El gran negocio de tener un partido político

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EL AUTOR es dirigente deportivo. Reside en Nueva York.

Cuando me he dirigido a ustedes en ocasiones anteriores, tratando el tema de la participación de los dominicanos, tanto aquí como allá, en las luchas políticas, siempre lo hice porque entiendo que, si nos quejamos de la calidad de los políticos que nos gobiernan, entonces debemos participar nosotros, para mejorar la oferta a los votantes.

Pero sobre todo, para evitar que esos sinvergüenzas sigan dirigiendo el Estado y tomando las decisiones solo en beneficio propio, y el país que se hunda en su tercermundismo profundo.

El asunto es que este razonamiento -que tiene mucha lógica- nos lleva a otro problema igualmente preocupante y me voy más profundo y preciso. Ahora, ¡todo el mundo quiere ser candidato a x plaza! No importa quién sea, el asunto es candidatearse; y ni pensar si poseemos o carecemos de los conocimientos básicos relacionados con lo que aspiramos.

O si tenemos las credenciales que llenen lo que pretendemos; o, si hemos demostrado alguna capacidad de servicio público y social dentro del marco de la sociedad o demarcación a la que pertenecemos. Ese es el precio que debe pagar el pueblo cuando se dispone a tomar control de su destino político.

La suerte es que los resultados electorales hacen volver a la cordura a la mayoría de esos candidatos improvisados; aunque algunos, emulan -con derecho, hay que admitir- a Abraham Lincoln o a Ignacio Lula Da Silva, que insistieron mas de dos o tres veces, hasta ser elegidos. El caso es que estas candidaturas al vapor, a veces resultan imprudentes, porque dividen el voto popular de los dominicanos y se cuelan algunos de otra comunidad, que consigue ir unificada. O sea, que actúa mas inteligentemente que nos.

Trasladando el escenario a nuestra República Dominicana, la cuestión se presenta con ciertas diferencias. Como allá tenemos mas experiencia en eso de participar en elecciones, muchos de los problemas que tenemos aquí, ya han sido resueltos, o por lo menos se han intentado resolver. Pero al igual que como sucede aquí, la solución de un problema genera otro nuevo problema.

En Santo Domingo, además de miles de candidatos para todos los cargos -especialmente para la presidencia de la República- hay un problema mas importante aún y es la gran cantidad de partidos políticos existentes y los que están en periodo de solicitud.

Pareciera como si poseer un partido político es como instalar una empresa con fines lucrativos, se ha convertido en el negocio a que cada político aspira. El caso más reciente ya lo sabemos que fue el de la señora Minou Tavares Mirabal, que, sin llenar los requisitos exigidos por la JCE, le fue aprobado su partido.

Y ello pudo suceder, simplemente por presiones ejercidas por la bancada de Leonel Fernández, al menos esas fueron las informaciones escapadas. Y yo me pregunto: ¿es realmente un negocio? Tendríamos que observar ¿quién se atreviera a formar y fundar un partido político? de no existir el famoso bono por cantidad de votos obtenido!

Claro que, si está reconocido, eso le da derecho a participar de la piñata electoral y si consigue el 5% de los votos, entonces entra en el club de los exclusivos, los que forman las grandes ligas del reparto del dinero del pueblo. Y todo parece indicar que, ese es el objetivo principal de todo el que quiere hacer carrera política, como líder de una organización, al menos eso es lo que nos han demostrados los partidos ya en juego.

¡Qué lindo suena eh, alzarse con el dinero de nosotros!

De cualquier manera, tenemos que tomar decisiones que al final, nos permitan participar inteligentemente en los procesos electorales de aquí y de allá.

Aquí en Estados Unidos, construyendo una unidad monolítica de todos los dominicanos, para enfrentar con éxito los embates que provoca una nación de múltiple presencia étnica; orientando, cooperando desde todos los ángulos de la comunidad-sociedad y educando a nuestras familias.

Pero también, para poder pactar con esas otras etnias diferentes a la nuestra, a fin de conseguir una parte del poder, lo que nos garantizará a su vez, que el presupuesto llegue a nuestra gente. Tenemos que evitar a todo costo las fragmentaciones de la comunidad, ¡si es que queremos conseguir cuotas significativas dentro de la misma!

Allá, apoyando a los dirigentes emergentes que hacen propuestas de real contenido dominicanista. A los líderes que denuncian y proponen formas de poner fin a la corrupción administrativa y a la delincuencia que nos arropa. A los patriotas que tienen sentimiento nacionalista y proponen retomar control de nuestra frontera.

A los hombres y mujeres que quieren tener acceso a los servicios de salud y educación, porque pagan sus impuestos. A los ciudadanos que demandan bienestar, para criar y educar a sus hijos de manera puramente humana.

Perdonen, en este párrafo final, casi hice un retrato hablado de los inmensos e ilustres intelectuales, Ramfis Domínguez Trujillo y Pelegrín Castillo, esa no era mi intención.

 

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