En el otoño de la vida en el mundo navideño sólo pienso en ti
“Él le dibuja en un papel algo parecido a un corazón”. Así dice la canción interpretada por Víctor Manuel. Una historia melancolía buena para calzarla en estas navidades, tristes, dolorosas y aleccionadoras. El mundo del Covid19 ha sorprendido el Planeta y todas las expectativas de los humanos se bifurcan en el desgane, en la desesperación y en la abundancia de la indiferencia.
Volar hacia el siglo pasado y escuchar el concierto de Paco de Lucia, (el grande), con su melodiosa guitarra. Paco de Lucía en vivo con Pepe de Lucía, Jorge Pardo y Carles Benavent (Alemania, 1996), hicieron gala de la grandeza de la guitarra española con su mágico esplendor quizás mirando caer las pompas de jabón. Días felices que no volverán.
Todos paisajes y parajes históricos gloriosos. Ver transitar la Navidad en su mismo descursar del tiempo. Ver y escuchar los cantores de Belén como si hubiese sido la primera vez… y recordar, recordar. Mirar un diciembre sumergido en los Estados Unidos de América en el advenimiento más estrambótico de su historia en su devenir político.
Ver las mascaradas de las tiranías agazapadas de Nuestra América y gravitar en el lejano Oriente como se preparan los arpegios de guerras nucleares en medio de una pandemia es como la maldición del valle de los huesos secos.
Leer de escritores respetados realizar la espantosa afirmación, “¿acaso vale la pena seguir escribiendo?” y culminar en un cintillo lúgubre de penas y flores; de cordoneras sin compas como el tiempo que avanza estrepitosamente con sus conocerlos inexpugnables de desaparecernos a todos por tanta maldad que el mismo hombre se ha creado.
Ver a un niño de unos cuatro años con los dientes podridos y mirar el dispensario médico sin un medicamento de lugar. Nadie visita el Dispensario que el Ministerio de Salud Pública se pavonea de ser lo más avanzado en materia de no atender a nadie.
Hoy es una Navidad sin Navidad. Un circo donde las “familias” se reúnen para celebrar la fiesta navideña con sus respectivos celulares y todos juntos parecen zombis del siglo XXX donde los aguacates serán de color azul y los cocos de color morado. Todo un siglo decadente de locuras sin pensar en la grandeza de la corona de la creación. Todos caminamos con pie seguro al derrocadero y al abismo.
Mientras el mundo gira, señores, nos queda el entusiasmo para escuchar el concierto de Ana Vidovic y así sacarnos de encima tantas espinas dolorosas que nos han dado los cardos y las ortigas del camino. ¿Acaso se ha preguntado hacia dónde es que marchamos?
En medio de tantos rigores negativos por ahí se alza un libro, un libro que destila leche y miel de un pueblo que le llaman El Índice de la República. Todo el mundo espera ese libro, porque es la fotografía con rayos X de cómo se vive en la legendaria ciudad de Azua. Todos en el parque Duarte esperan el libro “Así se vive en Azua”. Desde el corazón de su memoria, un hombre que arrastra tantos años del pasado como ilusiones de futuro, ilumina, a través de sus recuerdos, su historia, la de su generación y la de un pueblo. Una historia que a veces duele, pero que siempre acompaña cariño y ternura. Ni aun Gabriela Mistral en su libro “Ternura” se compara con la ternura que el autor despliega en el amor de su libro. Cosas veredes Sancho, cosas veredes.
Un viaje con dos caras, la pública, en la que el personaje se acerca a sus lectores, y la íntima, en la que aprovecha cada espacio de la soledad y la grandeza de un pueblo, para rebuscar su verdad. Una verdad que ve la luz después de la publicación del libro abroquelado en vivencias, verdades, ilusiones y la lucha constante de encontrar la felicidad de un pueblo que se convierte en la piedra angular sobre la que pivota la necesidad inaplazable de encontrar un mundo mejor.
A medio camino entre la confesión y la auto fotografía, el autor escribe una historia que toma impulso en el pasado y se lanza hacia lo aún no sucedido. Una búsqueda esperanzada de la alegría como se vive en Azua.
Quizás a lo largo de casi 100 años se podrá decir que el licenciado Luis “Chito” Naut enarbola la canción de Guillermo Dávila en cuanto al amor por su Azua bendita.
¡Feliz Navidad! ¡Y qué Navidad para el Licenciado!
JPM
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Exelente narrativa cargada de ironia fina y exquisitamente expuesta. Mis felicitaciones al autor que por cierto, ya nos tiene acostumbrados a esas delicias literarias.