En el dilema de las fronteras, los microorganismos y los invertebrados han surgido a la luz de la publicidad, como colonizadores del planeta.
En orden de jerarquía llegaron los aborígenes tras su búsqueda de tierras fértiles.
Luego de un intento voraz de corsarios, piratas, filibusteros y bucaneros, llegó Europa al codiciado pastel de América, con ello, la trata de esclavos.
A las aves las hemos excluido en su intento temprano de adornar al planeta junto a las flores.
Nuestras fronteras, además de movimientos geológicos, son el producto de las cicatrices que dejaron las luchas de nuestros antepasados en el intento de preservar un territorio.
El universo es infinito, pero el tiempo es más dilatado que la velocidad a la que viaja la luz, lo que quiere decir que las fronteras del universo son imaginarias.
El despotismo de los que gobiernan: adminitradores, jefecillos de turno, han conribuido a la lucha encarnizada que liberamos hoy a causa del espacio vital que nos pertenece, lo que ha provocado la estampida de los pueblos en busca de una mejor vida.
Tanto en las fronteras imaginarias o visibles, como las de nuestro agotado planeta, existe un orden riguroso, el mismo orden que debemos procurar entre vecinos, parientes, aliados, países fronterizos.
La Tierra se encuentra sobrepoblada, además de diezmada por la depredación del hombre. Cada cual en su madriguera o en su casa, nos dicta la naturaleza.
Si no fuera por los grandes movimientos migratorios, sin embargo, la mezcla de etnias, no hubieramos logrado el desarrollo que hoy disfrutamos.
El tema, además de complicado, requiere un delicado manejo.
En una jaula de pollos con capacidad para 20 pollos, no podemos colocarle 30, crearía un conflicto.
En la ensalada de fronteras que nos plantea el universo, las más peligrosas son las ensaladas mentales de los prejuicios, la xenofobia y la intolerancia: aquellas contrarias al humanismo, a la continuidad de la especie y al deseo de vivir en paz.
De acuerdo a las circunstancias actuales en la que vivimos y a los complejos conflictos humanos, el asunto fronterizo se reviste de la flexibilidad de un gajo de guayabo y de la dureza de una lámina de acero, porque sin humanismo y sin firmeza, la ley se vuelve aviesa.
jpm/of-am

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