El día del Servidor Público
Cada 25 de enero, la República Dominicana conmemora el Día del Servidor Público. Es una fecha destinada, en principio, a reconocer la vocación y el esfuerzo de miles de hombres y mujeres que trabajan al servicio del Estado.
Pero también es una fecha propicia para reflexionar sobre las realidades que los arropa, mirar más allá de los actos formales y preguntarnos, con honestidad, en qué condiciones se sostiene ese servicio que tanto se reconoce en los discursos y homenajes.
Para la mayoría de los servidores públicos, trabajar para el Estado no es sinónimo de estabilidad ni seguridad laboral. Miles desempeñan funciones permanentes bajo contratos temporales, con renovaciones inciertas y sin garantías claras de continuidad.
Esta situación ha normalizado la incertidumbre como parte del día a día del servidor público, generando ansiedad, desgaste emocional y una sensación constante de vulnerabilidad.
A esta inestabilidad se suma el bajo nivel salarial que predomina en amplios sectores y cargos de la Administración Pública. En muchas instituciones, los ingresos no guardan relación con las responsabilidades asumidas ni con el costo de la vida.
Servidores, con formación técnica y profesional al más alto nivel, enfrentan dificultades para sostener a sus familias, aun cuando cumplen jornadas completas y asumen cargas laborales de mucha responsabilidad.
La falta de oportunidades reales de profesionalización profundiza este panorama. La capacitación es limitada, la experiencia acumulada rara vez se traduce en ascensos o mejoras salariales, y el mérito no siempre encuentra reconocimiento.
Con el tiempo, la vocación se desgasta y el talento se desalienta, afectando tanto al trabajador como a la calidad del servicio que recibe la ciudadanía.
Las condiciones materiales de trabajo tampoco pueden ignorarse. Oficinas inadecuadas, escasez de equipos, sobrecarga de funciones y presión constante forman parte de la rutina de muchos servidores públicos.
Estas condiciones impactan directamente en la salud física y emocional de quienes sostienen el funcionamiento del Estado desde espacios muchas veces invisibles.
Reconocer al servidor público implica algo más que homenajes o mensajes conmemorativos. Implica asumir el compromiso de garantizar estabilidad basada en el mérito acumulado, salarios justos, formación continua y condiciones laborales que respeten la dignidad humana.
Sin servidores públicos protegidos y valorados y profesionalizados, no es posible construir una Administración Pública eficaz y eficiente, ni cercana a la ciudadanía.
Mientras estas realidades no sean atendidas con seriedad, el Día del Servidor Público seguirá siendo una fecha de reconocimiento formal, pero también de contrastes evidentes entre el discurso y la experiencia cotidiana de miles de trabajadores que, pese a la precariedad, continúan sirviendo al país con vocación y responsabilidad.
A cada servidor público que sostiene el Estado desde su entrega y esfuerzo silencioso, vaya nuestro reconocimiento, respeto y admiración, y el deseo genuino de que su vocación sea correspondida con condiciones más justas y humanas. Su trabajo ha de reconocerse, su dignidad importa, y su servicio merece algo más que palabras y medallas.
jpm-am

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