El errado reduccionismo de la complejidad judía

Israel es un Estado que
naturalmente se conduce a través de políticas, estas correctas o no, son las
decisiones del gobierno de turno. No todos los israelíes son judíos, ni todos
los israelíes necesariamente concuerdan con las políticas de su gobierno, allí
en Israel hay opinión pública y muy activa por cierto, que a veces respalda y
también le sabe retirar su apoyo a sus gobernantes.

Muchos judíos defienden
la política del Estado de Israel y del gobierno que lo dirige actualmente,
teniendo derecho de hacerlo, otros judíos, no están de acuerdo con la forma de
conducirse de este y otros anteriores gobiernos israelíes, lo expresan de
manera clara y también tienen el derecho de hacerlo.

En el sistema
democrático, criticar las políticas del gobierno que dirige un Estado, es algo
normal, de manera que criticar al gobierno que dirige el Estado de Israel no
tiene por qué ser antisemitismo como tampoco es antisionismo, pues ¿acaso es
«anti-dominicanismo» criticar las políticas de un gobierno surgido
del Partido de la Liberación Dominicana o del Partido Reformista Social
Cristiano o de cualquier otro partido político dominicano?

El antisionismo, dicho
de una manera sencilla, se refiere a estar en contra de la idea o de la esencia
misma del Estado de Israel, niega la legitimidad de la existencia de ese
Estado. Pero el término antisemitismo, acuñado por el alemán Wilhelm Marr,
según la Enciclopedia Británica viene a ser, la «hostilidad o
discriminación a los judíos como grupo religioso o racial».

De acuerdo con mi
amigo, el profesor Mauricio Meschoulam, en una de sus formas, el antisemitismo
se manifiesta cuando se activa identificación entre las políticas del Estado de
Israel con el judaísmo, sea, de quienes viven dentro o fuera del Estado de
Israel, o por igual, al hacer críticas afirmando el carácter judío de los
tomadores de decisiones de ese Estado, de sus ciudadanos, o de quienes viven
fuera de este.

De ahí es que entienden
que la responsabilidad de determinadas decisiones políticas y militares,
pareciera recaer no en los tomadores de decisiones, sino en el origen religioso
o el pasado histórico de dichos tomadores de decisiones, ya no solo se incluye
a dicho gobierno, sino al conjunto de seres humanos que comparten la historia
de ese pueblo y religión, no importa donde vivan ni como piensen.

De manera que la
próxima vez que se refiera al conflicto Árabe-Israelí, dentro del cual está el
conflicto Palestino-Israelí (el cual ya hemos tratado en otras entregas) piense
bien si lo que va a expresar se refiere a los tomadores de decisiones del
Estado de Israel, a todos los israelitas, a todos los judíos, a los judíos
israelitas, a los árabes israelitas, a los cristianos israelitas, a los
musulmanes israelitas o a cualquier otro conglomerado humano de la raza que
fuere, que practique otra creencia o religión siendo ciudadano de Israel. Basta
ya de enfoques reduccionistas, a un asunto que es más complejo y mucho más
amplio.

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