pariente o su nula participación en un evento pasado, para en el que ni siquiera había nacido. Ante todo lo descrito, quien tiene sus días contados gana su permanencia en el usando su codo o bastón para atajar el avance del que viene detrás.
Un ciclo se acaba y con él quienes vendieron sueños a esta sociedad hastiada de pesadillas realizadas, hambrienta de cambio y fastidiada por quienes siempre ganan y aún en el noveno episodio festejan su derrota y la de aquellos fanáticos incautos ignorantes a la estrategia de ganar estando debajo en el marcador.

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