Formalización: El verdadero desafío del mercado laboral
Por Manuel Jiménez
Durante años, en República Dominicana el debate sobre el empleo se ha centrado en una pregunta que hoy luce incompleta: ¿cuántos empleos se crean? Sin embargo, el verdadero problema no ha sido la cantidad, sino la calidad de esos empleos. Y ahí es donde la informalidad sigue siendo la gran deuda pendiente del país.
El más reciente estudio de la Dirección de Análisis Económico del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) vuelve a poner el tema sobre la mesa con datos que no pueden ignorarse: más de la mitad de los trabajadores dominicanos —alrededor de un 54.8 %— se desempeña en condiciones de informalidad.
Es decir, la economía dominicana crece, genera empleos, reduce el desempleo… pero al mismo tiempo mantiene —y en algunos casos profundiza— un problema estructural que arrastra desde hace décadas.
Ahí está la contradicción.
El país ha demostrado una notable capacidad para absorber mano de obra. Entre 2015 y 2024, la población económicamente activa creció en más de 800 mil personas, y el número de ocupados incluso superó esa cifra. En otras palabras, sí hay trabajo. Pero ese trabajo, en su mayoría, no garantiza derechos básicos.
Porque hablar de informalidad no es solo hablar de evasión o de negocios pequeños. Es hablar de millones de dominicanos sin acceso a seguridad social, sin derecho a pensión, sin cobertura de salud adecuada y sin la protección de una cesantía. Es, en términos simples, empleo sin red de seguridad.
Y también es un problema para el Estado.
Cada trabajador o empresa que opera fuera de la formalidad representa menos ingresos fiscales, lo que limita la capacidad del gobierno para invertir en servicios públicos, infraestructura y políticas sociales. Es un círculo vicioso: menos formalidad, menos recaudación y menos capacidad de respuesta.
El estudio del MICM acierta en algo clave: la informalidad no es un fenómeno único, ni responde a una sola causa. Hay, al menos, tres realidades distintas.
Por un lado, está la informalidad de subsistencia: vendedores ambulantes, pequeños colmados, trabajadores por cuenta propia que simplemente sobreviven en una economía donde las oportunidades formales no siempre están disponibles. Aquí no hay evasión intencional; hay necesidad.
Por otro lado, existe una informalidad “contenida”, compuesta por pequeños negocios con potencial de crecer, pero que se quedan fuera del sistema por la complejidad de los trámites, la carga tributaria o la falta de incentivos claros. Este es, quizás, el segmento más importante, porque ahí está el verdadero potencial de transformación.
Y finalmente, hay una informalidad más estratégica: empresas que sí pueden formalizarse, pero que prefieren no hacerlo para evitar costos laborales y fiscales. Este grupo genera una competencia desleal que termina castigando a quienes sí cumplen las reglas.
Entonces, la pregunta clave no es si hay que formalizar. Eso está claro. La verdadera pregunta es: ¿cómo?
Durante años, la respuesta ha girado en torno a más regulación, más controles y, en algunos casos, más presión fiscal. Pero la evidencia sugiere que ese camino, por sí solo, no ha funcionado.
La formalización no puede construirse únicamente desde la obligación. Tiene que construirse desde el incentivo.
Si formalizarse implica más costos que beneficios, el resultado será siempre el mismo: la gente se quedará fuera del sistema.
Por eso, el debate fiscal se vuelve central. En República Dominicana, para muchos pequeños empresarios, formalizarse todavía se percibe como un salto al vacío: más impuestos, más burocracia y pocas garantías de retorno.
Ahí está uno de los grandes escollos.
El reto es diseñar un esquema donde la formalidad sea atractiva. Donde el empresario entienda que al formalizarse no solo paga, sino que gana: acceso a financiamiento, a mercados más amplios, a capacitación, a tecnología y a estabilidad.
La informalidad en República Dominicana no es un problema pasajero. Es estructural. Está arraigada en la forma en que funciona la economía, en la baja productividad de muchas actividades y en un sistema que todavía no logra integrar plenamente a los pequeños actores.
sp-am

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