El Partido de la Liberación Dominicana y los grupos

La formación de grupos particulares, defensores de los intereses políticos o personales de determinadas figuras dentro del PLD, fue un fenómeno heredado de sus orígenes de procedencia; estos orígenes, fueron las bases y los pocos dirigentes que vinieron del viejo Partido Revolucionario Dominicano.

Esta práctica fue enfrentada de manera decidida, y sin contemplaciones por el fundador del Partido; el Profesor Juan Bosch, lo explicaba en artículos, en charlas radiales, en conferencias, y en todos los escenarios que se le ofrecían, diciendo que el “grupismo” era un virus dañino para cualquier tipo de organización social o política.

Explicaba Don Juan, que cuando los grupos se permitían en un partido político, estos pasaban a representar y a defender los intereses particulares de personas determinadas; poniendo en segundo lugar los intereses generales del Partido.

Decía, que los grupos, podían llegar a ser tan antagónicos, que los miembros enfrentados en cada uno de ellos, se verían como enemigos y se olvidarían que pertenecen al mismo partido; olvidándose de los principios y conceptos que le dieron origen para juntarlos en una misma organización.

El PLD no tardaría mucho en probar los amargos frutos de aquel fenómeno, al que se quería anticipar Don Juan Bosch; en 1978, en plena crisis post- electoral, los remanentes de la simpatía de los métodos perredeistas, se insubordinaron en contra del fundador del Partido, y tomaron la decisión de renunciar, en rechazo a la postura política del Ex presidente frente a las elecciones generales de ese año.

Renunciaron personajes políticos muy encumbrados hoy día, encumbrados gracias al trabajo visionario y puntual del viejo Líder, con quien volvieron a encontrarse trayendo las manos entrecruzadas y la cabeza cacha. Hoy, si observamos los ejemplos de sus vidas, no podríamos afirmar que hubo arrepentimiento alguno en la práctica de ese pecado original.

El fenómeno grupal vino a incrementarse, tomando ribetes de epidemia, a partir de la llegada al poder en agosto de 1996; los dirigentes de diferentes categorías, que fueron favorecidos con decretos, trajeron a laborar con ellos en los diferentes estamentos del Estado, a los compañeros con los cuales tenían más afinidad; y en muchos casos a personas que nunca fueron peledeístas, que eran sus amigos y a familiares de estos.

Así comenzaron a formarse pequeños grupos, que luego participarían de manera decisiva dentro de las estructuras partidarias, para diferentes fines, a veces políticos y a veces proyectos muy personales.

Una de las fatales consecuencias que cosechó el Partido de esta epidemia grupal, fue que no se preparó orgánicamente para llevar a cabo la masificación decidida en el Congreso general celebrado en el año 2002; fue tan desorganizada la entrada masiva de nuevos miembros, que hoy en día, muchos años después, no existe confianza en el padrón del Partido.

Hubo muchos dirigentes que para afianzar su figura a lo interno, engrosaron sus frentes de masas con datos falsos y comités de base fantasmas, o formados en las casas de familiares con sobrinos y sobrinas y nietos por nacer.

Con la masificación el PLD se convirtió en una maquinaria electoral invencible; porque a pesar de los trucos y mañas de muchos “dirigentes”, el proceso trajo hacia lo interno cientos de miles de personas deseosos de pertenecer a las filas moradas; unos por unas razones, otros por otras.

Pero, así como las estructuras electorales se fortalecieron, así también se reforzaron los grupos ya existentes, haciéndose más poderosos y decisivos.

Los líderes no tienen que organizar grupos; alrededor de ellos, los grupos se organizan automáticamente; solo tiene que existir la posibilidad de que el líder pueda acceder al poder, o haya sido parte de este.

A partir del evento electoral del 2008, las confrontaciones internas del Partido morado han acaparado la atención del país; esto ha sido hasta un punto en que una salida errada de estos procesos, puede ocasionar daños políticos, económicos y sociales irreparables a la Nación.

Hoy estamos frente a una disyuntiva de carácter nacional nuevamente; y esta poderosa maquinaria electoral, está nueva vez confrontada internamente. Solo el buen juicio de los líderes de estos bandos en conflicto, puede salvar a este Partido, y con él al país de una situación de verdadera crisis.

Los dominicanos de buena voluntad y de buen juicio, apelamos y hacemos votos por un serio y consensuado raciocinio.

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