Con mucha tristeza, impotencia y pesadumbre leímos esta lamentable información:
“Con una tasa de 41.7% de fallecimientos por accidentes de tránsito, República Dominicana (RD) es el segundo país de los 182 que integran las Naciones Unidas (ONU) donde mueren más personas por esa causa. Solo supera a RD la isla Niue, en el Pacífico, cuya tasa en ese renglón es de 68.3%,”
Esas negativas estadísticas son productos de varios factores e inconsecuencias de nuestros choferes y conductores, entre las que se destacan los siguientes:
a)- El caos en el transporte público urbano y el estrés que generan los tediosos tapones en las principales ciudades. b) Las peligrosas peripecias de los motoristas (motoconchos y deliverys). c) Las imprudencias y abusos que cometen los grandes autobuses, las “guaguas voladoras”, las patanas y carros de conchos. d) Las improvisadas paradas de autobuses y taxis. e) Las deficiencias en la aplicación de la obsoleta Ley de Tránsito (No. 241-67), ahora sustituida por la nueva Ley No. 63-17. f) El irrespeto y burla por parte de los ciudadanos a las más elementales normas de tránsito y comportamiento cívico.
A las anteriores factores que incrementan los accidentes de tránsitos se les adicionan estos otros: a) La falta de una correcta aplicación de un régimen de consecuencia a las frecuentes violaciones e imprudencias que, diariamente, se cometen en el transporte de pasajeros y de carga en la RD. b) La mal actuación de las autoridades vinculadas al tránsito, al “Macuteo”, tráfico de influencia e irracionales operativos que, ocasionalmente, montan agentes policiales. Y c) La ausencia de una precisa señalética en puentes, avenidas, carreteras y autopistas en todo el país.
En nuestro país estaremos en capacidad de superar esas denigrantes estadísticas, siempre y cuando sean enfrentadas con responsabilidad por las autoridades gubernamentales, en especial los agentes policiales y los tribunales de tránsito, y al mismo tiempo se implemente una efectiva campaña para socializar las normas del buen tránsito a los fines de que sean aceptadas y respetadas por la población, en especial los actores que la protagonizan.
La educación sobre la importancia de respetar las normas de vialidad y tránsito deben empezar con la educación de niños, adolescentes y jóvenes en las escuelas, colegios y universidades procurando concienciar sobre las consecuencias negativas que generan los accidentes de tránsitos para las familias, la sociedad y los enormes gastos en que debe incurrir el Estado a través de las clínicas y hospitales para atender a los cientos de personas que, cada año, resultan heridos o muertos como consecuencia de los fatídicos accidentes por los diferentes vehículos de transporte de pasajeros y de cargas.
A esas acciones, quienes manejan vehículos de motor debemos empoderarnos siempre de una alta dosis de tolerancia, paciencia, prudencia, sentido común, respeto al próximo y amor a una vida sana.
Así, y sólo así, será viable y posible que en la RD se puedan superar las estadísticas negativas que nos colocan en el segundo lugar del ranking de mayor cantidad de accidentes automovilísticos entre los países miembros de la ONU.
JPM

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Acertado.