Dar es y ha de ser siempre un acto espontaneo, voluntario, la más grande muestra de desprendimiento que pueda tener un ser, humano o no, por otros de su misma especie o no.
Quien deja de comer, literal, para paliar el hambre de individuos más vulnerables expone su gran capacidad de entrega. Quien “sacrifica” un gusto por las necesidades de otros halla, entiende su razón de poblar esta tierra.
Pero cuando entregar es fruto de presiones, de insistencias, el encanto queda diluido y el lugar del regocijo que genera esa acción es ocupado por el mal sabor de haberse desprendido de algo a la fuerza.
De la misma manera en la que ser generoso engrandece, hacerlo obligado para complacer a otros deja la más amarga sensación. Por eso, porque una cosa es dar a quien necesita y otra a quien solo desea.
Más claro, insistir a alguien para que “done” a la fuerza un objeto apreciado solo porque a otra persona le gusta es desconsiderado y hasta cruel. Es como decirle a su dueño que no lo merece.
Eso convierte un acto hermoso de altruismo en un compromiso molesto que podría incluso degenerar en la perdida de la capacidad filantrópica.
JPM

Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Un libro de fray Santiago Bautista
Realizan gala premier película “Milly, Reina del Merengue”
SNS inicia la construcción del hospital Pediátrico Boca Chica
El café: bebida por excelencia
A un año de la tragedia: ¿qué queda?
Fundación Manos Unidas por el Autismo realiza 11va. caminata
La mentira del perejil (2 de 2)
BARCELONA: Estenan pódcast La Brújula Dominicana
Artemis II: misión cumplida!
Cámara Dominico-Paraguaya adhiere Gran Acuerdo Nacional
