EU: Provi, la criada dominicana que Jackie Kennedy imitaba

imagen

WASHINGTON.- Los Kennedy son un «evergreen». Da igual si hay aniversarios o percha para hablar de ellos. Puede parecer que todo está dicho ya, como escribió Jean de la Bruyère, pero siempre arañamos algo nuevo. O que se ha olvidado. Esta semana, amigos íntimos de JFK Jr. y Carolyn Bessette cuentan detalles íntimos y desconocidos a la revista «People».
El 16 de julio se cumplieron quince años del accidente de avioneta que costó la vida a John-John (de 38 años), su mujer (de 33) y la hermana de esta, Lauren (de 34) en las costas de Martha’s Vineyard. Que no se iban a matar en un pueblucho de paletos.
Uno de los amigos que hablan ahora es Gustavo Paredes, amigo de la infancia, el hijo de la legendaria Provi Paredes, criada de Jackie Kennedy.
La mujer en cuyos brazos se derrumbó al día siguiente del asesinato del Presidente, cuando ya no pudo mantener más el tipo. «Fuimos a una habitación, sólo ella y yo y se vino abajo», contaba Paredes, ahora de 90 años. «Me podían haber matado a mí también», le confió Jackie todavía con el susto en el cuerpo.
Providencia, Provi, estuvo con los Kennedy desde 1957, cuando JFK era senador. Luego en la Casa Blanca. Y después con Jackie en Nueva York (en su piso de 15 habitaciones en la Quinta Avenida). Pero se cansó de los continuos viajes que hacía a Washington, donde estaba su familia. Acabó despidiéndose. Aunque mantuvo una estrecha relación con Jackie, que le dejó 50.000 dólares en su testamento.
Durante su época en la Casa Blanca, viajaba con los Kennedy en el Air Force One por todo el mundo. El Servicio Secreto la llamaba «la princesa mexicana». Pero Providencia era de origen dominicano. Jackie la imitaba.
Contaba Barbara Gibson, la secretaria personal de Rose Kennedy, que en 1974, cuando Provi tenía el día libre, Jackie contestaba al teléfono poniendo acento dominicano. «Aló», impostaba la voz, esperando que su interlocutor no supiera con quien estaba hablando. Le reconoció que lo hacía para quitarse a la gente de encima.
Fue Provi quien puso en el equipaje el traje rosa que la Primera Dama llevaba en Dallas (el Chanel armado por modistos americanos para no dar que hablar y que se guarda en los Archivos Nacionales hasta el año 2103). El Presidente le había dicho que pusiera algo ligero, que en Dallas hacía calor. Ese día, Provi no estaba en la ciudad texana porque había pedido permiso para estar con su hijo Gustavo, el que habla ahora con «People» sobre la relación entre JFK Jr. y Carolyn.
Ella era la publicista de Calvin Klein. Se conocieron en el showroom del diseñador en 1994 y Carolyn lo rechazó cuando le pidió salir. «Ella pensaba que no iba en serio», dice Gustavo Paredes. «Y él no podía creer que lo rechazara. Eso no había pasado antes nunca». John-John estaba preparando el lanzamiento de «George», su revista política y de cultura popular («No sólo política como siempre», sería su lema). Pero también estaba pensando cómo volver al showroom de Calvin Klein para tener más reuniones de negocios y para probarse algo, según Paredes. Al final, como todo el mundo sabe, acabaron casándose en la isla Cumberland, en Georgia, el 21 de septiembre de 1996.
Ahora los amigos recuerdan cosas tan fascinantes como que a John Kennedy Jr.le gustaba beber cerveza Rolling Rock y que estaba ya pensando en tener hijos. O que a Carolyn le gustaba reírse de la debilidad de John por las rubias y de su nulo sentido de la moda. Ariel Paredes, hija de Gustavo y amiga de Carolyn, añade que aunque se peleaban mucho eran una pareja muy unida. Que nadie espere en estas nuevas revelaciones escándalos. Nada de Camelot Jr. Babilonia. Eso para los papás de él.
Otro de los confidentes es Matt Berman, director creativo de «George» y autor del libro «JFK Jr., George y yo». Comparte (y esto es como decir de los asesinos que saludaban en el ascensor) que «John era más famoso que ningún famoso pero una persona muy sencilla». O que, como pareja, John y Carolyn eran un príncipe y una princesa pero también la gente más real que nunca había conocido.
El libro, asimismo, se extracta en la revista. Un día en «George», cuyo número inaugural retrataba a Cindy Crawford como George Washington, no era un día normal del trabajo. Allí uno se reunía con Barbra Streisand, Robert De Niro o Demi Moore. John-John y Berman eran la noche y el día. Uno, el novio de América. El otro, un artista tímido y depresivo. Eso sí, fue a él a quien se le ocurrió la portada con Cindy Crawford disfrazada de Washington y fotografiada por Herb Ritts. Pero, pese a las diferencias, se hicieron amigos. Berman lo retrata en el libro como ingenioso, divertido y capaz de seducir a todo el mundo a su alrededor. También desvela el desastre que era su despacho y lo mucho que aprendió de los negocios y la vida junto a John. Un amigo y un mentor, vaya. Y Berman, un admirador, un amigo, un esclavo y un siervo, como José Luis López Vázquez en «Atraco a las tres» con Katia Loritz. La revista, publicada por primera vez en septiembre de 1995, continuó un año tras la muerte de John-John en 1999 pero cerró en 2001.
«Tan buena que era esa familia, pero tiene muy mala suerte», se lamentaba Provi el año pasado. Sí. ¿Dónde hay que apuntarse para ser un Kennedy muerto?
Fuente: ABC.es
jt/am

0 0 votos
Article Rating
Suscribir
Notificar a
guest
0 Comments
Comentarios en linea
Ver todos los comentarios