POR ROBERTO VERAS
La llegada de internet ha revolucionado el mundo de la comunicación, democratizando el acceso a la información y permitiendo que más voces sean escuchadas. Sin embargo, esta apertura también ha traído consigo un fenómeno preocupante: la proliferación de supuestos comunicadores que, sin la formación ética ni académica que exige el periodismo, han tomado el micrófono o el teclado para desinformar, chantajear y extorsionar.
En esta nueva era digital, muchos profesionales y no profesionales de diversas ramas han incursionado en los medios sin comprender los principios básicos del oficio periodístico: la veracidad, la responsabilidad social y el compromiso con la educación ciudadana. Algunos de estos actores han convertido plataformas digitales en espacios de amenazas veladas y ataques personales, dirigidos principalmente contra figuras políticas, en busca de beneficios económicos o favores personales.
Recientemente, la justicia dominicana ha actuado frente a estas prácticas, deteniendo para fines de investigación a ciertos individuos que se hacían llamar comunicadores. Lo más lamentable es ver cómo, al momento de enfrentar las consecuencias de sus actos, muchos de estos “bravucones digitales” se retractan, piden excusas públicas y reconocen que las informaciones que publicaron eran falsas o mal intencionadas. Lo que antes gritaban como «denuncias ciudadanas», terminan confesando que eran simples herramientas de presión.
Este tipo de comportamiento no solo desacredita la profesión periodística, sino que también pone en riesgo una de las conquistas más valiosas de la democracia: la libertad de expresión. Abusar de este derecho fundamental con fines oscuros daña la credibilidad de los medios y mina la confianza del pueblo en la información que circula.
Es necesario alzar la voz frente a este fenómeno. El periodismo no es un arma para destruir reputaciones ni una vía para el enriquecimiento ilícito. El verdadero periodismo es servicio, es compromiso con la verdad, es educación, es formación ciudadana. Quienes se acercan a los medios sin entender esta misión deben ser conscientes de que también están bajo el escrutinio de la sociedad y de la ley.
Que este reciente episodio sirva como lección y advertencia: no todo el que tiene un celular y una cuenta en redes sociales es periodista. La comunicación es una herramienta poderosa que debe usarse con ética, con responsabilidad y, sobre todo, con respeto a la verdad.
of-am


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