El primer imperio del mundo

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EL AUTOR es odontólogo, escritor y diplomático. Reside en España.

Nos sorprenderemos al leer que la geopolítica es un mecanismo, un recurso de las grandes potencias mundiales que siempre ha estado de moda desde tiempos remotos, aunque el vocablo que la define es un neologismo del siglo XX. Recordemos que Heródoto de Halicarnaso: autor de: Historias: (Historiador y geógrafo griego), decía que “(…) Ningún hombre es tan tonto para desear la guerra y no la paz; pues en la paz, los hijos llevan a sus padres a la tumba, y en la guerra, son éstos últimos quienes llevan sus hijos al sepulcro”.

El primer imperio del mundo tuvo el nombre de El Imperio de Sargón I de Acad o de Acadia (llamado también el imperio de Sargón El Grande e Imperio del Rey Legítimo o Rey Verdadero), conocido también como Imperio Acadio, formado por la raza de los acadios que procedían de una de las ramas de las etnias de los semitas, los cuales, a su vez, procedían de los sumerios y se habían desarrollado al norte de la Mesopotamia, en lo remoto del año 3000 (o año 2350 a 2395 antes de Cristo), es decir, durante el siglo XXII, previo a la Era Cristiana.

Su extensión era, para aquel tiempo, vasta, diseminado su dominio hacia los cuatro ríos: Pisón, Gihón, Tigris y Eufrates, estos dos últimos procedentes de los dos primeros. Mesopotamia es ese lugar, del Oriente Medio, que conocemos como Irak hoy día. Aquellas antiguas tierras de la Mesopotamia eran rodeadas por los últimos dos ríos que, en forma de abrazo, y limitaban todo el territorio.

El grupo de los semitas fue el grupo más desarrollado entre los denominados sumerios, los cuales ejercitaron tales hazañas que llegaron a barrer pueblos enteros e, incluso, las denominaban, como si de un ataque postmoderno se tratara, con el nombre de Celebraciones y agencias de guerra.

Eran famosas y recibieron también el nombre de Estela de los Buitres, por medio de la cual los soldados agrupados y armados hasta los dientes, con lanzas y escudos de mimbre avanzados, formaban una especie de falange militar –la primera conocida en la historia- y los ataques llegaban a tales niveles que los pueblos quedaban arrasados casi en su totalidad y sus soldados, mujeres, espacios y botines de guerra, sometidos a su dominio y cultura.

Acad o Acadia, era una región de la baja Mesopotamia o Caldea, de donde procedía la tribu familiar de Sargón –referido al joven líder-. Caldea estaba formada por los pueblos caldeos que ocuparon también, muy pronto, la parte del sur de la Mesopotamia desde los tiempos anteriores a los inicios (prehistoria) y llegado el siglo I antes de Cristo.

Tenían ellos, para entonces, significativa relación con el pueblo arameo, aunque éstos fueron, poco a poco, ocupando la zona sur de Caldea llamada Mesopotamia Alta o Alta Mesopotamia, de ahí que la lengua de este pueblo se entremezclara con la suya y fuese el idioma que, en gran rigor, adoptaran pueblos árabes y hebreos. Recordemos que el arameo fue, posteriormente, el idioma de Jesús.

En términos religiosos, su creencia era una derivación de los fundamentos religiosos de fusiones caldeo-asiria. Sus sabios planteaban como alta divinidad a Uanna (el dios pez salido del mar y quien dio al hombre del conocimiento; la sabiduría). Uanna se diferenciaba de las demás divinidades tales como Antu (divinidad creadora), Annat (de la fertilidad y la guerra), Anshar (poder del cielo), Assur (potestad de Asiria), Apsu (dios del firmamento, los océanos y todas las aguas)…Estas mismas eran las divinidades adquiridas por los acadios.

La cuestión es, ¿cómo se formó ése que erigido como el primer imperio conocido por la humanidad? Sobre los terrenos y alrededor de lo que es Bagdad, capital de Irak, fue fundado una ciudad, que es lo mismo que decir, un reino: Agadé, cerca de Kish, sobre las tierras bañadas por los ríos Diyala y Tigris (año 2341 antes de Cristo), cuyo precursor fue Lugalzagesi de Umma.

En ese punto de Kish, perteneciente a la actual Bagdad, pero ubicado en las afueras de la capital de los grandes relatos, fue donde tuvo lugar el nacimiento del primer imperio del planeta, pero también la primera conflagración formada por un grupo disidente contra otro imperio. El armador de toda la oposición al gran imperio de Lugalzagesi fue Sargón. Pero, ¿por qué?

Sargón, recién nacido, abandonado en uno de los ríos, convertido, por demás, en hijo adoptivo  de un influyente líder que en la historia encontramos como La´Ilbüm, de raza sumeria, jardinero del rey (algunos historiadores lo refieren como nombre de leyenda), se convirtió, tras un certamen de palacio, durante el reinado de Ur-zababa –rey de Kish, Sumeria, en copero de éste.

Durante esos días, Sargón reveló a varios cercanos, un sueño en el cual la reina Inanna (diosa de la guerra y del amor en Ur) ahogaba a Ur-zababa en un río de sangre. La noticia pronto llegó al rey Ur-zababa, quien al respecto preguntó a Sargón sobre los rumores que ya regados estaban de su sueño, quien sin reparo se lo describió con lujo de detalles. Ur-zababa, de inmediato, convocó el pleno de sus servidores buscando eliminar a Sargón a quien, en otro supuesto sueño, la misma diosa le comunicó, de forma profética, lo que habría de ocurrir.

Ur-zababa pronto cambió el oficio de su servidor y convirtió a Sargón en mensajero del reino, con la excusa de hacerse de un hombre confiable para el intercambio de cartas y oficios reales. No tardó en enviarlo a Lugalzagesi con un escrito de arcilla, pero oculto, en el que, sin saber, Sargón llevaba el mensaje sobre su propia ejecución por parte del rey vecino.

Fue ese el despegue de Sargón como líder quien agenció encuentro con grupos y opositores a ambos reyes y formó el fuerte movimiento que dio lugar al erigir  de la poderosa ciudad y reino de Agadé, que sobrevino con todo su poder sobre las ciudades vecinas. Sargón se consolidó como rey y, luego, como un altísimo soberano fuera de las fronteras de la propia ciudad que había fundado, desde donde marchaba con ejércitos bien estructurados en número de cuatro mil  soldados: una verdadera aplanadora humana para la época.

Pronto sometió a Lugalzagesi y el crecimiento de su ejército adoptó cualidad de turba meteórica y catapulta imbatible hasta crecer a los siete mil hombres armados; contingente con el que fue a por Ur-zababa. Sargón se unió pronto Kish, que era la gloria entre todas las ciudades, Ur, Nipur, Uruk, Isin, Adab, Mari y Larza. Sumeria completa quedó en sus manos.

Así surgió, además, la primera dinastía conocida por cuanto durante cincuenta y seis años reinó y su generación de poder se extendió hasta su nieto y los hijos de su nieto Naram. Fue este el momento de esplendor de la propiedad privada, en el que el comercio surtió gran impulso por parte de su esposa Tashlultum, madre de sus hijos Rimush, Manishtushu (varones) y Eneduanna (mujer) que es la autora de uno de los primeros himnos patrios de la humanidad.

Sargón murió en el año 2215 antes de Cristo y sus sucesores Rimush, Naram y Sin extendieron su poder dinástico en el tiempo. Todo aquello iba a ser al futuro: Irán, Iraq, Jordania, Kwait, Siria, Líbano, Jordania, Siria, Israel, Palestina…, desde el punto de vista de las páginas históricas.

Los reinos previos, más o menos paralelos, eran el reino de Urartu, el Isin, el Elemita, el Azteca, el Serbio, el Babilónico, el Cartaginés, el Mitani, el Latino, el Artaxida, el de Crimea, el de Xia, el Goguryeo, el Ostrogodo, el Chu, el Asirio, el Egipcio, el Dali, el Kazán (reinos no imperios). Surge, entonces el imperio Acadio hasta desembocar en lo que conocemos como el Imperio Sacro Romano Germánico y, más tarde, el imperio Grecorromano, que se extendió hasta la conciencia misma del hombre.

En este caso no haremos mención del gran Imperio Chino, el que ya tratamos en ensayos anteriores, y en los que nos dirigimos a la personalidad del presidente del superpoblado país asiático.

Hacer, ya, solo mención de dos puntos, queda. El primero, el referente a los años de los imperios más importantes, formados a partir de otros reinos conquistados después del año 117 al 223 (siglo II antes de Cristo), con ochenta millones de habitantes durante la existencia del Imperio Romano, y después de la existencia de Jesús: el Imperio Mongol, del 1230 a 1309, con 176.6 millones de habitantes conquistados; el Imperio Español, del 1740 a 1792, con 68.6 millones de habitantes; el Imperio Ruso, del 1790 a 1896, con 176,4 millones de habitantes; el Imperio Británico, con prevalencia hasta 1922, con 460 millones de habitantes; por último, el nuevo modelo de conquista democrática y territorios intervenidos asumido, desde Gran Bretaña, por Estado Unidos, cuya existencia, por ser tan amplia y compleja, se le da un rango en lo superficial.

En el segundo punto, al final de estas tintas, describir lo que queda de todo aquel dominio, que no son más que las cenizas y el color de estas cenizas; ya que hombre y  mujer no nacieron, jamás, para ser sojuzgados, sino libres en su existencia, en territorio, en grandes gestas, cuya única grandeza –y no imperio- debe ser la interdependencia espiritual, la conquista del amor entre todos los seres humanos, por la naturaleza, la fauna y la flora, y la existencia de los nuevos descubrimientos destinados a hacer mayor la hermandad entre todos los seres vivientes sobre este planeta, donde, de Sargón, de Lagalzagesi, Ur, Acadia, Babilonia, Kish… solo quedaron las cenizas, vueltas tinta, quizá; vueltas aire, tal vez; vueltas suspiros, puede ser; vueltas, no solo historia, sino, conocimiento y grandeza sin fin… ojalá.

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