Es una interrogación doble. Porque es posible ser espía y periodista al mismo tiempo; también se puede elegir entre ser espía y ser periodista. En tiempos de Trujillo hubo un periodista que estuvo sin empleo mucho tiempo; para favorecerlo, cierto político influyente consiguió que le sacaran un cheque como informador especial. El cheque salía del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). El periodista del caso jamás informó de ningún asunto político a la institución represiva que le pagaba mensualmente. A la hora de su muerte algunos colegas lo acusaron de ser agente encubierto; decían: fue un vulgar calié.
Hay periodistas que son espías verdaderos. Los hay al servicio de la Policía. Además, existen algunos, aquí y en otros países, que trabajan para gobiernos extranjeros. Estas actividades bifocales, frecuentes en la vida humana, no son exclusivas de los periodistas. Físicos-espías, médicos-espías, ingenieros-espías, aparecen en los titulares de los periódicos cada cierto tiempo, cuando quedan al descubierto sus manejos secretos. Por asuntos ideológicos, durante la Guerra Fría, por averiguar técnicas nucleares con aplicaciones militares o procedimientos industriales innovadores, hemos visto acusaciones de espionaje en Rusia, en Inglaterra, EUA. No entraremos en los vericuetos de la conducta de esta clase de espías.
Sin embargo, el auténtico periodista debe actuar permanentemente como un espía del mundo. El reportero nunca muere, aunque llegue a ser jefe de redacción, director general, consejero editorial. Un enviado especial de prensa es un periodista al que han asignado la misión de atisbar dentro de un problema específico. Sé de un periodista que durante sus vacaciones no cesa de espiar el mundo. Quiere saber cómo ocurrieron, exactamente, ciertos sucesos de hace treinta años; pretende dar cuenta de cómo se preparan algunas comidas populares en el viejo continente. Pregunta: ¿de cuáles actividades económicas viviremos en estas islas antillanas?
Un corresponsal en Nueva York es probable que disfrute de su profesión mucho más intensamente que si lo fuese en Turks & Caicos. Hacer reportajes desde la costa adriática, en Yugoeslavia, debe ser una agradable tarea. En esos lugares la civilización greco-romana y la cultura bizantina están vinculadas estrechamente. Costumbres, comidas, arquitectura, política, literatura, música, tienen allí el aspecto de un revoltillo de huevos sazonados por siglos de historia).
jpm

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